Con la cara lavada y recién ‘peiná’…

Cirugía estética como espectáculo televisivo o el caso de Carmen Borrego

La televisión como espectáculo ya comercializa incluso con la intimidad de una intervención quirúrgica. Nos echamos las manos a la cabeza cuando el dolor ajeno es pasto de índice de audiencias. Hasta que la costumbre normalizó el contrasentido. Los problemas ajenos crean morbo y tranquilizan situaciones propias. Por agravio o desagravio comparativo. Así respira buena parte de la mentalidad hispana. Y así lo demuestra el barómetro diario de los índices de seguimiento de según qué cadenas de televisión.

Este miércoles 12 Telecinco -que en su programación a menudo ofrece una de cal y otra de arena- dio un paso más en el morbo tentador. ¿En el morbo por la cara? Sí, por la de Carmen Borrego, la hija menos guapa de María Teresa Campos, quien se prestó al antes, durante y después de una intervención quirúrgica consistente en el cambio radical de la boca -¡afuera todos los dientes de siempre y adentro una dentadura nueva!- y la desaparición de una papada que la traía a mal parir desde tiempos inmemoriales.

En un programa conducido por Carlota Corredera, que tampoco esconde -o no puede esconder- sus de nuevo kilos ganados a ojos vista- y con algún que otro problema técnico en el programa cenital de la emisión-, este explícito homenaje a las Campos mantuvo durante horas a la audiencia atenta a la espera del resultado final: la cara nueva de Carmen Borrego a tan sólo doce días de la intervención a la que fue sometida.

También se anunció a bombo y platillo otra metamorfosis: en este caso de Terelu: pero su retoque fue menor y casi imperceptible (amén el voluntario y favorecedor pelo corto). Tras innumerables y cansinos anuncios de inmediato descubrimiento del nuevo rostro de Carmen Borrego, el instante ansiado no terminaba de llegar -en una clara estrategia de la dirección por mantener la incógnita y el enganche del público hasta la verdadera hora prevista-… Al fin y a la postre el show se las prometía muy felices.

María Teresa Campos estuvo indómita de iniciativas y punto menos que torpe de movimientos durante el programa, al que asistió presencialmente. En ocasiones olvidaba que la conductora era Carlota. Carmen Borrego se puso en manos de Javier de Benito, eminencia en el mundo de la cirugía. El doctor también ocupó silla en el plató para explicar al dedillo las características del proceso que había derivado en el look inédito de Borrego.

Sí, cambio de look, además de lifting cervical, nueva dentadura y un arreglo en las cejas. La protagonista no se había visto el rostro después de la operación. Ningún día y en ningún momento desde entonces. Para ello estuvo casi secuestrada en una casa de Terelu Campos con los espejos absolutamente tapados. El ansia y la ansiedad que esta situación había provocado en la privilegiada paciente fue patente.

La primera impresión de Carmen Borrego al verse en el espejo fue altamente positiva. Se vio “espectacular” y de gran parecido con su hija. Entre los colaboradores del programa algunos evidenciaron una irreprimible emoción, como el caso de Belén Esteban, Mila o el propio Mario Vaquerizo.

María Teresa Campos agradeció al programa la intervención de su hija, y la dedicatoria del programa, pero quiso puntualizar que no respondía a una cuestión de necesidad económica porque “esto podría haberlo hecho hace años con su mamá, sin necesidad del programa”. En cualquier caso, Borrego se mostró a España como rezaba la letrilla de la conocida canción de Manolo Escobar. “Con la cara lavada y recién peiná…”.