Los gags que hubiesen llevado a Martes y Trece a la cárcel 

Aquellos especiales de Nochevieja hoy no podrían emitirse por televisión 

El debate es profuso. E incluso resbaladizo. Porque la moral tiene ahora demasiados alguaciles. Si ya, con cierta seriedad y rigor, hay que medir escrupulosamente las palabras para no caer en alguna malinterpretación pareja a la querella, nada digamos en el ámbito del humor. Cualquier asociación pro derechos de lo que sea puede denunciar al más inconsciente por una mención tampoco dicha con intenciones abusivas o irrespetuosas.

La libertad de expresión está siendo presa de una tácita ley mordaza o de una censura disfrazada de pulsión proteccionista. Ni tanto ni tan calvo. Pues de lo contrario no se podría ni abrir la boca por temor al garrotazo y tentetieso de una progresía mal entendida. En todo -¡la vida misma!- hay que tener sentido de la medida. O sentido común, aunque a menudo sea el menos común de los sentidos.

Los humoristas han de andarse con pies de plomo. Algunos sí han recibido merecidamente su varapalo social. A nadie escapa, por ejemplo, cuán  desafortunado estuvo Dani Mateo para con su mofa hacia la bandera por antonomasia. Ofendió a millones de personas. Al paso -y en su contra- salió Josema Yuste, ex miembro de Martes y Trece.

Dijo lo siguiente en una entrevista concedida a EsRadio: “El gag de la bandera es una soberana gilipollez. Primero no tiene gracia ni talento y ofende a millones, entre ellos a mí. El humor hay que hacerlo con talento, si lo haces sin talento eres un paria. ¿Qué consigues con eso? ¿Qué consigue ese hombre, ese humorista como… en fin… con eso? Ofender a millones de personas, no tener ninguna gracia y quedar en ridículo”.

Paradójicamente Martes y Trece marcó un antes y un después en los especiales televisivos de Nochevieja con programas de gags que marcaron historia en la memoria colectiva de España. Aunque es cierto que todo ha de situarse en su contexto sociológico y en la mentalidad de su tiempo, bastantes gags de Martes y Trece hubiesen ofendido hoy día -y quizá también en sordina durante la década de los noventa- a millones de ciudadanos.

Subrayemos algunas de las bromas que a buen seguro hubiesen propiciado la cárcel para el afamado dúo. Primero: el gag de ‘Mi marido me pega’. Harto polémico sin duda. El chiste los metería de hoz y coz en los tribunales por mofarse de las víctimas de violencia de género. Merecidamente tendrían que personarse en los juzgados. Ni entonces ni ahora está justificada esta parodia.

En la década de los noventa los chistes de “mariquitas” estaban a la orden del día. Sobre todo en televisión. Arévalo fue uno de sus principales exponentes. Martes y Trece presentó un trabajo más refinado pero igualmente inaceptable según los tiempos que corren. Aquel mítico “Soy maricón  de España” hoy sería denunciado en un santiamén. E igualmente con razón adaptada a la conciencia actual.

Hubo más. El “busco a Jacks” en el que un hombre manoseaba injustificadamente, sin venir a cuento, a una mujer. La olía y hasta la chupada. Las risas enlatadas contribuían a la causa. El gag que ni siquiera por aquella época se libró de la reprimenda fue el centrado en Isabel Pantoja y Encarna Sánchez. Se las mostraba juntas, en una habitación, tomando una copa, viendo la tele…

Creó reticencias entonces no públicas. Molestó a sus protagonistas receptoras. Y se lió, bajo cuerda, una marimorena. Hoy Isabel Pantoja hubiese montado la de Troya. Tampoco estuvo muy acertada aquella recreación de las monjas montadas en bicicletas sin sillín -y que daban placer a las religiosas que las usaban-. Aunque siempre hubo un tiempo para todo, tampoco nunca está de más hacer las comparativas. Para no pecar por exceso ni por defecto.