El Papa modifica el Catecismo tras recibir una carta desde Sevilla

Ha aprobado declarar “inadmisible” la pena de muerte

La noticia ha saltado estos días a la palestra de los mejores titulares. No se trata de una serpiente (periodística) de verano. Sino de una realidad con todas las bendiciones de la verdad. Nunca mejor dicho aquello de las bendiciones. El Papa Francisco -tan a pie de calle- ha aprobado modificar el Catecismo católico para declarar “inadmisible” la pena de muerte.

Debemos remontarnos a la exégesis de la noticia. A su directo precedente. Un precedente con nombre propio (en femenino singular). María Asunción Milá (Barcelona, 1919) reside en Sevilla desde los 17 años de edad. Es exvicepresidenta de Amnistía Internacional de España. Ha llevado en ristre un compromiso (también moral): concretamente desde el 2 de marzo de 1974 insiste al Vaticano para que suprimiera del Catecismo “la legitimidad que otorga a este homicidio”.

Tan pronto fue nombrado Papa, el bueno de Francisco ya recibió la primera carta de María Asunción: “Desde Sevilla, y a mis 93 años, llego para suplicarle por los pobres más pobres entre los pobres, por aquellos que en el corredor de la muerte de muchos países esperan a que se les quite lo último que tienen, que es la vida”. Un introito harto revelador. No cabe mejor elección en el sentido mismo de las palabras.

“Rogamos y suplicamos se suprima del Catecismo la legitimidad que otorga a este homicidio, que al ser un acto programado, legalizado y con liturgia propia, carece de las circunstancias por las que pudiera ser considerado un acto de legítima defensa”, continuaba comunicando en su carta.

Conocedora de la dificultad que acarreaba la recepción de dicha misiva por las mismas manos del Papa, María Asunción hizo varias copias de la misma y las fue enviando escalonadamente durante años. En 2015 le entregó un duplicado al director del Instituto de Derecho Penal Europeo e Internacional, Luis Arroyo, quien fue recibido en audiencia por el Papa Francisco.

“Santidad, tenemos un problema: en Sevilla hay una señora con 96 años y 12 hijos que no está dispuesta a abandonar este mundo hasta que el Papa no se entere de lo que le dice en esta carta”, así le entregó Arroyo al Santo Padre la petición de María Asunción . Ocho días más tarde de esta audiencia, concretamente el 27 de mayo de 2015, María Asunción recibió en su casa de la sevillanísima calle Mateos Gago una carta, un documento, escrito y rubricado por el Santo Padre: “Gracias por su carta. Le agradezco el testimonio de su lucha contra la pena de muerte”.

De su puño y letra el Papa ya se comprometió a estudiar su petición. “Tomo en cuenta lo que me dice sobre el Catecismo y pediré que se estudie el cambio. Que Jesús la bendiga y la Virgen Santa la cuide y, por favor, le pido que rece por mí”. Tres años después ha llegado la confirmación.

La Secretaría de Comunicación del Vaticano llamó directamente a María Asunción para comunicarle la noticia. “No quepo en mí de la alegría y satisfacción por la decisión del Papa más humilde que jamás he podido conocer”, argumentada, emocionada, María Asunción en un mes donde el calor que sacudía a la ciudad sevillana contrastaba con el frescor de un júbilo que late en el corazón de esta nonagenaria ahora más risueña que nunca.