¿Reflotará Francisco su carrera artística tras el paso por ‘Supervivientes’?

Telecinco emite una gala de balance protagonizada por todos los concursantes de esta exitosa edición

El pasado lunes 18 Telecinco emitía una especie de gala de balance de la última edición del este año exitoso programa ‘Supervivientes’. Estaban presentes todos los concursantes: ya ninguno descalzo ni despeinado ni un tanto desorientado. Se trataba de una gala de análisis que profundizaría sobre todo en las relaciones personales de unos para con otros.

Parecían, en apariencia, otras personas: encopetados y maquillados en alabanza a la guapura (en este caso a nadie traicionarían esos ocho kilos de más que siempre acarrea salir en la pequeña pantalla de televisión).

Como cabía esperar -y hete ahí la clave (el objetivo) de esta emisión-, saltaron algunas chispas. Pero ya los desencuentros pasaron por el tamiz de la relajación que suscita saberse en casa, con un buen puñado de miles de euros en el bolsillo y con el hambre como pasto de olvido. Los enfrentamientos acaecidos en la isla, ahora ya eran menos intensos, porque la falta de alimentación y el roce diario provocan el malhumor y la exigencia ajena. Normal en personas corrientes y molientes. La supervivencia también precisa de un manejo del control mental.

La ganadora -siempre altanera- Sofía de nuevo arremetería contra Hugo. Parece obsesionada con su ex pareja. Alejandro Albalá, mientras tanto, ejerció de Geyperman inamovible. Más callado que en misa. Aunque con el gesto contrariado al percatarse de determinados tocamientos -semanas atrás y allá sobre las arenas de Honduras- entre su ¿enamorada? Sofía y el referido Hugo. Siempre presuntamente. Sofía no cesa de pretender humillar a quien la dejó compuesta y sin novio (pongamos que hablamos de Hugo). A la chica le quedó la espina clavada hasta el fondo más impenetrable de su manifiesta soberbia.

Sin embargo Hugo, que es joven de hoy día, y quien presumió de una nueva chica de treinta años “y no de una niñata como Sofía”, se comportó como un caballero un tanto más maduro que la ganadora -histriónica- de este concurso nada salvaje que presenta -entre risas y carcajadas (¡y bien que hace!)- Jorge Javier Vázquez. El resto de concursantes se mantuvo in albis. Como calentando adrede un sitial a costa de la suma de minutos. Un tanto más envalentonada Raquel Mosquera. Quizá porque ya no se juega nada sobre el tablero de las adhesiones o aversiones del gran público.

La gran estrella de la noche fue Francisco. Un cantante de cuerpo entero que no duda en cantar en directo, improvisando a capela cualquier petición. Para demostrar que su torrente de voz sigue intacto. Y que canta como los ángeles. Habiendo educado y profesionalizado su afinación aún más si cabe con el paso de los años. Francisco posee una de las mejores voces de España y no debería sufrir  dificultades económicas ni mucho menos la carencia de contratos que aparentemente sostiene por defecto.

¿Reflotará su carrera a partir de esta participación en ‘Supervivientes’? Una participación que en cuyo desarrollo ha demostrado manejar más paciencia que el santo Job. Especialmente frente a determinados chuleos infantiles provenientes de actitudes inmaduras e impropias de quienes, tan sólo por saberse centro de millones de miradas de telespectadores, tendrían que cuidar las formas, los respetos y el civismo.

Francisco no únicamente no ha hecho oídos sordos a los insultos sino que, sin entrar al saco de la provocación y “por saberme el mayor de todos”, ha actuado con cautela y moderación, mas jamás con mojigatería ni endeblez. Repartiendo mandobles en forma de consejo pero también de autoridad verbal. Ha sabido coger el toro por los cuernos pese a cierto contubernio sin ton ni son cebado contra él. Contra quien, por razones de edad, domina una mayor perspectiva de lo esencial frente a lo accidental.

El concurso ha descubierto la mejor cara de Francisco. Un perfil incluso renovado interiormente, como con honestidad ha confesado el propio cantante. Es cierto que las tendencias musicales actuales no calzan con el estilo clásico de la voz única de Francisco. Pero este artista, tan camaleónico, podrá reinventarse para sorprender a propios y extraños. Tan dilatada carrera -ganada y mantenida por méritos propios- así lo merece.