Hasta el moño

Escuchaba la otra noche un debate político en una cadena de televisión nacional, tal que así, o sea, en una de esas cadenas de televisión cuyos moderadores-periodistas-partidistas, cuando pillan a un “invitado” o tertuliano por banda que no son de su cuerda ideológica, como el que tal no hace, con sonrisa en diente como las hienas, les sacuden más que a una estera.

La mesa del debate de marras, ya metidos en ambiente electoralista con vistas al 28 de abril, estaba compuesta por una conocida moderadora, incisiva como una espina entre la uña del dedo gordo, y un representante de cada fuerza política con representación actual en el Parlamento Español.

Todos los aspirantes, en línea con sus intereses electoralista, explicaban más o menos, más bien menos que más, las líneas de sus programas electorales con vistas a las próximas elecciones, hasta que le llegó el turno al representante de Esquerra Republicana, su señoría, don Gabriel Rufián. Un tío pachorro e insultón, negador de sus orígenes andaluces, lenguaraz y con las caras como pantallas de cine, en su versión cinemascope. O sea, de talla ancha. Y no lo digo físicamente, que él, como nos pasa a tantos otros, puede ser una víctima más del buen comer y mejor beber, lo digo acordándome del modelo jeta al cuadrado que ha venido demostrado desde que su abultadas posaderas tomaron asiento de un escaño en el que no cree, pero como la recompensa económica es de talla XXL, ahí aguanta el tío descalificando hasta a su sombra.

En el fragor del debate de marras, negaba el tal Rufián que se estuviese llevando a cabo un adoctrinamiento en muchas aulas de los colegios catalanes, donde pasándose por el arco de la entrepierna las resoluciones del Tribunal Constitucional o el Real Decreto 2092/1978, sobre la inmersión lingüística,  con la benevolencia y posición de hinojos del Estado Español, niegan todo lo que huela a España.

Recordemos que el real decreto mencionado obliga a los colegios públicos y subvencionados a dar a sus alumnos de primaria y secundaria dos horas semanales de castellano, (que tampoco es tanto) teniendo el castellano el mismo rango académico que cualquier otra materia impartida. En esa misma mesa de debate, acusaba Lorena Roldán, representante política de Ciudadanos, que desde hace muchos años en los colegios catalanes se inyecta a los niños una sublime aversión hacia todo lo que huela a España, y como es lógico, entre ese paulatino adoctrinamiento, arrinconando al idioma castellano a niveles de desprecio.

Tanto el señor Rufián como la señora Ciuro, del PdeCAT, negaban el hecho, poniendo a nivel de calumnia tales afirmaciones. Pero hete ahí que pocas horas después de haberse celebrado el debate referido, aparece en un medio de información nacional un nuevo escándalo de los miles y miles que actualmente hay sobre el tema catalán. Un escándalo, que sino con la regularidad con que el actual gobierno catalán actúa en la interpretación de la Inmersión lingüística, sí en la originalidad de un hecho que roza lo caricaturesco.

Resulta que el talibanismo cultural impartido en muchos lugares del antiguo Condado Catalán, como una gran mancha de aceite parece haberse extendido hasta los confines del Gobierno Balear, donde su Conseller de Cultura, no es que haga la vista gorda ante una irregularidad administrativa semejante, como es arrinconar al castellano en el desván de lo inútil en algunos colegios públicos de la Comunidad Balear, es que se suma al cachondeo. Colegios públicos pagados con los impuestos de todos los españoles que apenas se habla el español mientras el conceller de cultura aplaude la anomalía hasta con las orejas. Vean si no.

«Godofredo es un maestro de Ibiza que se disfraza de ‘payaso’ para dar castellano. En realidad el tal Godofredo se llama Pepe, y es docente de primaria del colegio Can Raspalls de Ibiza, pero el individuo cambia su identidad cuando tiene que dar clases de lengua castellana, entonces se pone unas enormes gafas sin cristales, una camisa de colorines, corbata a juego y se hace llamar Godofredo.

Cuando las clases son de otra materia el sujeto se vuelve a llamar Pepe y se viste de normal. Perdón, de normal no, porque hay quien duda que lo sea. Esta insinuación última es de cosecha propia. Las reiteradas quejas de algunos padres de alumnos, por esta ridiculización del español, han llegado multitud de veces a la dirección del colegio y a la Consellería por permitir dicha práctica los últimos tres años. Los familiares de algunos niños lamentan que sus hijos crean que hablar castellano es una payasada, además de percibir el bilingüismo como algo raro.» (El Mundo 18/02/019)

Lo curioso del caso es que el proyecto lingüístico del colegio público Can Raspalls de Ibiza está publicado en la página web del centro. O sea, al alcance de cualquier funcionario de Ministerio de Cultura Español que no quiera mirar para otro lado, ya que el proyecto lingüístico deja a las claras que el catalán será la lengua vehicular y que no se dará castellano en toda la etapa de infantil, de los 3 a los 6 años. Precisamente en la edad crítica de los niños y donde su capacidad esponja para absorber todo lo que sucede a su alrededor es más acusada. En cambio, el colegio que niega el castellano, en esta misma franja de edad, de 3 a 6 años, sí da cabida al inglés.

No sé si ahora con lo del Brexit y la salida del Reino Unido (o desunido) de la Unión Europea, donde el mercado y las “pelas” estarán más controladas, los separatistas catalanes y vascos seguirán en sus trece de abandonar el barco sin llevarse su buen botín, porque eso de irse sin “pelas”, al estar acostumbrados a ellas… No sé, no sé.  Lo que sí sé es que algunos ciudadanos de confusas entendederas en estos temas, en cuyo grupo bien podría estar incluido un servidor de ustedes, comienzan a preguntarse lo siguiente. Primero: esta situación tan enquistada y que tiene a muchos ciudadanos vascos, catalanes, murcianos, andaluces u otros lugares de España de los nervios, ¿va a durar mucho tiempo más?, es por aumentar mi dosis de Orfidal, Valium y Tranxilium antes de que me estalle la mala leche en las venas. Y segundo. Si hace tres años que el tal Godofredo está cachondeándose del idioma castellano y el colegio permitiéndolo, ¿por qué las nóminas de final de mes de este sujeto y resto de compañeros que lo permiten, Consellería Balear incluida, no se les pasa a los “guiris”, que en Ibiza hay muchos, para que sea Theresa Mary la que les paguen? O en su defecto, ¿por qué no se les apunta a todos ellos a las listas del Inem?, ya que por méritos propios merecen hacer cola en las listas del paro.

Y otra cosa, enhorabuena a los funcionarios del Ministerio de Cultura Español, con sus sucesivos ministros al frente, (el de Rajoy incluido) por su ineficacia inspectora, ya que si el tal payaso Godofredo, como otros tantos y tantos Godofredos, lleva años cachondeando de los españoles y del idioma de Cervantes, y nadie les ha dicho ni pum, para mí, ya que estamos en terreno de la pedagogía, los responsables del Ministerio, cuanto menos merecen una buena coz pedagógica en las posaderas.