Masiva asistencia de público a Bahía Mar en el ‘Día del espectador’

Largas filas de público evidencian la necesaria reflexión del precio de las entradas

El cine no pasa de moda. La fábrica de sueños no pertenece a otras épocas. La gran pantalla -la sala a oscura, el nacimiento de la magia de la fábrica de sueños- no tiene parangón, por más que ampliemos las dimensiones de nuestras domésticas televisiones planas. La conexión del espectador con el argumento de la película alcanza cotas de imposible comparación.

Hubo una época -no muchos años ha- en el que se vaticinó -desde voces más o menos autorizadas y con criterio de base- una cierta devaluación del cine como espectáculo que a la corta derivaría en la casi desaparición del género. Augurio errado. O errático. Porque la revolución tecnológica no pudo enterrar -ni siquiera soslayar- la fuerza todopoderosa de la verdadera poética de lo fílmico.

El mayor enemigo del cine no es sino su propia industria. Por razones de subrepticios intereses personalizados, por injerencia de ideologías politizadas o por mera necesidad de subvención económica. Lo que, en su revoltijo empresarial, ha derivado en el alto precio de las entradas. Al fin y a la postre: los perjudicados siempre los hacedores -directores, guionistas, actores- y los receptores -el público telespectador-.

Por esta razón a menudo cuaja -para bien- iniciativas como el Día del Espectador. Así ha podido comprobarse durante todo el mes de julio y agosto, por ejemplo, en los cines del Parque Bahía Mar, sito en El Puerto de Santa María. Al margen de la cartelera, que además en este final agosteño contribuye a la causa, se observan largas colas de personas, provenientes desde distintos puntos de la provincia, para acudir masivamente a cada una de las sesiones…

Un signo para la esperanza y el nuevo florecimiento de un respaldo que la propia industria -siempre la industria y las políticas culturales del Gobierno de España- han de reconsiderar. El cine es caro para la parte receptora, para la parte interpretadora, para la parte mantenedora. Las taquillas hablan por sí solas. Quizás porque, como afirmara Susana Fortes, “ningún arte como el cine ha conseguido dar vida a esfuerzos imaginativos”.