¿Eres cibercondríaco?

Cómo puede afectar a la salud mental este trastorno obsesivo

Se trata de una obsesión, sin duda alguna. Basta con tener un dolor de cabeza y acudir a internet para indagar los síntomas. Enseguida, en menos que canta un gallo, se entresaca la conclusión, a modo de rápido autodignóstico, de que se tiene punto menos que un tumor cerebral. De este modo actúa un cibercondríaco. Existen muchas -muchísimas- personas que sufren esta fijación… ¿Este trastorno?

Sí, en efecto se trata de un trastorno. Aunque aún no aparezca en los manuales de psiquiatría. Con todo y con eso, el término -la terminología- es oficial. Así es. Lo recogen los diccionarios y ya ocupa un lugar destacado en la habitualidad del habla común. No cabe la menor duda: hace referencia a la hipocondría en la era digital. El colmo de los males para los hipocondriacos más impenitentes.

Los hipocondriacos han encontrado en internet un mal aliado, un amigo infiel, una voz torturadora. Casi una relación tóxica. Los datos señalan que, a la hora de buscar diagnóstico a las dolencias que se padecen, Google es la segunda fuente de referencia por detrás de los médicos (en un 43%, según datos de toda Europa arrojados por Ipsos) y la mitad de los españoles (49%) reconoce haber acudido al buscador para informarse sobre salud, aseguraba en 2017 Eurostat.

Los datos hablan por sí mismos. ¿Cuándo se convierte esta conducta en un problema de verdad, en un problema considerado serio, y qué riesgos conlleva practicarla? “El chequeo en internet es una de las soluciones propias de esta época que buscan las personas hipocondríacas”, cuenta a S Moda Francesca Román, directora de Centrum Psicólogos.

“Antes de contar con esta herramienta, usaban otras vías para hacer estas consultas, como revistas de salud, enciclopedias o, los que superaban el miedo a acudir al médico por si este confirmaba su supuesta enfermedad, recorrían la distancia que hiciera falta para ir a las consultar en busca de una reafirmación”.

Es el pez que se muerde la cola. Porque este temor y la creencia de que la vida está en peligro -siempre al filo de lo peor- ante cualquier síntoma físico se multiplican por culpa de internet. “Ante tal cantidad de entradas y datos dispares que se alcanzan inmediatamente, la persona que padece hipocondría sesga la información y presta especial atención a la información que parece confirmar lo que le interesa. El cuadro de ansiedad anticipatoria bajo la idea de ‘Dios mío, me muero’, llega mucho antes con internet, por lo que se genera más miedo y más ansiedad que aumentan en un periodo muy corto de tiempo”, explica Román, que reconoce recibir muchas consultas sobre esta patología en las que los propios pacientes excusan que no deberían haber buscado en la red.

En determinados -bastantes- casos hay que poner pies en pared. Y tratar el asunto. Sobre todo cuando si, a mitad de la jornada laboral, se interrumpe el trabajo para consultar páginas médicas, si no es posible conciliar el sueño por los pensamientos obsesivos o si el desarrollo de otras actividades diarias se vieran de un modo u otro alteradas por dicha preocupación.

¿Qué recomiendan los expertos en este sentido? Pues que siempre se tenga presente que la salud es más compleja de cuanto aparece en la mayoría de las páginas de internet. Por tanto el mejor consejo es que siempre se consulte a un profesional. Los profesionales han de escuchar, saben hacerlo, y además también son los que saben con conocimiento de causa. Un profesional sí generará en el paciente la confianza suficiente y necesaria.

En este sentido debe subrayarse que internet no es peligroso en sí. No lo es siempre y cuando se sigan las indicaciones de un profesional sanitario. Porque el profesional sanitario siempre manejará la información completa. Ahora bien, resultará peligrosísimo si se utiliza con rigor de diagnóstico propio y, lo que viene a ser peor, para tomar la libertad de automedicarse.