El COAC, ese Concurso que nunca contenta a nadie

El formato de 2019 ha despertado las mismas críticas que otros experimentados con anterioridad

Decía mi padre que el Carnaval es eso, un cachondeo muy grande y como tal había que tomárselo todo a broma. Que era absurdo pensar que una fiesta como esta se podía regir por unos cánones tan rigurosos.

Y, ciertamente, pese a esa aureola de fiesta de la guasa y la diversión que siempre lo ha envuelto, lo único cierto es que últimamente anda demasiado enconsertado. Incluso se podría decir que ha perdido parte de esa esencia que siempre la ha caracterizado para convertirse en algo muy legislado y con una cantidad de intereses enfrentados enorme.

Es aquí donde entra en juego eso de que hay que tomárselo todo a guasa. Desde que tengo uso de razón siempre se ha buscado la fórmula más idónea para intentar contentar a todo el mundo a la hora de organizar el Concurso. Después no se contenta a casi nadie.

Lo ocurrido con el formato de este año (36 funciones incluida la Final) no es más que una nueva pica en Flandes. Posiblemente, y sin el posiblemente, muchos de los se lamentaban por tener que cantar a las 3 de la mañana ahora son los que protestan porque son muchas noches de Concurso.

Puestos a buscar culpables hay una cosa que llama poderosamente la atención. Los autores siempre han querido controlar el Carnaval y las decisiones tomadas están condicionadas en gran medida por sus votos en las juntas ejecutivas del COAC.

Sin embargo, luego hay lavada de manos generalizada, se entona en clásico “yo no voté esto” y se busca señalar con el dedo a los responsables de que nos vayamos a pasar más de un mes en el Teatro.

De todas formas, si se hubiese optado por otra solución a buen seguro que las críticas hubiesen sido las mismas porque esto no es más que Carnaval. Quizás lo que nadie se atreva a decir porque no es políticamente correcto es que esto ya se ha ido de las manos en cuanto a número de participantes.

Lo que tiene gracia es que incluso algunos autores planteen que el certamen vuelva a ser organizado por el Ayuntamiento e incluso varios grupos quieran renunciar a ser cabezas de serie porque entienden que no conlleva ningún beneficio. Como diría El Libi “Qué de tonterías para salir en el Carnaval”.

Lo que la experiencia demuestra es que se tome la determinación que se tome el nivel de cabreos va a ser el mismo y que incluso los mismos que critican una cosa al año siguiente arremeten contra lo contrario.

Y es que eso de cambiar de opinión en Carnaval siempre ha estado a la orden del día y que aquí todo el mundo anda a la gresca siempre. ¡Quién no se acuerda de la noche en la que se aplaudió en el Falla una letra a favor de la pena muerte y, posteriormente, otra en contra. Pues eso…