lunes 29/11/21
Cofrade

Jueves Santo: la ciudad sosegada y en calma

Jueves Santo: la ciudad sosegada y en calma

La Jornada del Amor Fraterno vincula tradición y nostalgia

La Semana Santa alcanza sus días solemnes por antonomasia. El Jueves Santo es un punto y aparte en la rutina diaria que hoy gravita en la memoria del cofrade. Festivo con una luz de justicia que suele alumbrar todos los resquicios de la tradición. Una luz externa que este año enciende calles vacías pero también una luz interna que se intensifica en la espiritualidad del cofrade.

Del cofrade confinado en casa. Cofrade que este año no podrá repetir la sagrada costumbre de la visita a los sagrarios. Sagrarios que en el centro de la ciudad toman cuerpo en templos tan concurridos como San Miguel y San Francisco. Visita que se produce tras la asistencia a los Santos Oficios. Santos oficios que reviste de oscuro la costumbre se antaño.

Como así reza el dicho popular, la ciudad permanece sosegada y en calma. Y no porque sea la tendencia silenciosa del Jueves Santo clásico. Sino porque este año el silencio entronca con el confinamiento. El Jueves Santo siempre ha sido jornada de calma pero no de ausencia de público en la calle.

Sin embargo las circunstancias mandan. Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol. El Jueves Santo se enmarca entre uno de ellos. El Jueves Santo es brillo de Eucaristía. Es brillo de palios de respeto. Es brillo de altar de insignias del Santo Crucifijo con asombro de sus observadores. Es brillo de etiqueta en el vestir.

Es brillo de una tradición que, estando siempre vigente, quizá bajó enteros hace diez o quince años, para ahora otra vez toma nuevos bríos. O los bríos que siempre condensó en estos señalados días santos. Nos referimos a la mantilla que embellece el paisaje de la tarde noche. La mantilla es la guapura de una fecha al año donde los cofrades se prepararan para la noche más larga.

Hoy no veremos, no, a ningún nazareno de la Lanzada. No al inicio del cortejo del Huerto, con su siempre advertida presencia de la remembranza por Manolito. Manolito el del Huerto. Manolito de papeleta de sitio número 1 en el orden de su retirada. El Jueves Santo siempre es recuerdo de Manolito, como también lo es de Rodri Daza.

Y se nos irá el pensamiento ante las manos abiertas de la Virgen del Mayor Dolor, que es Madre de Dios y también traslación a otro Jerez más antiguo pero no menos moderno. Bajo el manto de la Reina de San Dionisio sobrevuelan hombres tan recordados como Ángel Sáez Lalana o Pepe Ruiz de Velasco. O el hermano Paco en la Vera-Cruz. Se nos irá el pensamiento al centro de la ciudad. Donde, naciendo la tarde, ya impera el sabor a descafeinado de máquina con leche y a torrija bañada en miel.

Pero el Jueves Santo es, en pureza, la Gran Jornada del Amor Fraterno. Y sobre el amor y la fraternidad han de meditar los jerezanos en este encierro. Un encierro, un confinamiento, que se realiza por los demás. La ciudad, sí, permanece sosegada y en calma. Por primera vez los antifaces no ocultan el rostro del testimonio. Por primera vez unas normas sanitarias como las que nos ocupan deja al cofrade en su domicilio. Como una señal del signo de los tiempos.

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