Mamen Sánchez sigue sin dar explicaciones tras engordar su currículum

¿No nos podía costar nuestro puesto de trabajo a cualquier ciudadano de a pie una falsedad como la protagonizada por la alcaldesa?

 Editorial 

En el ensayo ‘La sangre de la rosa’,  de subtítulo ‘El poder y la época (1982-1996)’, el periodista Carlos Luis Álvarez ‘Cándido’ aseguraba en su página 160 que “Felipe (González) se dio cuenta que el PSOE vivía una doble vida”. Doble vida de cara a la galería, al público, a sus votantes, a sus adversarios, a la oficialidad. Doble vida.

Muchos años más tarde este mismo escritor de periódicos publicó otro ensayo absolutamente recomendable titulado ‘Qué es la dignidad’. Y aunque  su contenido se alzaba mayormente hacia parámetros sociológicos y filosóficos, las conclusiones aterrizaban sobre a dignidad ética del noble desempeño de la política. Como servicio a la ciudadanía, como servicio a la verdad y como servicio a la transparencia.

Falsear un currículum vitae es faltar a la dignidad política para mostrar una doble vida (académica en este caso). Por tanto abordamos un grado de falsedad. Un atentado contra la información veraz y, lo que es peor aún, un claro menosprecio o minusvaloración sobre la identidad del yo. Una disconformidad con la preparación académica personal. O, en última instancia, un reconocimiento del escaso nivel de la misma en función del cargo representativo que se ostenta.

Un apaño siempre. Un amaño. En este sentido, y sacado a flote el engorde del currículo de la alcaldesa de Jerez, Mamen Sánchez, el desaguisado del falseamiento de los méritos académicos de nuevo copa la actualidad. La torpeza quizá ha radicado en que dicho falseamiento no se ha mantenido en todas las exposiciones públicas del currículo de la edil jerezana. Que ya es torpedear. Bastaba con el contraste de unas páginas oficiales con otras, entre unas legislaturas y otras, para comprobar cómo unos currículos no coincidían con otros. Servidumbres de los cargos públicos que no mantienen una misma versión de sí mismos.

El trabajo de investigación de este periódico, de este medio de comunicación, ha demostrado (siempre aportando el contraste de las fuentes documentales) la hinchazón de la formación académica de Mamen Sánchez. Procurando simular su inexistente carrera de Gestión y Administración Pública. Ha sido la propia Mamen Sánchez la que, horas después de la publicación, ha confirmado el engaño con el envío de una nota de prensa en la que se informa de su “verdadero” currículum. Era justo y necesario. Pero quizá también hubiese sido ético, y dignamente solvente, una mínima explicación del porqué del mantenimiento oficial, hasta entonces, del dato de la carrera universitaria inexistente. ¿No creen ustedes? Un poco de humildad o de honestidad para admitir el error. Por denominarlo así en el mejor de los casos.

Con todo y con eso, y para no situarnos a nivel de la física recreativa, sorprende cómo ni ha dado explicaciones ni ha escenificado ninguna disculpa ni asume ninguna responsabilidad. La decencia política debería ir acompañada de la ética, pero no es así. Al máximo mandatario de una ciudad, una comunidad autónoma o un país, se les exige al menos un mínimo de honestidad. ¿No ha dado la cara Mamen Sánchez a sabiendas que mantiene asegurado el silencio de determinados poderes fácticos (pero no libres) tras el último reparto de campañas publicitarias por valor de 230 mil euros en tan solo 14 días? Una decisión por la que incluso podría verse envuelta en un caso de presunta prevaricación, similar al caso de Pedro Pacheco por fraccionamiento de contratos, y que de hecho ya está en manos de la Justicia (con mayúsculas).

Hagan una composición de lugar. No me cabe ninguna duda. ¿Cómo hubiera saltado la propia alcaldesa si la mentira del mérito curricular hubiese partido de María José García-Pelayo, Antonio Saldaña, o alguno de los concejales de Ciudadanos, Carlos Pérez o Mario Rosado? ¿O cómo hubiesen actuado algunos medios de comunicación social? ¿Habrían ocupado todas las portadas locales o abierto todos los informativos? A veces el silencio cómplice, la negación de lo evidente y enterrar la verdad también atenta contra los códigos de la deontología periodística. Sirva esto para quienes se autoerigen en pontificadores de la moral del periodismo en libertad.

De otra parte resulta muy llamativo cómo no se ha pedido la dimisión y la exposición de responsabilidades por parte del resto de partidos políticos, al menos por ahora (ojalá llegue pronto), a pesar de haber confirmado que había engordado su currículum. Pero ‘Jerez is different’, y no sé si indolente. Una alcaldesa se puede permitir el lujo de mentir a los ciudadanos y ya no solo que se tolere sino que hasta se le aplauda. ¿Con qué entereza se la podrá creer en adelante cuando realice alguna promesa?

La generalización conlleva injusticia. Y no podemos fustigar el ejercicio de la política por la negligencia constante de una alcaldesa que, a nivel nacional, sólo es noticia por su cúmulo de despropósitos. Jerez no debe ser conformista en este sentido. ¿No nos podía costar nuestro puesto de trabajo a cualquier ciudadano de a pie una falsedad como la protagonizada por la alcaldesa? ¿Cómo es posible que sin embargo la señora Sánchez continúe como si nada? Protegida o blindada además por muchos a quienes les pagamos sus buenos salarios con nuestros impuestos. ¿De locos?