Jerezano, “Gaditano del Año”

El Ateneo de Cádiz distingue al torero Luis Parra Jerezano con la distinción “Gaditano del Año”

El Ateneo Literario, Artístico y Científico de Cádiz ha concedido los Premios Gaditanos del Año en esta edición de 2018, tras una reunión del jurado presidido por José Almenara, presidente del Ateneo y formado por seis personalidades relevantes. Hay diez distinciones en diferentes campos o áreas. En el Área Taurina el elegido ha sido el torero Luis Parra Jerezano. La entrega de los reconocimientos tendrá lugar el 23 de noviembre en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de la ciudad trimilenaria. Nos reunimos con el maestro para hablar sobre esta noticia y recoger sus impresiones.

Luis Parra Jerezano

Maestro Jerezano, ¿cómo se enteró del nombramiento?

Me llamó hace unos veinticinco días el presidente del Ateneo, José Almenara, y me dijo que querían hacerlo público después de que se celebraran otros actos en el ayuntamiento. Yo sólo se lo he comunicado a algunos amigos.

¿Por qué cree que le han dado este premio?

Me habrán dado este premio por el hecho de que soy uno de los toreros más veteranos de la provincia de Cádiz, junto con Emilio Oliva. Emilio me lleva dos años; yo nací el 12 de febrero de 1940, la misma fecha en que nació Rafael de Paula. También habrá sido por mi trayectoria, imagino.

¿Cómo ha recibido la noticia de esta distinción?

Ya me han hecho reconocimientos en diversos sitios. En Bornos me pusieron un azulejo en la casa en que nací. En Jerez tengo otro azulejo en la entrada principal de la plaza de toros por mi alternativa, aparte del gran homenaje que me hicieron en González Byass. He tenido actos, en Conil, en El Puerto, en Madrid… En septiembre, tras un reconocimiento en el Hotel Jerez, dije que no quería más homenajes. Sin embargo, esto, para mí, me ha hecho mucha ilusión; para cualquier profesional es un regalo. Estoy orgulloso y mi familia, más que yo. Para mi familia ha sido una alegría muy grande. Es un premio de bastante importancia; todos los años lo hacen en un acto solemne, en el salón principal de la Diputación o del Ayuntamiento.

¿Qué parte de su trayectoria ha sido una entrega a Cádiz?

La verdad he toreado muchos festivales benéficos en Cádiz capital. El primero, de novillero, fue a beneficio de los enfermos psiquiátricos y montaron una placita en el patio de la residencia. Lo organizó la Diputación; los internos salían a torear y yo me ponía al alimón con ellos. Luego toreé unos cuatro o cinco más. El último festival benéfico dado en Cádiz lo toreé yo.

Luis Parra Jerezano durante un Festival en Cádiz

¿Cuáles fueron sus actuaciones de novillero en Cádiz?

Aparte de los festivales, como novillero toreé mucho en la plaza ya desaparecida, que fue una pena que la derribaran porque era muy bonita y estaba bien hecha, con hormigón y unas vigas que aquello no se caía ni con una bomba. No recuerdo cuántas novilladas serían en Cádiz, pero pueden ser doce o catorce, en tres años; siempre con el papel acabado. En la mayoría se cortaban orejas. Como anécdota, recuerdo que, el último año de novillero, en una corté cuatro orejas y un rabo; toreé también el domingo posterior, pero con resultado flojo. Era la época de los sobres y, aquella primera tarde de las dos, mi apoderado, Antonio Ordóñez, había dicho que no se pagaran sobres; un periodista afamado comentaba, por la noche en la radio, que, a pesar de las cuatro orejas y un rabo, no le había gustado Jerezano. Al domingo siguiente sí hubo sobres y el periodista ahora comentaba que Jerezano, a pesar de no haber cortado trofeos, le había gustado mucho más que el domingo anterior.

De su etapa de matador, ¿cuál es su mejor recuerdo en Cádiz capital?

La corrida en Cádiz de la que guardo mejor recuerdo fue aquella en que compartí cartel con Curro Romero y Rafael de Paula, con ganado de Osborne, que no salió muy allá. Yo toreé el día anterior en Vitoria y al día siguiente toreaba en San Sebastián, por lo que pedí permiso al presidente para torear el quinto toro en lugar del sexto y abandonar la plaza a tiempo de coger el tren. En mi primer toro no hice nada porque no sirvió, pero en el segundo corté las dos orejas. Había muchos seguidores de Paula llegados de Jerez y uno, que estaba sentado en el tendido junto a mi hermano y tenía gafas de cristales gruesos, se pasó la faena gritando enardecido y diciéndole “así se torea, no como tu hermano; viva Paula” mientras se rompía la camisa. Cuando, en la vuelta con las orejas en las manos, llegué a su altura se le cambió la cara y empezó a echar pestes de su confusión y a despotricar de mi hermano, que no le había dicho quién estaba toreando. Otro día, en una corrida de Palha corté tres orejas, pero era un día de viento; alternaba con Paco Herrera, de Cádiz, y con Fermín Bohórquez. De matador toreé cuatro o cinco corridas en Cádiz, incluyendo una del Conde de la Corte.

Luis Parra Jerezano, a punto del paseillo en una corrida en Cádiz

En el ámbito de la provincia gaditana, ¿cómo fue su etapa novilleril?

En la provincia toreé por muchos pueblos; fueron unas catorce novilladas sin caballo. De novillero con caballos tuve a lo largo de la provincia mucha suerte. En los comienzos hubo dos grandes tardes seguidas, una en El Puerto y otra en La Línea; en la primera me entretuve en cortar cuatro orejas y un rabo y en la segunda volví a cortar cuatro orejas y un rabo, con reses de Bohórquez, teniendo algunas de las cuales cinco años (porque entonces el guarismo no existía). Otra novillada en La Línea fue de Barroso, con animales gordos y con pitones, que uno me cogió por la barriga y me mandó a la enfermería. Tenía más aficionados en La Línea que en Jerez; la afición de La Línea estaba partida, una mitad con Corbacho y la otra mitad con Jerezano. En total, el primer año de novillero toreé dieciocho o veinte novilladas, todas de Sevilla para abajo; no se daba una novillada en Cádiz donde yo no estuviera puesto. El segundo toreé unas treinta y tantas novilladas, incluyendo la presentación en Madrid. El tercero, unas cincuenta, antes de que me pegaran dos cornadas; es cierto que ya me llevaba Antonio Ordóñez y él seleccionaba muchos los sitios a donde íbamos. El año de la alternativa, que fue en la feria de Jerez, no toreé ninguna novillada, salvo tres festivales benéficos, en Málaga, en Cantillana y en un pueblo de Huelva. En Sanlúcar toreé mucho, incluido el ganado de Victorino Martín y el de Saltillo; era lo que ponía Fatigón.

¿Qué toros recuerda de los que ha lidiado?

En 1964 toreé en La Línea un toro de Juan Pedro, que fue uno de los mejores de mi carrera. Toreé con Oliva, Paula y Camino; eran ocho toros. Tuve la suerte de cuajar el toro aunque no lo maté; fíjate, le pegué diez pinchazos y aun así me dieron el Trofeo Joselito y Manolete como triunfador de la feria. Los otros toros de mi vida fueron el novillo de mi despedida de novillero en Madrid, el toro de Bilbao y el de Vitoria; con el vitorino en Madrid la gente se pasó un minuto o dos pidiendo el rabo, pero es al toro de Bilbao, del Marqués, al que toreé muy lento, aunque no lo maté bien.

Jerezano con miembros del Ateneo

Después de la retirada ¿qué ha seguido aportando a la vida de la provincia?

Después de la retirada, he sido un hombre muy inquieto, me han gustado los negocios. He tenido negocios de maquinaria, una empresa de desmonte de tierra, he tenido granjas, una sala de fiestas con capeas, que es una modalidad que ahora se da mucho en los cortijos, pues ya lo hacía yo hace tiempo; como empresario taurino no he probado porque eso lo respetaba mucho. Luego Rafael Ortega me llamó para poner en marcha la Escuela Taurina de la Diputación, donde estuve tres años. De ella salieron Jesulín de Ubrique, Juan José Padilla, Cristo González, Domingo Valderrama, Chamaqui, Víctor Coronado, Bernard Marsella, francés que también tomó la alternativa; también salieron munchos banderilleros. Fue una escuela pionera y después salieron las demás. Manolo Vázquez vino a enterarse del funcionamiento y de los estatutos, para echar a andar otra igual en Sevilla. Después de salirme de la escuela, duró sólo medio año más.

¿Probó la experiencia de apoderado?

Mi experiencia de apoderado no fue muy larga. Apoderé a un novillero de Algeciras y llegué a llevarlo a Méjico, le preparé aquí quince novilladas y le apalabré la alternativa en Méjico, pero no había de su parte mucha intención y se despistaba con otras cosas. Lo dejé y no quise seguir en las labores de apoderamiento, aunque por un breve tiempo acompañé a Ruiz Manuel.

Marciano Breña, durante la entrevista a Luis Parra Jerezano

Para acabar, ¿cómo ve la actualidad taurina de la provincia?

Sigo muy de cerca la vida taurina de Cádiz. Quisiera ser optimista, pero harían falta dos o tres como Roca Rey y que uno fuera de Cádiz. En cuanto a los toreros que puedan estar en situación de emergentes les recomendaría que no caigan en manos de las grandes casas, sino que busquen apoderados individuales que se entreguen totalmente cada uno a su torero. Es todo lo que puedo decir.

Agradecemos las palabras del maestro y le felicitamos por la distinción de “Gaditano del Año”.