El centro derecha andaluz, condenado a entenderse

PP, Cs y Vox ni pueden dejar pasar esta oportunidad histórica ni sus votantes se lo perdonarían que lo hiciesen

Lo que siempre sonaba más a utopía que a realidad, se ha cumplido. Por primera vez en la historia de la Autonomía Andaluza, el PSOE, partido hegemónico que ha gobernado la Junta desde hace casi cuatro décadas, ha sido desbancado de su puesto de relevancia y no está en la posición idónea para liderar un Gobierno.

Recordemos: las opciones que se barajaban en los socialistas era o bien reeditar el pacto programático que llevó a cabo en 2015 con Ciudadanos, aquel que por no cumplirse terminó en adelanto electoral, o editar una coalición con la nueva marca de Podemos, Adelante Andalucía, reeditando una suerte de pacto socialcomunista similar al que suscribió Griñán y Diego Valderas en 2015 para impedir gobernar al entonces ganador sin mayoría suficiente, Javier Arenas.

Pues bien, el PSOE no puede llevar a cabo ninguna de estas maniobras a no ser que el PP se lo permitiese, cosa que no va a pasar.

Por tanto, todo pasa por el cambio que los andaluces han votado mayoritariamente en forma de los 59 parlamentarios que los tres partidos del centro derecha han obtenido en conjunto.

Es un momento histórico y el centro derecha andaluz está obligado, condenado a entenderse, si no, sería toda una decepción para sus votantes. Ciudadanos, un partido que se define “de centro, liberal y europeísta”; el PP, del que no hace falta hablar mucho, que lleva desde finales de los años 80 representando al voto conservador en España y que en los últimos años se ha movido cada vez más al centro alcanzando un espectro muy amplio; y Vox, el nuevo actor que irrumpe en el tablero político español, que sin complejos se atribuyen ser “la derecha”.

Todos deben buscar puntos en común y establecer un programa con altura de miras para darle la vuelta a una administración donde los años en manos del PSOE la han salpicado de casos de oscurantismo y corrupción, en la comunidad más poblada de España y con una cantidad de recursos inimaginables para hacerla despegar.

La noche electoral, Juanma Moreno, al que ya todos daban –o dábamos- por amortizado, comunicaba su intención de presentar candidatura a presidir la Junta. Pero sorpresivamente, en Cs Juan Marín hacía lo propio, y el líder nacional de la formación naranja reclamaba liderar ese cambio que se producía con el apoyo de PP y PSOE, “las fuerzas constitucionalistas”. Están clara dos cosas: Moreno está en su derecho de reclamar como segundo partido más votado liderar ese cambio. Y Marín & Rivera tenían todo su derecho a un discurso triunfalista, donde Cs ha sido el único partido que ha ampliado su representación en el Hospital de las Cinco Yagas, sin contar a Vox que del tirón ha metido 12 parlamentarios.

Ya terminaron los focos de la noche electoral y Andalucía sigue tal y como está: liderando el paro en España y demandando de soluciones urgentes. Ahora los partidos llamados a liderar el cambio deben encontrar todos los puntos en común que les unen, que son muchos.

Ciudadanos especialmente debe demostrar la altura de miras que le viene caracterizando. Sorpresivamente su posición como facilitador de gobiernos, bien al PP en Madrid, Murcia o La Rioja; bien al PSOE hace tres años en Andalucía, parece que no le ha pasado la factura que muchos creían, pero ojo, en un contexto donde el PSOE de Susana Díaz ha recibido el castigo a Pedro Sánchez por su permisividad y pactos con fuerzas no constitucionales y separatistas, es muy probable que los electores en este caso no vean con buenos ojos que Ciudadanos no se sumen de una u otra forma al cambio. Y con un adelanto electoral en ciernes a nivel nacional y la proximidad de las Europeas, Autonómicas y Municipales, los naranjas no se podrían permitir un castigo a su línea ascendente. Pero ojo, no a cualquier precio, hay que negociar, y lo que se suele decir: programa, programa y programa.

El centro derecha andaluz, el centro derecha español, debe demostrar que también puede gobernar en lo que hasta hace dos días le era terreno vedado: Andalucía. En 1996 José María Aznar y el renovado PP lograron el Gobierno de España y demostró que una nueva derecha podía regir con solvencia los destinos de una joven democracia española, con sus luces y sus sombras. Hoy en Andalucía el formato es distinto, pero el contexto es idéntico. Son tres partidos los que tienen que ponerse de acuerdo. Todos durante la campaña enarbolaron ese cambio en Andalucía y afirmaron que lo llevarían a cabo aunque fuese por un solo parlamentario. No es uno, son nueve. Por tanto, altura de miras, negociar y programa, que Andalucía y los andaluces lo necesitan.