Cómo aislar tu casa del ruido

Ofrecemos sencillas soluciones que la protegerán del ruido de la calle -y de vecinos molestos-

Todo hijo de vecino desea vivir en un hogar plácido y desprovisto de ruidos molestosos. Al menos de los ruidos no creados a voluntad. Los ruidos son intrusos ajenos que se cuelan de rondón, a diario, en la intimidad de nuestras casas sin previo aviso. Se trata de la invasión intangible de un runrún a modo de okupa. Metafóricamente hablando.

Hablamos, por tanto, de la denominada contaminación acústica que proviene de la calle. Y se cuela a las bravas por las rendijas de puertas y ventanas. Pero también de la contaminación acústica -a veces gritona, a veces cantautora, a veces musical en todas sus vertientes, a veces en registro de escandalera discutidora- de determinados vecinos. De vecinos que, dicho sea en plata, molestan cada dos por tres.

¿Algunos consejos sencillos, truquillos al fin y al cabo, para contrarrestar lo dicho? De entrada debemos aprovechar la capacidad de absorción -podemos incluso decir de amortiguación acústica- de realidades textiles. Pongamos que hablamos de las cortinas. ¿Sabía el lector que cuánto más gruesa y arrugada mayor capacidad de absorción contemplarán?

En segundo término, las silenciosas pisadas. ¿Nos hemos acordado en este momento de nuestra vecina de arriba y su incesante andar con tacones a horas ya demasiado tardías? Ojo al dato: las láminas de polietileno representan un novedoso invento, un nuevo formato, para así menguar, reducir, disminuir la transmisión de ruidos a través del pavimento.

En torno a 50 decibelios se cifra el ruido de los bajantes del baño. Comparable a una conversación normal. Difícilmente antes pudiéramos haber detenido nuestra atención en una comparativa semejante. Es posible, eso sí, disminuirlo a 30 decibelios, es decir, al equivalente a una conversación susurrada en lugar público donde se precisa y se exige silencio. Gracias al aislamiento acústico que requiere obras en casa: abrir la pared siempre.

Otro aporte. El suelo de madera o de material cerámico no casa bien con el hecho de desplazar una silla o una mesa. A no ser, claro está, que se haya cubierto todo el suelo con moqueta. ¿Cómo podemos neutralizarlo? Colocando unos baratísimos discos de fieltro en las patas. Los expertos recomiendan igualmente otra solución para que las paredes no oigan: los biombos aislantes o paneles acústicos colocados sagazmente como elementos decorativos en la pared (suelen ser de yeso, poliuretano o fieltro).

Pasemos al apartado ‘electrodomésticos’. Nadie discute que tanto lavadora como aspiradoras son los más ruidosos con diferencia. También es cierto que los modelos más avanzados incorporan -lo van haciendo paulatinamente- motores brushless, sin escobilla ninguna, que elimina el rozamiento producido por estos elementos. Nunca es descartable que el ruido pueda originarse por una desnivelación de las patas.

Verano y ruido en la casa son directamente proporcionales. Por el azote del calor las ventanas están más abiertas. O permanecen más tiempo abiertas. Para que la casa se airee y para que se refresque. El bulle bulle del exterior, por el contrario, se cuela con facilidad. El 16% de los hogares españoles padecen ruidos procedentes de los vecinos o de la misma calle, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Esto provoca que nuestro país sea el más ruidoso de la Unión Europea y además el segundo del mundo, por detrás de Japón, a tenor de los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).