Renegando del origen

Dicen nativos de otros lugares, a extramuros andaluces, que en la tierra de la hospitalidad, la luz, la grandeza y el olé no se ha salido de una fiesta, de una parranda, cuando ya se están preparando media docena más. No es que agrade a muchos semejante referencia, es que a todas luces se nota el tufillo del desdén utilizado, como si por estas tierras, cuna de Trajano, Adriano y, a su misma altura, Camarón de la Isla, no se hiciese otra cosa que darle a la jarana, al fino y a la manzanilla, (la que entra suave como la seda y sale como como uña de gato) y que trabaje Rita la Cantaora.

Un italiano de la Toscana montañesa diría sobre tal observación de retama y mala baba: bugia sporca”, algo así como: “mentira cochina,” y lo diría con una razón tan aplastante como la declaración de Hacienda, que está ahí mismo. Pues como el italiano, igual piensa un servidor de ustedes, que si ser de nacido en tan magna tierra me ofende la sibilina insinuación de parranderos y poco consistencia laboral, porque además de haber adoptado sentimentalmente a tierras jerezanas como segunda patria chica, a lo largo de los años he ido comprobando que en esta tierra, como en aquella otra de más allá, hay mucha madera noble, como también hay madera espuria que solo sirve para alimento de hoguera, sin brasa alguna.

Como si catalanes, vascos u otros aborígenes nacionales fuesen capaces de hacerle asco a una fiesta, a una ronda de fino, o a una buena noche de bulerías y fandango. De lo que se deduce, que al final, ese retintín despectivo de algunos personajillos de poca monta, como diría la gran escritora murciana, Ana María Tomás, es simple y llanamente un poquito de envidia infantil. Y si sociológicamente algún antropólogo quisiera experimentar con las reacciones humanas y su comportamiento grupal, influenciado por el ambiente que le rodea, no le haría falta irse muy lejos para realizar el experimento, sólo que observe. Que observe por ejemplo a un ciudadano catalán, a un vasco o a cualquier otro nativo de este ancho mundo cuando pisa terrenos andaluces.

Baste darle un poco de carrete, gracejo y marcha, de forma anónima o a cara vista, y verás cómo le transmuta el ánimo pidiéndole guerra… Pero guerra flamenca. De seguro que de inmediato se planteará, el sujeto en cuestión, o la sujeta, (para que no se me quejen las feministas) una visita a un tablao flamenco, aunque estemos en tiempo de Cuaresma, para colocarse entre pecho y espalda media docena de finos, amontillados o manzanilla, y aunque sea con palmas a destiempo y olés desentonados como gallo en la ópera, meterse en la harina flamenca. Pero claro, hay algún que otro sujeto que nada más pasar el Puerto de Despeñaperros se transforma en negativo y comienza con otra cantinela bien distinta.

La cantinela de los “rebotaos”; la cantinela de los oportunistas que por un puñado de lentejas, como Caín, sueltan el golpe de quijada o la bilis que llevan dentro para manifestar de qué color tienen las tripas. Podríamos enumerar más de cien personajillos de origen andaluz, murciano o extremeño, de ésta o aquella guisa, que dicen o dijeron lindezas de sus propios ancestros; lindezas a simple vista inconcebibles, impensables en gente con escrúpulos y familia, pero eso sí, los muy “jodíos” aunque renieguen de su árbol genealógico al completo, se guardarán de poner a la vista el trasfondo de sus ínsulas reivindicativas… que no es otra que al tocar pelo de poder, trincar lo que puedan.

Y a ellos nos vamos a referir. Aunque mi asesor espiritual, siempre atento, me aconseja que no aburra al lector con la amplia relación que saldría, vamos a intentarlo aunque sólo sea para recordar traiciones de memoria de algún  honorable independentista catalán; como por ejemplo, la del padre del moderno independentismo catalán, el muy honorable señor Tres por Ciento, (referenciado por el señor Maragall en sede parlamentaria) al recordar malévolamente al espíritu andaluz que tanto bien hizo por levantar a su querida Cataluña. Afirmaba el señor Puyol sandeces de hiel xenófoba en un texto publicado en 1958 de manera clandestina, y reeditado en 1976 por la Editorial Nova Terra. Barcelona. Págs. 65-67 y 68; titulado: “La Inmigración, Problema y Esperanza de Cataluña.” He aquí algunas de las perlas que recogen sus reflexiones: «El andaluz no es coherente, es anárquico. Es un hombre destruido…»  «…Si por la fuerza del número llegasen los andaluces a dominar Cataluña, sin haber superado su propia perplejidad, la destruirían. Introducirían en ella su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir, su falta de mentalidad…»

Supongo que como muestra ha quedado clara la masa gris que ocupa la mente del acuñador oficial de la frase: “España nos roba.” Muy astuto él. Te lo digo antes de que me lo digas. Sin embargo hay que reconocerle al señor Puyol su visión de futuro sobre la destrucción de Cataluña, ya que precisamente en estos últimos tiempos algunos modernos catalanes de origen andaluz, pero que renunciaron a ello miserablemente por mor y patria del independentismo de pandereta, son los más empeñados en destruir el futuro de esa gran tierra, como es Cataluña, y de paso, sí pudieran, al conjunto del Estado Español.

Visto desde esta óptica, a ver si vamos a tener que proponer al señor Puyol para ser galardonado como el Rappel del año, porque lo ha clavado, sus predicciones se están cumpliendo al pie de la letra. Se me desliza entre las teclas del ordenador el nombre de algún que otro charnego destructor, como ínclito jienense Rufian, Oriol Junquera, de bisabuelo extremeño; Raúl Romeva, madrileño; Marta Rovira, de abuelo maño; Puigdemont, con genes almerienses y jienenses; Ada Colau, la del Almirante Cervera, (licenciada en historia burra) su abuelo materno de Almazán, Soria. En fin, para hacer cortita la lista de…digamos, personajes de mente distinta, también sacaremos a relucir el pensamiento del moderado Durán y Lleida, ya que en unos momentos, digamos también, poco lucidos.

El personaje, sin votos actualmente, en Marzo del 2010 habló de la ignominia que sufrían los agricultores catalanes con respecto a los agricultores de otras partes del Estado, ya que pese a su esfuerzo diario, el bajo precio de sus frutas y el alto precio de la mano de obra los estaba hundiendo, mientras que en otros lugares del Sur de España, con la colaboración catalana, otros agricultores percibían el PER como ayuda para pasar el día en el bar del pueblo.

A mi modo de ver, o mejor, de entender el temilla, creo que al señor Durán y Lleida, además de pasarse un pelín se le olvidó mencionar que Cataluña ya recibió su gran PER durante el franquismo, ya que, si a datos se refería, Cataluña llegó a multiplicar su PIB y su empleo en los años del desarrollismo franquista más que ninguna otra región de España, aumentando su peso sobre la economía nacional del 17,7% al 19,1%. Pero es que desde que arrancó el periodo constitucional, es decir, desde el año 1978, cada vez que la UCD, el PSOE o el PP necesitaron los votos catalanes para cualquier acción de Estado, siempre fue, y siempre será, a base de “pelas.” Ya lo dice el refrán “Cataluña és bona si la bossa sona”.

Ni mucho menos es deseable, pero a lo mejor, o a lo peor, si algún día se convocara un referéndum a nivel nacional sobre el tema catalán, cabría la posibilidad de que hubiese sorpresa. Pero hasta entonces, en tanto rebrota el tema vasco, valenciano, gallego, mallorquín, etc., etc., ¡marchando una de empacho catalán!