Un grupo de caballeros castellanos quedaron acuartelados en el Alcázar

Esta es la historia de una ciudad descontenta con sus gobernantes. Y de un grupo de personas dispuestas a cumplir con su deber hasta las últimas consecuencias. La fecha fue 1264 y el lugar, Jerez de la Frontera.

Por aquel entonces la mayor parte de la población de la ciudad era musulmana. Sin embargo, Jerez pertenecía al reino de Castilla, después de que Alfonso X sofocara la revuelta que se produjo en la villa, tras la muerte de su padre. Tras este hecho la ciudad quedó integrada en la corona castellana, manteniendo su población musulmana, pero perdiendo buena parte de su autonomía. Esta revuelta tuvo una última consecuencia. Alfonso X, ordenó que un grupo de caballeros castellanos quedasen acuartelados en el Alcázar de Jerez. Con el fin de mantener el orden tanto en la ciudad como en la zona de frontera.

Pocos casos hay en la historia de poblaciones que aceptasen de buena gana, el gobierno de un poder exterior. Partiendo de este principio, las medidas tomadas por el rey de Castilla, no sentaron las bases para la paz. La pérdida de autonomía y las noticas de repoblación cristiana en las tierras al norte de Jerez, hicieron crecer el descontento entre los habitantes musulmanes de la villa.

La situación alcanzó su punto crítico en 1264. En esta fecha la población mudéjar de Jerez, se sublevó una vez más contra el dominio castellano. Esto no fue un hecho aislado, otras ciudades del bajo Guadalquivir se unieron a la revuelta. Incluso el por aquel entonces rey de Granada, tomó partido en estos acontecimientos.

Volviendo a Jerez, la población musulmana de la ciudad al completo se unió a la revuelta. Prácticamente todo el municipio quedó bajo su control, con la excepción del alcázar. Allí los caballeros a los que Alfonso X les encomendó la defensa de la ciudad, dirigidos por García Gómez de Carrillo señor de Mazuelo, permanecieron fieles a Castilla. Generándose así una situación, en la que algo menos de cien hombre tuvieron que hacer frente al asedio de toda una ciudad.

Los caballeros castellanos dispusieron su defensar, aprovechando las estructuras fortificadas del alcázar. Pese a que inicialmente pudieron mantener el perímetro, al cabo de unos días los habitantes musulmanes lograron cavar una serie de túneles y acceder a la fortaleza. En el transcurso de este tiempo, otras poblaciones sublevadas mandaron refuerzos a los musulmanes jerezanos. Algunas fuentes incluso afirman que el propio rey de Granada acudió en persona a Jerez, al frente de un contingente. Ambos hechos descompensaron aun más, los números de la revuelta a favor de la población local.

Con las defensas superadas, las escaramuzas fueron diezmando a ambos bandos. Hasta que al final, sólo quedaron seis caballeros castellanos que junto con  García Gómez de Carrillo, decidieron refugiarse en la torre del homenaje del alcázar para tratar de resistir. El tiempo transcurría y aunque lograron aguantar, uno a uno los soldados castellanos fueron cayendo, hasta que sólo quedó García Gómez de Carrillo.

El alcaide del alcázar era un hombre conocido entre la población musulmana de Jerez. Sabiendo que sólo él mantenía la torre, los sublevados trataron de convencerle para que depusiera las armas. Pero se negó y decidió seguir con la defensa hasta las últimas consecuencias.

Ante tal determinación, algunas fuentes sostienen que fue el propio rey de Granada fue el que ordenó a sus hombres fabricar unos garfios de hierro y colocarlos a modo de punta de lanza. Los musulmanes lograron acceder a la torre del homenaje y allí se encontraron con un García Gómez de Carrillo herido, casi incapaz de blandir su arma y decidido a morir cumpliendo su cometido. Sin embargo, los sublevados musulmanes emplearon los garfios para desarmar al alcaide del alcázar y lograr reducirlo sin llegar a acabar con su vida. De esta forma, la ciudad pasó de nuevo a estar bajo el control mudéjar.

Lo curioso de estos hechos, es que la historia no terminó ahí para García Gómez de Carrillo. Como reconocimiento a su determinación, el rey de Granada decidió perdonarle la vida y curarle de sus heridas. Y una vez repuesto, le permitió regresar junto con Alfonso X para que le comunicase lo que había sucedido en Jerez.

Bibliografía:

Abellán Pérez, Juan; “El Libro del Alcázar, De la Toma de Jerez a la conquista de Gibraltar. Siglos XIII-XV”; EH Editores. Jerez, Cádiz, 2012.
Caro Cancela, Digo (Coor.); “Historia de Jerez de la Frontera, Tomo I, De los orígenes a la época medieval”;  Diputación de Cádiz, Servicio de Publicaciones. Cádiz, 1999.