Democracia bananera

“Tanto derecho tiene en democracia a ser respetado un partido de derechas como de izquierdas, de extrema derecha o de extrema izquierda”

Salvo que me hayan tenido engañado todo este tiempo, la grandeza de la democracia se resume en que todo el mundo, todas las ideas, tienen cabida, más que nos pese. Y a quien esto escribe le pesa mucho que en el arco político se sitúen partidos como Bildu y sus antecedentes o marcas blancas que han amparado asesinatos como los de mi amigo José María Martín Carpena, o formaciones cuya máxima es romper España tales como ERC y algunas cuantas más que no merecen la pena ni nombrarlas. Nos hemos acostumbrado y lo damos por bueno con la nariz tapada y con algún que otro medicamento a mano para contrarrestar las náuseas.

Por eso nos calificamos como un país demócrata puesto que damos cabida a los que hasta ahora han demostrado no serlo. Y nadie se rasga las vestiduras en las redes sociales, ni los presentadores de televisión de la falsa progresía dedican epítetos en sus programas contra esos partidos, porque todos son muy pero  que muy demócratas. Condición que pierden cuando se pone de moda un partido que no es de su agrado porque es, supuestamente, de extrema derecha. Y me refiero a VOX. No recuerdo reacciones de similar virulencia contra formaciones de la extrema izquierda o Podemos, que tanto monta.

Y yo que estaba convencido que la democracia era el lugar donde cabían todos y que los demócratas eran los que toleraban a los que pensaban diferente. Está claro que me han tenido engañado. No sé cómo no me he dado cuenta hasta ahora.

He visto cómo en el Congreso de los Diputados representantes del PSOE y del PP han  enterrado a sus muertos en atentados terroristas de ETA al tiempo que compartían hemiciclo con diputados batasunos en una muestra de grandeza democrática. Grandeza que buena parte de los representantes de la nueva política desconocen porque les puede el odio y la sed de venganza por una guerra civil que es el pasado pero que muchos, demasiados, se empeñan en que sea presente.

Son actitudes que me llevan a pensar que la democracia que disfrutamos o sufrimos – según sea el caso – no es de primera, sino de país bananero. Tanto derecho tiene en democracia a ser respetado un partido de derechas como de izquierdas, de extrema derecha o de extrema izquierda. Después, que los votantes pongan a cada uno en su sitio.