Jerezano desgranó los cómos y los porqués de su carrera taurina

La tercera sesión cerró el ciclo de las III Veladas Taurinas del Hotel Jerez

Ha tenido lugar la tercera y última cita prevista dentro de las III Veladas Taurinas del Hotel Jerez, celebradas en el salón El Estribo. En esta ocasión el título de la sesión era “Luis Parra Jerezano: el cómo y el porqué”. Se contó entre el público con la presencia de toreros como José Luis Galloso o Francisco Ruiz Miguel y de aficionados ilustres como los doctores Guillermo Boto o José Almenara. El papel de entrevistador fue encargado al responsable de la información taurina de los diarios digitales del Grupo Mira Comunicación.

Tras una apertura de presentación a cargo de Jerónimo Roldán, el entrevistador inició con un resumen de la biografía de Luis Parra Jerezano, que nació en Bornos el 12 de febrero de 1940, aunque el Cossío dice el 6 de febrero de 1942. Se trasladó con tres añitos en unión de su familia a Jerez y aquí fue donde debutó con novillos, en 1961, y también tomó la alternativa, en 1964, fecha recordada por un azulejo en la entrada de la Puerta Grande de la plaza. Otro azulejo recuerda en el muro exterior el indulto que Jerezano le consiguió al toro “Regatillo” de Osborne. Un hecho destacado en su palmarés es que fue el primero en cortar dos orejas a un toro de Victorino Martín en Las Ventas. Este torero estuvo más de quince años en el candelero de la Fiesta y cosechó muchas tardes de gloria en España y América, principalmente durante la década de los 60. Hoy disfruta de su afición y ha recibido reconocimientos en diversos lugares, incluido un pasodoble debido a Domingo Díaz con letra de Antonio Puerto, porque es querido por todos los que componen el mundo de los toros.

A continuación, comenzó el relato interrogado que desgranó Luis Parra Jerezano. Su único antecedente taurino fue que el padre ayudó a Curro Chica llevando con burros piedras para construir la plaza de toros de Bornos. El primer novillo lo mató con ocasión de una capea en un pueblo de Cáceres, en la época en que iba como maletilla por las plazas de Extremadura y Salamanca. El primer traje de luces lo vistió con ocasión de ir acompañando a Álvaro Domecq en Palma del Río precisamente el día en que El Cordobés debutaba con caballos; allí pudo hacer un quite en un toro de Benítez y ello le sirvió para salir referido en las crónicas del día siguiente.

Siendo novillero pudo comprarse ya una finquita, si bien necesitó que don Álvaro avalara una letra para pagar, cosa que el ilustre ganadero hizo confiado en las posibilidades de triunfo que veía en Luis. En aquella época a un novillero en cada novillada, tras pagar a la cuadrilla y otros gastos, le quedaba limpio como mínimo el cincuenta por ciento; las cosas eran bastante diferentes a hoy.

En su alternativa fue apadrinado por el Litri, con el mejicano Joselito Huertas de testigo, lidiando ganado de Bohórquez; los tres salieron a hombros por la puerta grande de Jerez, si bien a Luis le costó un puntazo hondo en la zona perineal, recibido de su primer toro. De la tarde de la confirmación de la alternativa recordó la anécdota del brindis; tenía pensado brindarle un toro a Orson Welles pero José María Jardón, uno de los tres empresarios que llevaban entonces Las Ventas, le indicó que se lo brindara a un para él desconocido señor con gafas que estaba en un burladero del callejón diciéndole “Señor Allende, tengo el honor de brindarle la muerte de este toro por Chile”. Nueve años después pudo ver por televisión cómo el presidente chileno era derrocado por Pinochet y entonces comprobó que se trataba del señor que veía en la foto que conservaba en un cajón, foto que recogía el momento del brindis.

Recordó la triunfal tarde del victorino desorejado en Madrid con todo lujo de detalles, que hicieron las delicias del público asistente. No es menor el detalle de que el toro anterior lo mandó a la enfermería y, tras las curas, el doctor García de la Torre le ordenó no moverse, pero él se escapó con los vendajes y salió al ruedo para realizar la gran faena que le permitió franquear la puerta grande de la primera plaza del mundo.

De su etapa mejicana nos relató las peripecias para poder firmar contratos ya que se marchó sin ninguno en la cartera, en una época en que no se podía entrar en Méjico sin contratos. Triunfó en diversas plazas, como Tijuana o Ciudad Juárez, y una tarde quiso el destino que cortara trofeos mientras alternaba con Manolo Martínez, el cual se quedó con dos silencios. Martínez era el número uno y dueño del toreo en Méjico, lo que significó que empezó a hacerle la vida imposible. Aun así, pudo volver otra temporada al país azteca, donde dejó grandes amistades y relaciones.

El momento más intenso llegó cuando nos habló de la relación con sus apoderados. De los diversos que tuvo, recordó especialmente a dos, Paco Ortega y Antonio Ordóñez. Del primero destacó su inteligencia y su entrega al torero que llevara en cada momento, que fueron sucesivamente Jerezano, Paquirri, Ruiz Miguel y Riverita. En Luis tenía una fe enorme y lo trataba como un padre. Antonio Ordóñez, entonces dueño y señor del mundo taurino, decidió apoderar a nuestro protagonista cuando éste aún era novillero y tenía compromiso firmado con Ortega, cuya ruptura costó una indemnización de medio millón de pesetas (cantidad con la que en aquella época se compraban cinco pisos), indemnización que Ordóñez descontó de los ingresos que Luis obtuvo en su última temporada de novillero y en su primera de matador de toros. Esa relación nacida tan irregularmente terminó de forma abrupta cuando el poderdante se casó sin comunicación previa al apoderado. No sólo eso, sino que a partir de ahí fue viendo puertas cerradas por muchos sitios, cerradas por presión de quien era dueño y señor del toreo. Este testimonio lo puede oír personalmente el lector de elMira en audio que se muestra a continuación.

Otro tono tomó la exposición cuando tocó hablar de sus dos hijos toreros, Luis, que tomó la alternativa y desarrolló una carrera no muy larga, e Ignacio, que debutó con caballos y pasó a banderillero. También repasó su experiencia como profesor en la escuela taurina de la Diputación, en la que el director era Rafael Ortega y de la que salieron toreros como Juan José Padilla o Jesulín de Ubrique. Otra experiencia fue la de apoderado, en la que se hizo cargo del almeriense Ruiz Manuel o del novillero Salvador Barberán. Finalmente, fue inquirido por su opinión sobre el momento actual de la Fiesta y manifestó que es bueno, concretando en que la figura del joven Roca Rey está actuando como un soplo de aire fresco.

La organización le entregó una placa-homenaje y un obsequio de productos de la tierra. El diputado provincial Javier Durá tomó la palabra para dar las gracias por la celebración de estas III Veladas Taurinas y deseó que continúen con brillantez. El cierre estuvo a cargo de Benito Carral, presidente de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Escuela de Tauromaquia de Jerez, dando paso a una larga sesión de fotoposado mientras el público brindaba con una copa de jerez.