¿Merecía Montserrat Caballé tal desangelada despedida?

Muy escasa representación institucional para despedir a la más grande cantante que ha dado España

La diva de la ópera por antonomasia ya ha sido enterrada en el cementerio de Sant Andreu de Barcelona. Precisamente junto a sus padres y tras el funeral que tuvo lugar en el tanatorio de Les Corts de Barcelona. Sin embargo, desde que con anterioridad se abriera la capilla ardiente la natural visita de autoridades brilló por su ausencia. Una circunstancia de veras triste que poco calza con la grandeza artística y humana de la portentosa soprano.

Sí lo hizo, y en primer lugar, el ministro de Cultura y Deporte, José Guirao. Quiso enseguida anunciar que ya se está trabajando para un magno programa de homenaje post mortem. Tanto en Barcelona como en Madrid. La hija de la cantante, Montserrat Martí, ha expresado su predisposición a favor de esta causa.

En Barcelona, no cabe duda que el Gran Teatre del Liceu sería el escenario escogido. En Madrid sí se presenta aún la duda entre el Real, actualmente el teatro de ópera más importante de la capital, o el Teatro de la Zarzuela, donde Caballé actuó más veces, habida cuenta que en su época de máximo esplendor y de mayor apogeo el Real no acogía representaciones.

Con estos homenajes se rendiría el debido tributo a la más grande cantante que ha dado España. Cabe constatar que tanto en el tanatorio como en el propio Liceu se habilitaron libros de condolencias. A sus páginas acudieron un número no masivo de personas. Aunque sí más o menos constante. En goteo de firmas, de rúbricas, de dedicatorias.

Si bien es cierto que al tanatorio acudieron algunas personalidades de la cultura y también de la política, la representación institucional ha de calificarse de fría. De bastante fría. Destacó sobremanera la presencia de la siempre elegante Ainhoa Arteta, quien afirmó que «fue una gran madre, una gran mujer y una gran artista, cualquier cosa que se diga de ella se queda corta, era una auténtica reina de la ópera. Única».

Además del ministro de Cultura, hizo acto de presencia en el tanatorio el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, quien afirmó que «lo fue todo en el mundo de la lírica, derrochaba genialidad y simpatía y siempre dejó a España en el mejor lugar». El ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol acudió con su esposa, Marta Ferrussola: «Caballé dio prestigio y renombre a nuestro país en todas partes». La pregunta es clara y directa: ¿Merecía Monserrat Caballé esta despedida tan descafeinada de respaldo institucional?