“Jesús Aguirre era muy malo”

Eugenia y Cayetano Martínez de Irujo describen al segundo marido de la duquesa de Alba

Eugenia Martínez de Irujo es un alma libre no sujeta al encorsetamiento de las estereotipadas convenciones sociales. Sea de alta alcurnia o todo lo frontalmente contrario. De casta le viene al galgo. Bendita rama la que al tronco sale. Y ella es dignísima hija de su memorable madre. Imborrable para la memoria de la práctica totalidad de los españoles. Doña Cayetana también fue libertad en estado de gracia.

Eugenia fue rebelde con causa. O, por mejor decir, por una entonces encubierta causa. Ahora, andando los años, ha confesado el porqué.  Lo ha hecho nunca de modo extemporáneo. Ha vomitado la espina que se le había atragantado -clavado de parte a parte- en la garganta de las contenciones personales. Ha exorcizado un viejo fantasma real de su infancia.

Ha espantado -derrotándolo- un incardinado demonio familiar. Y entiéndase demonio en el significante del hecho, en la secuela de cierto trauma temporal, y jamás directamente refiriéndose al aludido. ¿A quién se ha referido, a corazón sincero, Eugenia durante su participación -diálogo de tú a tú a la manera de confesionario abierto- en el programa de Calleja?

Eugenia rememoró su infancia. Y pasó por alto el desconsiderado tratamiento que recibió de Jesús Aguirre, el segundo marido se su madre, de la duquesa de Alba. Y el padrastro malvado de la entonces niña Eugenia. Aguirre fue un intelectual indiscutible. Un incuestionable hombre culto. Un académico comprometido. Una persona controvertida que algunos tildan de ufano y demasiado prepotente… Altivo. O quizá no tanto.

Sus amigos del mundo de la cultura lo llamaban el cura, pese a que ya estuviese secularizado. El periodista y escritor Manuel Vicent le dedicó un libro, una novela en puridad: ‘Aguirre, el magnífico’ (Alfaguara 2011).  Las nupcias de Aguirre con la Duquesa de Alba cumplen ahora cuarenta años: tuvieron lugar el 16 de marzo de 1978.

Fue un matrimonio mal visto a ojos de la práctica totalidad (de familiares, allegados y ajenos). Sin embargo dudó muchos años. Pese a que Jesús Aguirre y Cayetana Fitz-James Stuart coincidían en pocas aficiones e incluso en temperamentos. Sin embargo se complementaron a las mil maravillas. Unificaron dos mundos -dos procedencias- muy divergentes. Al menos en teoría.

Siempre al abrigo de la Casa de Alba y, naturalmente, a los excelentes contactos personales, la trayectoria y la carrera de Aguirre no cesaba de prosperar. Editor de la casa Taurus, consejero del Banco Atlántico, comisario de la Expo de Sevilla 92.

Pero Eugenia no quiso andarse con dobleces en el espacio dirigido por Calleja. “Era muy malo”, sentenció sobre la figura de Jesús Aguirre. “Cuando mi madre se casó con Aguirre fue pésimo para nosotros. Era muy culto, sí, pero cero humano”. No lo dudó la benjamina de los Alba. Quería liberarse de ese secreto intramuros. De esa carga en ristre.

Detalló además un capítulo de suyo traumático para una Eugenia muy niña: “Me llamó a su despacho y dijo que, sí seguíamos viviendo en casa, era gracias a él. Que si le pasaba algo a mi madre, que según él estaba enferma del corazón, cosa que era mentira, yo era la culpable. Yo tenía 11 años. Lloré mucho”.

Por su parte, Cayetano Martínez de Irujo, conde de Salvatierra, ha corroborado, apoyado y reafirmado las declaraciones de su hermana sobre Jesús Aguirre. En declaraciones a la revista ‘Semana’, el jinete ha subrayado cuanto ha dicho al respecto su hermana, añadiendo que “fue nefasto, una cosa durísima y tremenda para todos”.