Abandona a su padre con Alzheimer en un avión porque “estaba harta de él”

Al llegar a su destino este anciano de 80 años fue encontrado absolutamente desorientado

Cría cuervos y te sacarán las entrañas. Y los ojos. Se considera mal nacido a quien es desagradecido. O desagradecida. Hablamos de una situación del todo insólita. Por injusta, por patética, por desagradable y, sobre todo, por denunciable. También, naturalmente, por inhumana. Muy inhumana.

La situación se centra en un viaje rumbo a Denver (Estados Unidos), desde Florida. La hija del bueno de Jerry Ellingsen decidió subirlo al avión, junto a su inseparable perro. ¿Con qué intención? Con la execrable intención -única intención- de deshacerse de él. De deshacerse de su padre. De la persona que le dio la vida.

Durante todo el recorrido este anciano de 80 años formulada preguntas insólitas a las azafatas. Y cuando llegó a su destino ya se perdió por completo. Desorientado. No cesaba de preguntar dónde estaba. Y qué hacía precisamente allí. Pasaron varias horas deambulando sin rumbo fijo hasta que…

Hasta que las autoridades se percataron de su presencia un tanto… perdida. La policía de Denver enseguida trató de investigar la procedencia del anciano. Hasta que descubrieron que su propia hija lo había abandonado. Un abandono cruel que además fue premeditado. Nunca fortuito ni accidental.

La hija les había dicho a las azafatas que “estaba harta de él” y que “no quería volver a saber nada, ni que se volvieran a poner en contacto con ella por temas de su padre”.

Las investigaciones concluyeron  que la hija había escrito a la segunda esposa de su padre para que lo recogiera en la estación de Denver, pero ésta nunca asistió y, cuando la interrogaron, afirmó que ni por asomo quería hacerse cargo “del señor”. Una cruda realidad de abandono sin miramientos.