Las vergüenzas del pabellón José María Ruiz-Mateos

Los exteriores del recinto deportivo presentan un absoluto estado de abandono y suciedad

Paralelamente al desarrollo de la I Gala del Deporte, donde tanto la alcaldesa de Jerez, Mamen Sánchez, como la teniente de alcaldesa de Empleo, Recursos y Deporte, Laura Álvarez, sacaron pecho de los grandes logros de los deportistas de la ciudad, numerosos niños y mayores se ejercitaban en las “más de 100 instalaciones deportivas” con las que hoy en día cuentan los jerezanos.

Bastaría con darse una vuelta por cualquiera de ellas para comprobar el absoluto estado de abandono y dejadez que de ellas hacen las autoridades locales. Y es que, si la mente no me falla, no existe hoy en día una instalación deportiva cuyo estado de conservación consiga rascar un simple aprobado. Vallas rotas, porterías sin redes, basura, cristales rotos, gradas sin asientos… Podríamos seguir enumerando faltas sin que el papel se agotase.

Sin embargo, en esta ocasión, vamos a centrar esta crítica en uno de los pabellones emblemas de nuestra ciudad. Los apasionados al fútbol sala recordarán como hace no mucho tiempo el equipo de la ciudad campaba por los campos de la Primera División Nacional. El Pabellón José María Ruiz-Mateos era la envidia de la provincia y hasta él acudían centenares de aficionados para disfrutar de la magia y el espectáculo que siempre ha desprendido su pista.

Aunque no es el único deporte que allí se práctica, bien es cierto que el auge del Xerez Toyota Nimauto y el buen hacer de Juan Carlos Gálvez y sus hombres han vuelto a poner en el mapa deportivo nacional al fútbol sala en la ciudad. El conjunto jerezano milita en Segunda División B y actualmente se encuentra situado en segunda posición, a un punto del líder.

Este buen trabajo, sustentado por el infatigable Fernando Guerrero, ha provocado que hasta el coliseo jerezano acudan, como mínimo, 300 personas cada dos fines de semana a presenciar los encuentros. El pasado domingo, en el partido que enfrentaba al cuadro xerecista con El Ejido, el club decidió cambiar su horario habitual de la tarde del sábado a la matinal del domingo.

Para todos aquellos que son fieles a su cita, no es de extrañar ver el absoluto estado de suciedad que rodea a la instalación y que con los primeros rayos de sol salieron aún más a la luz. Sin embargo, todos los equipos que llegan a Jerez deben afrontar el mal trago de atravesar los escasos 10 metros que separan la escalera de entrada hasta el aparcamiento del autobús a través de un auténtico campo de desechos.

A todo ello, hay que sumarle los incalculables desperfectos que del pabellón se desprenden y que tras las últimas lluvias se han acrecentado: ventanas rotas, muros desquebrajados, focos sin luz o techos encharcados por la humedad.

Es de recibo que el Ayuntamiento se dedique a premiar a los deportistas más destacados del último año, pero no deberían olvidar que para que todos ellos lleguen algún día a alcanzar las cotas más altas tendrían, como mínimo, que disfrutar de unas instalaciones en unas condiciones óptimas, que no pongan en riesgo la integridad de las personas y que no causen malas impresiones a los ciudadanos y a los visitantes que cada fin de semana acuden hasta nuestra ciudad a hacer deporte.