Paso al frente de Andalucía para continuar estando a la vanguardia en España. La economía basada en el conocimiento se ha convertido en un objetivo prioritario para los países y las regiones, ya que su asunción supone mayores niveles de competitividad y desarrollo y más resistencia a crisis en términos de renta, productividad y empleo. Este modelo implica transitar de uno tradicional a uno que requiere utilizar recursos productivos más cualificados como la investigación, la innovación, la tecnología o el talento humano. Su consolidación en un territorio depende de múltiples factores como las políticas públicas de inversión, la composición de su tejido empresarial o el capital humano dedicado a la I+D+I.
Y Andalucía ha decidido jugar una partida de largo recorrido hacia esa economía del conocimiento. Y lo hace con una cifra que marca la magnitud de la apuesta: 1.591 investigadores y técnicos incorporados o en proceso de incorporación al sistema andaluz de I+D, con una inversión pública cercana a los 138 millones de euros. Detrás del dato hay una estrategia. Y, sobre todo, una intención política clara: reforzar el músculo científico de la comunidad, rejuvenecer plantillas, estabilizar carreras investigadoras y evitar que el talento formado en casa termine desarrollando su potencial fuera.
En este sentido conviene resaltar que la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía ha convertido la captación y retención del talento en uno de los ejes centrales de la legislatura. El objetivo no es solo académico: se trata de consolidar un modelo productivo más competitivo, menos vulnerable a las crisis y sustentado en investigación, innovación y tecnología.
Refuerzo del músculo científico en Andalucía
Desde 2022, el Ejecutivo andaluz ha impulsado distintas convocatorias —algunas ya resueltas y otras en fase de tramitación— que permitirán incorporar casi 1.600 profesionales al sistema andaluz del conocimiento. La mayoría de ellos tendrá como destino las nueve universidades públicas andaluzas, responsables del grueso de la producción científica regional.
En el primer escalón se sitúan 192 jóvenes investigadores en formación que, gracias a las ayudas predoctorales que se conceden durante cuatro años, están desarrollando o lo harán en los próximos meses sus tesis doctorales en nueve universidades públicas y en organismos, fundaciones y centros públicos de I+D. Estas subvenciones están cuantificadas en 21,28 millones. Es la base de la pirámide científica: formar hoy a quienes liderarán mañana los grupos de investigación.
El siguiente peldaño lo ocupan 194 investigadores doctores que acceden a contratos posdoctorales de tres años, dotados con 26,44 millones de euros. El objetivo pasa por favorecer su carrera profesional y fortalecer con nuevo talento los grupos de I+D de las entidades donde se incorporan. Pero aquí hay una novedad relevante: las universidades públicas asumen el compromiso de convocar plazas de ayudante doctor al finalizar las ayudas, conforme a los criterios establecidos por la Consejería de Universidad. Es decir, no solo se financia el contrato temporal; se abre una puerta real a la estabilización.
Finalmente, hay que añadir que en la cúspide del sistema se sitúan los 42 científicos de relevancia internacional incorporados mediante el programa Emergia con una inversión por parte del Ejecutivo autonómico de 10,14 millones de euros. Se trata de perfiles consolidados, muchos de ellos con experiencia fuera de Andalucía, que encuentran en esta convocatoria una vía para desarrollar o recuperar su carrera investigadora en la comunidad. El programa incluye también compromiso de estabilización, un elemento clave para atraer talento senior.
