Siete siglos y medio de fe resumidos en 10 horas

Cádiz acoge un brillante vía-crucis para dar el espaldarazo a la efemérides de la diócesis

Nunca se acostumbra uno a lo extraordinario. Y no tenemos motivos en los últimos años para quejarnos de la aquiescencia de la diócesis. No faltan procesiones magnas ni salidas por aniversarios, pero el vía-crucis de este sábado 7 de julio tenía un carácter muy especial.

Nuestro Padre Jesús en su Prendimiento de Cádiz.
Medinaceli de Algeciras.

En primer lugar la conmemoración que se celebraba, el 750 aniversario del traslado de la diócesis a Cádiz y, en segundo lugar, el hecho de reunir a imágenes de varias localidades de la provincia con todo lo que ello conlleva.

Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna de Cádiz.

Y es que, por encima de los estilos carga tan característicos de cada lugar, el esfuerzo de venir a la capital desde tan lejos es de valorar y más en una jornada en la que el calor apretó, aunque sin rozar los tintes dramáticos de la Magna Mariana del pasado año.

Nuestro Padre Jesús del Amor de Chiclana.
El Cristo de la Cañita de San Roque.

El vía-crucis, amén de evidente carácter religioso, tenía un importante componente turístico. A priori daba la impresión de que se había vendido bien, sin embargo luego en la práctica no resultó tan multitudinario como otras citas precedentes. O más bien que el hecho de que hubiese 16 pasos en la calle provocó la lógica dispersión.

Jesús Nazareno de Medina.
Jesús del Gran Poder de La Línea.

Una cita de estas características encierra muchas lecturas. En primer lugar, la singularidad en la manera de portar los pasos de cada uno de los rincones, a cuyas imágenes acompañaba un importante reguero de personas que aportaba sus dosis de emotividad en determinados momentos.

Nuestro Padre Jesús de los Afligidos de San Fernando.
Humildad y Paciencia de Cádiz.

La majestuosidad de los pasos de San Fernando contrastó con la austeridad del Santo Entierro de Conil. Destacar la enorme muchedumbre que seguía a los misterios del Gran Poder de La Línea o el Amor de Chiclana y la ternura que en muchos presentes provocó el Nazareno de Medina.

Santísimo Cristo del Perdón de Chiclana.

Ternura y perplejidad despertó igualmente entre los cofrades el conocido como Cristo de la Cañita, procedente de la localidad de San Roque. Ese toque de campana que precedió a las levantás dejaba algo absortos a los más pequeños. Algo muy parecido ocurrió con el Medinaceli de Algeciras.

Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y las Aguas de Puerto Real.

Los acompañamientos musicales estuvieron muy a la altura. El do-re sigue marcando el camino. Que se lo pregunten a la hermandad del Prendimiento en la segunda parte de su recorrido. Rosario volvió a sobresalir con Columna en una tarde-noche muy brillante igualmente en ese apartado.

Buena Muerte de Cádiz.

En cuanto a la composición de los misterios, en muchos casos se quiso aportar su pequeño granito de novedad para una ocasión tan magna. Ocurrió con Humildad y Paciencia de Cádiz o con Vera-Cruz de Puerto Real por poner dos ejemplos. Lo de incluir a la Virgen de los Dolores de Servitas en el cortejo quizás causó un poco de asombro en su momento, pero luego en la práctica se terminó confirmando como un gran acierto.

Y, por supuesto, la admiración también ante lo desconocido. Ocurrió con el Cristo del Perdón de la localidad de Chiclana, estandarte y referente de lo que un futuro deberá ser una gran cofradía en una localidad con una Semana Santa al auge. En el extremo opuesto, el Cristo de la Buena Muerte de Cádiz. En este caso, conocido de sobra pero que siempre impresiona en su transitar.

El Santo Entierro de Conil.

Y el brillante colofón para el Resucitado de San Francisco, una bonita imagen que cerraba de manera gozosa un desfile con muchas luces y que permitió disfrutar de ese aroma tan especial a Semana Santa en pleno mes de julio.

En el debe alguna levantá un tanto fuera de tono de alguna cofradía gaditana -daba la impresión de se quería presumir de no se sabe muy bien de qué-, ya que lo único claro es que este desfile no era una competición de estilos de cargas, ni un Mundial de bandas (para eso ya estaba el de Rusia en una noche de prórroga y penaltis).

Dolores de Servitas.

Y al igual que en la lejana nación roja, en la cristiana Cádiz, la cuestión acabó algo tarde. Las primeras imágenes fueron cumpliendo escrupulosamente sus horarios de recogida, sin embargo las que tenían su entrada en el templo ya de madrugada acumularon los lógicos retrasos en este tipo de acontecimientos. Todo queda más que justificado en este resumen en 10 horas de siete siglos y medio de fe.

El Resucitado de San Francisco.