Un Pendón más solo que la una

Por primera vez su traslado del Cabildo a San Dionisio presenta un panorama del todo desangelado

Ni un alma. Con una presencia absolutamente desangelada. Así quedó el célebre Pendón de la ciudad en la jornada del patrón de la ciudad. Una conmemoración de Jerez, de San Dionisio, venida a menos. Nadie en la Plaza de la Asunción. Y con una despoblada bancada del interior de la iglesia de San Dionisio. No podríamos calificar el ambiente ni de calma chicha sino de enteramente desértico. Ni siquiera un grupo de cuatro curiosos que, de mera casualidad, pasaran por el lugar.

La celebración de San Dionisio ha dejado de considerarse festiva. Todo tiene su consecuencia negativa en el inmediato cambio de costumbre. No cabe duda que habrá que aplicar mecanismos correctores para potenciar la asistencia a un acto tan tradicional y señero para los ciudadanos y para la significación histórica de esta localidad de Jerez de la Frontera. Si habláramos de poco público… Pero ni siquiera eso.

Hablamos, sin duda, de una fiesta patronal. De un día señalado. De un referente en el calendario anual de los jerezanos. 9 de octubre para significar de nuevo las olas del mar, los castillos y los leones. La reconquista de Alfonso X el Sabio. La Historia no merece la desangelada panorámica de este pasado martes. Más frío no cupo en el calor social que precisa esta convocatoria. Las siete de la tarde era la hora señalada para el comienzo. El concejal más joven, Jaime Espinar, acompañaba el Pendón en su traslado del Cabildo hasta el templo de San Dionisio…

¡Bien por la Banda Municipal de Música: que cumplió con profesionalidad su cometido! Quiso el obispo incidir en la libertad, en el concepto de libertad, que rodea al Pendón. “Siempre se debe humanizar el Pendón al margen de nuestra creencia. Lo importante es que todos tengamos claro que debemos estar juntos en los pilares de la igualdad y de la libertad”.

José Mazuelos fue explícito al afirmar que “imponer el laicismo es imponer una fe. Los que no creen piensan que cuando se mueren se pudren, eso es cuestión de fe. Y quieren una sociedad fuera Dios, donde se controla la historia. Y la historia no se puede controlar”.

Las crónicas de la jornada de este traslado del Pendón forzosamente quedan marcadas por su falta total de concurrencia. Ignoramos si por tratarse de un día laborable en un horario de difícil asistencia, las siete de la tarde, o por un cierto decaimiento mediático del acto en cuestión. Parece que la primera hipótesis adquiere más fuerza. Con todo y con eso, la festividad sin fiesta requiere de una cierta revisión. Ni los más viejos del lugar recordaban unas estampas tan tristes de soledad. De tremenda soledad.