¿Por qué existe la tradición de vestir de negro a las Dolorosas en noviembre?

Apuntes sobre una tradición no improvisada en la mayoría de las Hermandades

Las Vírgenes -las Dolorosas, las Sagradas Titulares- de las Hermandades coinciden estos días en los templos vestidas por entero de negro. De riguroso luto. ¿Qué entendemos por luto? Llanamente la expresión medianamente formalizada de responder a la muerte, esto es: la muestra externa de los sentimientos de pena y duelo ante el fallecimiento de un ser querido.

Algunos datos de contexto histórico y geográfico a este respecto. En los países occidentales, esto incluye los entierros, las esquelas y ropa de luto, entre otros. En Europa continental la costumbre de llevar ropa negra sin adornos en señal de luto se remonta al menos al Imperio Romano, cuando la toga pulla hecha de lana de color oscuro se vestía durante los periodos de luto.

Cabe subrayer que dos costumbres destacan en la vida cofrade durante el mes de noviembre: una, un tanto más antigua, como es la celebración de misas en sufragio de los hermanos difuntos, y otra más reciente: el vestir de negro a sus Imágenes Dolorosas…

Vestir de luto a las Vírgenes es una costumbre que en los últimos años ha tomado gran protagonismo llegando incluso a las hermandades de gloria que también intentan, en algunas y no en todas, presentar a su Imagen Titular de forma más sobria y con colores más oscuros con el fin de hacer presente a sus fieles difuntos.

Hay que tener presente que las dolorosas suelen adaptar a sus atuendos los colores de la liturgia. Antes del concilio Vaticano II se podían usar más colores, cosa que los vestidores siguen aprovechando en nuestros días. En la actualidad desde el concilio Vaticano II se usa el morado como color litúrgico, aunque el uso de ornamentos negros no se ha prohibido y sigue siendo opcional.

En las cofradías, como señala el cofrade Eduardo Velo, «nada es improvisado, siguen un canon simbólico heredado del arte barroco, no es sólo gusto de vestidores y camareras, que se limitan a reflejar su impronta, sino que todo tiene un porqué, un porqué que forma parte de ese rico patrimonio inmaterial del que es depositario nuestras corporaciones penitenciales».

Cada noviembre, nos señala Eduardo, «en ese negro de los terciopelos o damascos que cubren estos días a nuestras dolorosas, están más presente que nunca esos hermanos que ya se fueron y son parte importante de la grandeza de nuestra Semana Santa. Una llamada para orar por ellos y de que su recuerdo siga presente entre nosotros».