“¿Pero Mariano, qué has hecho?”

Pascual Fernández: “El colmo del colmo, dijo Mariano que se iba de la política y que ponía a currar en Santa Pola”

Como es bien temprano pienso que lo que estoy leyendo es fruto de mi estrecha relación con Morfeo, o que las legañas me impiden ver más allá de los párpados. Vamos, para entendernos, que todavía estoy dormido, pero no, no; leo, releo y sigo leyendo y la noticia sigue ahí sin moverse. Vuelvo a releer y lo del Mariano sigue ahí perenne en los titulares de prensa.

Presentación candidatos PP Cádiz | Noelia Herrera, de Jonocla Fotografía para elMIRA.es

¡Vamos… vamos! ¿Será posible lo que ha hecho Mariano?, me digo a mí mismo, que es la mejor manera de que nadie me contradiga, o a este tío todavía le duran los efectos de las ocho horas de bar y barra del día de la Moción de Censura o está zombi perdido, y ahora, con su última actitud, lo que quiere es morir matando. Porque, —otra vez me pregunto a mí mismo— ¿Qué va a pasar ahora con el precedente que ha sembrado el ya ex entre los suyos? ¿Y entre los otros?

¡Osús María! O sea que, cuando todo el mundo se aferra a la bicoca del poder, al chollo de la pasta gansa y a los privilegios politiqueros pata negra, el impertérrito, el que nadie sabía si subía o bajaba… el de la sonrisa clónica y ojos extraviados, el que hacía deporte con los brazos hacia delante como Robo Cop, resulta que estaba de todos sus colegas parlamentarios y no parlamentario hasta eso que se fríe y se hace tortilla, y después de que día de autos, o sea, el de la moción de censura y la ocho horas de barra, ya digo, todo el mundo se preguntase dónde estaba Mariano, o si alguien había visto a Mariano, él, o sea, Mariano, mientras en el parlamento lo ponían como hoja de perejil, con aquello de: ¡Quítate tú, que me pongo yo! Pues ése mismo, don Mariano, no le salió de “ahí” dimitir cuando incluso los suyos, temiéndose lo peor y los huérfanos de poder que podrían quedarse, con insinuaciones maléficas le pulían la cara para que dimitiera, más que por sus pecados, por los pecados de otros, que son muchos y variados.

Pues no señor, él, don Mariano, dimitió de presi del Partido Popular cuando le vino en gana, y todavía estaba fresca la tinta de su dimisión cuando fue el tío y también dimitió del acta de diputado y de todas sus funciones. Y el colmo del colmo, dijo Mariano que se iba de la política y que ponía a currar en Santa Pola. Obviamente, en el andamio de la obra, no, porque no es albañil, lo hace en su anterior puesto de Registrador de Fincas. Que para eso es titulado.

Es una obviedad que con este gesto también estaba dando un aviso a navegantes, pasados, presentes y futuros, ya que las puertas giratorias que tanto tiempo otros habían, o siguen engrasando, él dijo que se las metiesen por donde les cupiese. Ah, y a sus fieles compañeros de partido, los de las puñaladas traperas a su espalda, que se las apañen y se renueven ellos solitos sin padrino por medio, porque él hace mutis por el foro… y a partir de ahora, es que ni así. Que no se moja.

Pero no conforme Mariano con ir a su bola en decisiones y plazos, con la voz silenciosa de los gestos, también dijo que se metiesen por donde quisieran los privilegios que a tantos españoles revientan, y que dicho sea de paso, contradicen al artículo 14 de la Constitución Española. Ese burlado artículo, principalmente por sus señorías, que nos recuerda que todos los españoles somos iguales ante la ley y… ¡vamos!, que tenemos los mismos derechos ante la ley, ante la sociedad y ante todo los blablablás del mundo. Pues don Mariano, con ese gesto, el de ponerse a trabajar en su anterior puesto de Registrador de la Vivienda, de momento ha renunciado a los 80.000 euros al año que por ley, (la ley de la chupeta parlamentaria, ya que de eso no dice nada el artículo 14 de la Constitución) tienen derecho todos los ex presidentes de gobierno, además de que ese sueldazo no les impiden compatibilizarlo con otros ingresos y rendimientos que obtengan como consejeros o asesores de empresas privadas u otros derechos de contenido patrimonial.

Un artículo que para vergüenza de propios y extraños, el 14 de febrero del 2012, mediante propuesta parlamentaria en la Cámara de los Diputados del Parlamento Español, el hoy casi extinguido partido UPyD, quizá por vergüenza propia o porque tenían más que ganar que perder, quiso introducir limitaciones en las pensiones de los ex presidentes y otras prebendas de signo parecido. El resultado fue que tanto el PP como el PSOE, y en aquellos momentos CIU, se encargaron de rechazarla por mayoría absoluta.

Mariano Rajoy, en un momento de la fiesta del Liceo Casino de Pontevedra | JUN’18 Pontevedra Viva

No es que el señor Rajoy haya hecho una cosa de otro mundo, de otra galaxia, a entender de muchos es lo que deberían de hacer todos los políticos que han terminado su cometido como servidores de pueblo, renunciar a sus prebendas e irse a currar a su antiguo puesto de trabajo. Pero claro, como van a ir a trabajar a su anterior profesión los 45 diputados nacionales que no han cobrado una nómina en su vida, o sea, que no han estado en un “tajo laboral” ni diez minutos; o los 97 diputados nacionales que cuentan con una experiencia laboral de menos de dos años y en distintas empresas.

Y qué decir de sus señorías en los diecisiete parlamentos españoles, que en la misma proporción que el parlamento nacional, no han dado un palo al agua en su vida. De ahí que algunos ni echándoles agua caliente quieran soltar el escaño. Por esas circunstancias y la elegancia de su salida de la política, al señor Rajoy se le podrá censurar mil y una cuestión de su larga trayectoria política, pero al rey lo que es del rey y al Cesar lo que es del Cesar.

Y Don Mariano Rajoy Brey ha dado una lección de elegancia y dignidad, tanto en su salida de la política como en su actitud personal posterior. Un saber estar poco común entre la tropa de generales que hoy nos manejan, tanto que hasta uno de sus detractores políticos más adverso, como el señor Pablo Iglesias, ha reconocido la salida caballeresca y elegante de don Mariano. Mira que si fuesen humanos.

Pascual Fernández Espín, escritor murciano nacido en Bullas en 1948, es autor de “Bulerías tal como lo escuché”, “Salto lucero”, “El pastel ajeno”, “Con el Otoño a cuestas” y de “Testimonio de una tragedia”