Víctor Janeiro, profeta en su tierra

Crónica de la Corrida de la Piel 2018 de Ubrique, con salida a hombros de Víctor Janeiro y Julio Benítez

Plaza de Ubrique (Cádiz), sábado, 9 de junio de 2018. Corrida de la Piel 2018, organizada por la empresa Viento Bravo. Cielo soleado con nubes y sin viento. Público con algo más de media entrada. Ameniza la Banda Municipal de Música de Ubrique “Maestro Juan Chacón”, dirigida por Juan Pedro Ordóñez. Preside José Manuel Fernández, concejal de Cultura.

Se lidiaron toros de la ganadería de Virgen María (de origen Jandilla, que pasta en Constantina), justos de presentación, sin fuerzas y con juego desigual. En el arrastre, el cuarto y el quinto fueron aplaudidos; el primero, pitado.

Javier Conde, honda costalera, honda trasera y dos golpes de descabello; silencio. Aviso, cinco pinchazos y dos golpes de descabello; vuelta al ruedo.

Víctor Janeiro, entera algo tendida; una oreja. Pinchazo y gran estocada; dos orejas.

Julio Benítez: aviso, cuatro pinchazos y tres golpes de descabello; silencio. Entera algo trasera; dos orejas.

Incidencias: en todos los toros, dada su flojedad, se pusieron sólo dos pares de banderillas. Javier Conde abandonó, con su cuadrilla, el ruedo al término del cuarto toro por tener que viajar a Francia para actuación al día siguiente. Víctor Janeiro y Julio Benítez salieron a hombros

Era llegada la fecha en que se podía, por fin, celebrar la corrida que honra al gremio de la piel, tan determinante en la economía de la localidad serrana. Dos veces se tuvo que aplazar por culpa de las lluvias que este invierno prolongado nos han acompañado. Al final nos encontramos con dos sustituciones imprevistas; una era la de Manuel Díaz El Cordobés, auténtico atractivo del cartel, que dejó su puesto a Conde, con compromiso firmado en Francia para el día siguiente (bien cerquita estaba Octavio Chacón, que puede tener, a día de hoy, igual o más tirón que el malagueño pero…). La otra sustitución fue la del hierro; Núñez de Tarifa dejó el sitio a la ganadería Virgen María, de propietario francés, al que aconsejamos que ejercite un poco más a sus toros. La pregunta es si estos cambios, o especialmente el primero, restaron algo de público a la asistencia.

Javier Conde

Javier Conde, de verde y azabache, a su primero, sin cuajo, tanto que levantó algunas protestas, le hizo un recibo de circunstancias donde sólo apreciamos una media pinturera; cayó antes de ir al caballo y encima le tapan la salida; el primer par de banderillas quedó en el morrillo, para sorpresa de algunos cuando ahí deberían quedar todas. La faena, brindada al público, se basó en la mano derecha dejando la muleta a media altura y ayudando con zapatillazos y voces; por la izquierda hubo sólo unos ayudados con poco asiento del torero; el animal perdía las manos y hacía algún que otro parón; la preparación para la muerte fue con ayudados por alto.

En su segundo, lavadito de cara, los lances de recibo se iniciaron en tablas y no llegaron a rematar; la puya, aunque larga, estuvo bien puesta y hubo segundo toque en el caballo de puerta; los dos pares de rehiletes estuvieron bien. Al iniciar la faena el toro pegó una vuelta de campana, tras lo que se lo llevó a los medios, donde se desarrolló toda la labor, primero a media altura y luego bajando poco a poco la mano, por ambos pitones, eso sí, en el más puro estilo personal, o sea, con mucha comunicación con el público, pasos de ballet, series muy cortas, molinetes citando de lejos, palillo cogido por el cáncamo, desplantes de espalda, sonrisas de concurso y aplauso fácil; la preparación para la muerte fue otra vez por ayudados. Tras la vuelta al ruedo, se dirigió desde el tercio al público para decir a gritos que se iba y se fue atravesando el ruedo; creemos que eso sobraba, pues a quien tiene que pedir permiso y justificarlo es al presidente a través del delegado gubernativo, contando con el consentimiento de los compañeros y retirándose por el callejón para no demorar la salida del siguiente toro.

Víctor Janeiro, de grana y oro, a su primero, enmorrillado, lo saludó con larga cambiada de rodillas y lo lanceó en tablas pero, por su codicia, lo sacó a los medios para media y, ¡oh!, cae; de las dos puyas, en la primera peleó bien y derribó, siendo aplaudido el picador; los dos pares se pusieron bien. Brindó a su mujer e inició por doblones que mandaron al toro al suelo; en el tercio vuelve a caer y siguió luego la labor a media altura, con alguna colada; por la izquierda no iba y lo mejor fue la última tanda, después de las cercanías y los desplantes. En la vuelta con la oreja se dedicó a devolver zapatillas, ¡horror!

Víctor Janeiro

En su segundo, mejor presentado que los otros si es posible hablar así, vuelve a saludar con larga cambiada de rodillas pero siguen lances sin control; la puya fue movida y protestada, seguida de un quite de dos medias donde dobla el animal; los rehiletes fueron de nuevo bien puestos. La faena, siendo el segundo toro, se la brindó al público, que antes era el respetable; se inició de rodillas y continuó en los medios con dos tandas en redondo citando de lejos; hay otra buena por la izquierda y otra por la derecha; al pasar de nuevo a la izquierda empieza el calamocheo y por la diestra vemos otro toreo en redondo, antes de las cercanías, el litrazo y los desplantes de rodillas; unas manoletinas, limpias, cerraron faena. En la vuelta con trofeos, y con su hijo de la mano, se pone a firmar autógrafos en un gesto impropio de un ruedo.

Julio Benítez, que vestía también de grana y oro, a su primero, algo brocho, lo recibió con larga cambiada de rodillas y lo lanceó a lo largo del ruedo con impronta cordobesista, o sea, bajando las manos en el último momento; hubo puya bien puesta pero larga y en el caballo de puerta, segundo puyazo; el par de pares estuvo bien. La muleta también principió con tanda de rodillas y una vez en los medios hizo al animal doblar las manos a cada lance; las tandas a media altura dan paso a una, breve, de mano baja y ahí el toro empieza a quedarse, antes de pasar a la izquierda, por donde no colabora; volviendo a diestras acorta los terrenos pero surgen algunas dudas y lo solventa con desplante sin muleta y luego con el salto de la rana, entre el regocijo popular.

Julio Benítez

En su segundo, algo montado y corretón, lancea avanzando pero sin rematar; el puyazo es largo y protestado y se complementa, otra vez, con una propina en el caballo de puerta; bien los pares, con lo que concluimos que fue una tarde de buenos banderilleros. Con brindis a su compañero Janeiro, empieza con doblones y el toro, otro más, cae, para luego en los medios andar remiso ante los cites, con un par de tandas entonadas; por la izquierda lo intenta pero no hay contenido y vuelto a la derecha vemos tandas aplaudidas, más por el interés que pone el torero, que incluye una pasaje de rodillas ante de la tanda final por molinetes, los cuales nos vuelven a recordar a su padre.

Era hora de luces encendidas cuando acabó el festejo. La puerta grande se abrió para los dos triunfadores, pero lo destacable era que Víctor, hermano de Jesulín, cuya escultura da la permanente bienvenida a la plaza, también es profeta en su tierra.