Fallece Emilio Puro de Oliva

Recordamos al maestro del toreo chiclanero Emilio Oliva, que se ha ido de entre nosotros

El 29 de diciembre falleció el torero Emilio Oliva Fornell, decano de los matadores de toros de la provincia de Cádiz. Se ha marchado de este mundo con ochenta y un años de edad, porque nació el 16 de abril de 1937.

Emilio Oliva | Foto de Ramón Merayo

Había nacido en Chiclana, en la calle Santísima Trinidad, número 6, siendo el quinto hijo de Jorge y Petrola, y fue bautizado en la iglesia de San Juan Bautista. En su familia no había antecedentes taurinos pero, cuando, bien pequeño, dijo que quería ser torero, encontró el apoyo de su familia.

Tuvo que trabajar como pastor, cuidando ovejas en el campo desde los once años y de ahí, del trato con los animales parece que le vino la afición. Después trabajó en una huerta y eso se le hizo un poco duro, por lo que se fue a trabajar a la plaza y también al matadero, donde, por la brega con el ganado, se decidió a ser torero.

Pronto encontró a una persona fundamental, El Mónico, que fue su primer apoderado y le ayudó todo lo que pudo, anunciándolo con su primer apodo, Chamaco de Chiclana. En San Fernando se presentó en público en 1957 y también, el año 1958, debutó con caballos, antes de llegar a tener una dilatada trayectoria como novillero, en una época donde había mucha competencia, incluyendo catorce novilladas en El Puerto. Su actividad taurina arrastró a sus hermanos Jorge y Diego, que igualmente se hicieron novilleros. El 4 de julio de 1961, en Algeciras recibió una cornada fuerte, que, si a otros les habría hecho abandonar, a él no le impidió cerrar la temporada con diecinueve novilladas.

Emilio tomó la alternativa en El Puerto de Santa María el 11 de agosto de 1962, de manos de Antonio Ordóñez, con Jaime Ostos como testigo. Al toro del doctorado, de nombre Jazminillo, con hierro de Juan Pedro Domecq, le cortó las dos orejas; a su segundo le cortó una oreja y salió a hombros. Sumó un gran número de corridas con las principales figuras y el 12 de octubre de 1963 confirmó en Las Ventas, con Pepe Cáceres y Rafael Chacarte, pero un sobrero de Jaral de la Mira lo hirió gravísimamente, tanto que “en la enfermería entró muerto”, en palabras de los doctores Guinea y García de la Torre, y tuvo que contraer matrimonio “in articulo mortis” en el Sanatorio de Toreros con la que era su novia, Antonia Baro, siendo padrino el empresario madrileño Livino Stuyck.

Emilio Oliva con su hijo Emilio y Espartaco

Al acabar una larga convalecencia, a la vuelta a su tierra, el recibimiento fue apoteósico. Tras su reaparición, meses más tarde, resultaría nuevamente herido de importancia, como en otras dos ocasiones más, convirtiéndose en uno de los diestros más duramente castigado por los toros en la historia de la plaza madrileña.

En Sevilla, el 25 de abril de 1964 logró un triunfo grande ante toros de Baltasar Ibán, cortando tres orejas y saliendo por la Puerta del Príncipe. Empezó a sumar contratos junto a las principales figuras y a compañeros a los que admiraba, Ordóñez, Ostos, Camino, El Cordobés, Limeño… Las temporadas 64, 65 y 66 fueron importantes para él; en esta última toreó veintiséis corridas. El 18 de julio de 1967 tuvo en Las Ventas su mayor éxito, al cortar dos orejas a un toro y salir por la puerta grande. Recorrió los ruedos de España y América, creó el pase de capote llamado “la salinera” y se mantuvo activo hasta 1972.

Emilio Oliva con su alumno Christian Parejo | Foto de Ramón Merayo

Tuvo siete hijos, de los que tres (Emilio, David y Abel) han sido toreros y uno (Isaac), novillero con caballos. Siempre disfrutó del respeto y del cariño de su gente, pues él estuvo entregado a su pueblo, como mostró el festival benéfico que organizó en Cádiz para recaudar fondos tras la riada que sufrió Chiclana en 1965, a resultas del cual entregó al alcalde la cantidad de 800.000 pesetas. Esa entrega a su pueblo y al toreo le llevó, tras la retirada de los ruedos, a hacerse cargo, como fundador y director, de la escuela taurina “Francisco Montes Paquiro”, donde ha estado enseñando hasta hace un año; asimismo, ha sido colaborador entusiasta del proyecto de la Asociación Andaluza de Escuelas Taurinas. Ha tenido el reconocimiento merecido y en diversas ocasiones se le ha tributado homenajes; así, en El Puerto, con placa en la arena a los cuarenta años de su alternativa, azulejo en una de las entradas a los cincuenta años y sesión especial de la Peña José Luis Galloso, y en el propio Chiclana, donde en 2007 se le entregó la insignia de oro de la ciudad, se le dedicó, hace seis años, una semana cultural, con exposiciones y conferencias, incluyendo la presencia de sus antiguos compañeros Jaime Ostos, Luis Parra Jerezano, El Paquiro y Ruiz Miguel, y recientemente, a los cincuenta y seis años de su alternativa, se le ha descubierto un azulejo en la calle La Vega con presencia del alcalde.

Siempre manifestó un carácter humilde y afable con todo el mundo. Nuestro último encuentro con él tuvo lugar en Sanlúcar, al terminar una novillada sin picadores, en la que, entre otros alumnos de las escuelas andaluzas, participó destacadamente su alumno Chistian Parejo. Al felicitarle por tener tan aprovechados discípulos y pidiéndole que cuiden esa materia prima tan importante para el futuro de la fiesta, me respondió: “Cuando vayas por Chiclana me llamas por teléfono que te voy a invitar a un café”. En aquel momento le acompañaba su sobrina Rocío Oliva, de la que hemos tomado la expresión del título que encabeza este artículo.

Había tenido diversos achaques pero había ido reponiéndose de ellos; hace un año se sometió a una operación de la que salió aparentemente bien pero ya con la salud resentida. Hace unos meses, en mayo, falleció su esposa y eso debió marcarlo definitivamente. Este día de Nochebuena ingresó en el hospital de Puerto Real con unas dolencias intestinales que no ha podido superar. La capilla ardiente y el funeral tuvieron lugar en la chiclanera iglesia de San Telmo; el féretro recorrió a hombros las principales calles de Chiclana y después fue inhumado en el Cementerio Mancomunado de la Bahía. Descanse en paz. Enviamos el pésame a su familia.