jueves 2/12/21

El Rey Felipe VI recibe la primera Medalla de Honor de Andalucía

Rey Felipe VI sobre Andalucía: "Fueron hombres de estas tierras los que contribuyeron a unir los distintos rincones del globo en la mayor odisea emprendida por la Humanidad, la vuelta al mundo"
Rey Felipe VI recibe la Medalla de Oro de Andalucía de manos de Juanma Moreno
Rey Felipe VI recibe la Medalla de Oro de Andalucía de manos de Juanma Moreno

La Junta de Andalucía del Popular Juanma Moreno quería un primer galardonado ejemplar, y cuya figura siempre fuera de nexo de unión con la comunidad. Y de esta forma, el Rey Felipe VI, acompañado por la Reina Letizia, recibió la primera Medalla de Honor de Andalucía. El Gobierno andaluz se la concede por constituir su figura el más sólido lazo afectivo de Andalucía con el conjunto de las instituciones del Estado.

Don Felipe estuvo acompañado por Doña Letizia, y recibió de manos del presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, en el Palacio de San Telmo de Sevilla, sede del Gobierno andaluz, la primera Medalla de Honor de Andalucía, concedida por el Consejo de Gobierno de la Junta.

Se trata de la primera vez que se concede esta distinción, de carácter extraordinario y creada mediante decreto del Presidente de la Junta de Andalucía el pasado 21 de diciembre de 2020.

A su llegada, los Reyes fueron recibidos en la puerta del Paseo de Roma por el Presidente de la Junta, la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Carmen Calvo; los miembros del Consejo de Gobierno y el resto de autoridades.

Una vez en el interior del Palacio, Don Felipe y Doña Letizia descubrieron una placa conmemorativa de la entrega de la Medalla y de su visita a la sede de la Presidencia autonómica.

Durante el acto, el consejero de Presidencia, Administración Pública e Interior, Elías Bendodo, dio lectura al decreto de concesión de la medalla.

La interpretación a piano de los himnos de España y de Andalucía corrió a cargo de Enrique Álvarez del Moral. La artista almeriense Laura Diepstraten, de 14 años, reciente ganadora del festival de Eurovisión para artistas ciegos, cantó el himno andaluz.

Tras el acto, los Reyes visitaron en la planta superior de San Telmo el salón del Consejo de Gobierno, donde firmaron en el Libro de Honor de la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Decreto de concesión de la Medalla al Rey Felipe VI

Representa con fidelidad los valores y principios de concordia que sustentan nuestra identidad como Nación española, reflejados en la Carta Magna, y que deben seguir siendo, de manera irrefutable, los cimientos en los que se base nuestra convivencia como pueblo.

Su reinado ha venido a subrayar el papel que la Constitución otorga a la Corona como referente de la unidad de España y de la solidaridad entre los españoles, y su trabajo ha sido ejemplo de dedicación a la mejora de las condiciones de vida en nuestro país.

Siendo como es el heredero histórico de una tradición de siglos, Don Felipe, junto a la Reina Letizia, ha sabido infundir a la institución monárquica un espíritu de modernidad acorde con los tiempos y con las necesidades de los españoles, ha conectado con sencillez con las nuevas demandas que afloran en la sociedad y ha otorgado a la Corona una identidad cercana y sobria, fiel espejo de la España actual.

Hoy, la Corona representa mejor que nunca las aspiraciones y los deseos de progreso, convivencia y paz de los españoles y se ha constituido en referencia de aquellos que trabajan por alcanzar unas mayores cotas de desarrollo colectivo.

Con la misma determinación que tuvo su padre cuando se trató de afrontar momentos de zozobra para la democracia y el Estado de Derecho en España, Su Majestad el Rey Felipe VI ha defendido con templanza, pero con arrojo y firmeza, los principios democráticos y de igualdad que representan la base de la sociedad española.

Su moderación y ejemplaridad le han hecho digno heredero de la confianza que los españoles depositaron en la institución monárquica en la Constitución Española de 1978, y que para Andalucía supuso el nacimiento de una época de esperanza hasta entonces sólo soñada.

Su llegada al trono supuso un reforzamiento de las relaciones personales e institucionales con Andalucía establecidas ya en su etapa como Príncipe de Asturias, al tiempo que ha consolidado los lazos afectivos y de respeto que unen a los andaluces con la Corona.

La presencia de Don Felipe en muchos y muy diversos acontecimientos de la comunidad autónoma a lo largo de los últimos años han supuesto, no sólo el aval de la más alta institución del Estado, sino también un testimonio fehaciente de afecto, de simpatía y de aliento en consonancia con el histórico vínculo de cariño entre la Familia Real y Andalucía, que tuvo en su abuela, Doña María de las Mercedes, el mejor de los ejemplos y que el Gobierno andaluz desea que tenga continuidad en sus hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía.

El espíritu de regeneración que impregna hoy Andalucía y con el que se impulsa hacia el futuro toma su inspiración, en buena medida, en el carácter integrador, reflexivo y comprometido que es seña de identidad del reinado de Don Felipe.

En los últimos años, Andalucía y su Rey han profundizado en su relación de apoyo mutuo y subrayado los valores compartidos, como la solidaridad interterritorial, el carácter enriquecedor de la diversidad, la necesidad de construir sobre la generosidad, la importancia de alcanzar una prosperidad sostenible y el papel de la educación y la cultura en la felicidad de los pueblos.

Hoy, cuando Andalucía y España atraviesan momentos de grave dificultad a consecuencia de una pandemia global que ha generado un inmenso dolor en todo el mundo, los andaluces sienten a Don Felipe como un Rey cercano a sus preocupaciones, determinado ante las vicisitudes del presente y entusiasta en la tarea, difícil pero posible, de la recuperación. Un Rey, en definitiva, en quien poder confiar frente a los avatares del destino.

Es manifiesto, por tanto, que en S.M. el Rey Felipe VI concurren, en grado de excelencia, los méritos suficientes para hacerse acreedor a la primera Medalla de Honor de Andalucía, tal y como ha acordado el Gobierno andaluz a propuesta del presidente, Juanma Moreno, y previa deliberación del Consejo de Gobierno.

Palabras del Rey Felipe VI tras recibir la Medalla de Honor de Andalucía

Quiero que mis primeras palabras sean de profunda gratitud a Andalucía, a los andaluces, a sus representantes y a su Gobierno, por hacerme destinatario de su afecto de una manera tan solemne y a la vez tan entrañable.

Estar en Andalucía es siempre estar en casa. La cercanía, la generosidad y la calidez que recibo en esta tierra hacen que me sienta como uno más entre vosotros; me hacen sentir un andaluz más entre andaluces.

El vínculo emocional entre esta tierra y la Monarquía, forjado durante siglos, se refuerza aún más en nuestros días al compartir ambas, firmemente, los principios y los valores consagrados en la Constitución, que hacen posible nuestra convivencia democrática en libertad.

Por eso, recibo hoy la Medalla de Andalucía con una satisfacción muy especial, mucha gratitud y verdadero cariño. Ha dicho el Presidente al final de su intervención que “Ser andaluces es lo mejor que podemos ofrecer”. Querido presidente: yo no puedo recibir esta distinción con mayor orgullo y mayor honor. Gracias de corazón.

También la recibo con responsabilidad y comprometido con el futuro de esta tierra, que es parte existencial y esencial de España.

Andalucía, nuestra Nación y la Humanidad afrontan grandes desafíos en estos tiempos de extraordinaria dificultad que nos ponen a prueba como sociedad. Tiempos en los que se han demostrado más necesarias que nunca la solidaridad, la unidad y una visión de un mañana que a todos nos convoque y comprometa.
Andalucía ha demostrado a lo largo de la historia su capacidad para afrontar y vencer las adversidades. Andalucía es carácter, es ejemplo e inspiración para toda España.

El espíritu creativo, el genio, la alegría y el entusiasmo, que tan vivamente se manifiestan en todas vuestras expresiones populares y empresas colectivas, identifican vuestra forma de ser y son auténticos indicadores de esa capacidad de superación que os caracteriza. Y constituyen el mejor aval para la necesaria y deseada recuperación y para emprender la construcción del más prometedor de los futuros.

La Andalucía de hoy se cimienta en la riqueza y el esplendor de su historia. Una Historia con mayúsculas:

  • De la mítica Tartessos y sus monarcas legendarios al Siglo de Oro español con figuras universales como Velázquez, Murillo o Góngora.
  • De la Roma imperial, con la filosofía de Séneca y los principales emperadores oriundos de la Bética -Trajano y Adriano-, al esplendor andalusí del Califato de Córdoba y la riqueza de la cultura sefardí, representados por los grandes Averroes y Maimónides.
  • De San Isidoro de Sevilla y la creación de la 1ª unidad política independiente hispana, durante la monarquía visigoda, a la integración en la Corona de los reinos taifas con el impulso de nombres imperecederos de nuestra historia como Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio, del cual se conmemora este año el 800 Aniversario de su nacimiento.
  • Del Descubrimiento del Nuevo Mundo, iniciado desde las costas de Andalucía, a la primera Constitución liberal de 1812, que en Cádiz convocó fraternalmente a los “españoles de ambos Hemisferios”.
  • De la Andalucía romántica del siglo XIX, que cautivó con su cultura y tradiciones a todos los creadores e intelectuales de Europa, a la España pujante de los últimos decenios que, en esta extraordinaria Sevilla, organizó la gran Exposición Universal de 1992.
  • No caben, sin duda, en estas palabras de agradecimiento, todos los nombres de andaluces memorables que −también como García Lorca o Pablo Picasso en el siglo XX− han contribuido a enriquecer y proyectar en todo el mundo nuestra historia y nuestra cultura universal.

El pasado, el presente y el futuro de Andalucía son, pues, el pasado, el presente y el futuro de España entera.

La magnitud y el peso de esa herencia ayudan a escribir el porvenir de Andalucía. Su tradición traza las líneas de su mejor destino. Pero es en el presente donde se plasman las realidades y se confirman los pronósticos; donde se evidencian los avances de una sociedad y donde se hacen más claras sus necesidades y sus habilidades.

En este presente, encontramos una Andalucía con la ambición de la superación, que busca un futuro mejor. Una Andalucía que, más allá de las diferencias, sabe anteponer lo que une a lo que separa; lo que concilia a lo que enfrenta; lo esencial a lo superfluo.

Una Andalucía sin miedo, segura de sí misma, con sentido de la historia, consciente de su papel en España y en el mundo y de la trascendencia del momento.

Una Andalucía, en fin, integradora, de diálogo, de encuentro y de regeneración. Enriquecida por una personalidad desbordante y por un carácter singular que utiliza como vela, y no como ancla. Estimulada, además, por su diversidad, fruto de siglos como encrucijada de culturas, pensamientos, proyectos y mentalidades.

Andalucía aprendió pronto a desarrollar su vocación de universalidad, irradiando su personalidad y, desde ella -o con ella-, impulsando siempre la imagen de España. Aquí se hacen presentes con orgullo y se proyectan al futuro los lazos fraternales que, entre el Atlántico y el Mediterráneo, ligan a España con el resto del mundo, desde África hasta la América que nos hermana con tantos pueblos.

Hoy, cuando en cualquier lugar de la Tierra se habla de Andalucía, se piensa también en España. Porque desde aquí, la identidad de nuestra Nación, enriquecida por su diversidad, ha sabido entenderse como un espacio donde tender puentes al mundo. Y en esa labor los andaluces sois siempre un ejemplo. Excelentes embajadores allá donde vayáis y generosos anfitriones de todo el que hasta aquí llega. Con estas excepcionales cualidades se construirá el mañana de los andaluces.

Me he referido a los principios y valores que nos definen, orientan y alumbran en la búsqueda del bien común. Andalucía es pródiga en ellos: tolerancia, libertad, solidaridad, pluralismo, respeto a las normas, equidad… No hay mejores recursos para hacer frente a las incertidumbres de la sociedad, para defender nuestro lugar en Europa y en el mundo y para tomar plena conciencia de lo que somos como individuos y como civilización. Además, son valores que contribuyen a encarar las difíciles situaciones que requieren la implicación y el compromiso de todos.

Cualquier temor ante la posibilidad de que el mañana nos traiga un mundo despersonalizado −impersonal− se diluye al contemplar esta tierra y sus gentes. En un contexto como el actual, Andalucía y sus ciudadanos representan siempre un referente. Fueron hombres de estas tierras los que también contribuyeron a unir los distintos rincones del globo en la mayor odisea emprendida por la Humanidad, en el marco de la expedición española que, por primera vez, dio la vuelta al mundo. Hoy, en estas fechas, conmemoramos precisamente su V centenario.

Aquella y otras exploraciones heroicas, en las que España fue pionera, extendieron por toda la faz de la Tierra los nombres de nuestros pueblos y nuestras ciudades; nuestras costumbres y nuestra cultura.

En contrapartida, también nuestra personalidad se nutrió con nuevas formas de ver, de sentir y de interpretar la vida. Con perspectivas diversas que nos han llevado a comprender el valor de la tolerancia, los perjuicios del dogmatismo y la virtud de la unidad.
Descubridora de mundos y trazadora de nuevos caminos, España extendió, en efecto, sus nombres, su huella y su personalidad por todos los confines. Y en todas aquellas gestas Andalucía desempeñó un papel esencial.

Pero también en su propio territorio, sin ir más lejos, caben todos los mundos posibles. Todas las rutas. Todos los paisajes: la montaña y el mar; la nieve y la arena; el humedal y el desierto; el bosque y la marisma; el aceite y la sal. También se hallan aquí todas las distancias que pueden concebirse, en el afán por alcanzarlas: las que van desde las entrañas de las minas de Huelva hasta el firmamento profundo que se escudriña en la sierra de Almería.

Y esta es la poderosa Andalucía del presente. Que nos enorgullece, que defendemos, que merece todos los esfuerzos. La Andalucía generosa que ofrece lo mejor de sí misma, siempre dispuesta a enriquecer nuestra Nación. La que sigue mirando al mundo con asombro creador y la que saldrá adelante por difíciles que sean las circunstancias.

Andalucía tiene un papel relevante en el ámbito de las Comunidades Autónomas, y con la implicación y la coordinación de todas las Administraciones, en la recuperación de toda España tras esta pandemia. Todos los españoles debemos sentirnos unidos ante ese objetivo común.

Queridos andaluces, hoy renovamos ese compromiso en la sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Este Palacio de San Telmo, protagonista y testigo de la estrecha relación entre la Familia Real y esta tierra, da testimonio abundante de esa crónica de siglos que ha dibujado el carácter andaluz.

En estos muros y jardines se han forjado marineros, se han consagrado artistas, inspirado literatos y aconsejado a gobernantes, mientras desde su pórtico se asoma al Guadalquivir, arteria de civilización y símbolo de la inquietud por descubrir, así como del espíritu emprendedor de un pueblo. Por todo ello, Andalucía es respetada y admirada.

Y quiero deciros que el afecto que siento por todo lo andaluz es compartido igualmente por la Reina, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía. Y así se manifiesta en tantas ocasiones en que Andalucía se hace presente en nuestras conversaciones y en nuestro pensamiento.

Agradezco muy sinceramente el cariño que los andaluces siempre habéis expresado y demostrado a lo largo de los años, a toda mi familia. Y que responden a un sentimiento espontáneo y sincero, fruto de la lealtad y de la confianza con las que siempre nos habéis distinguido.

Soy consciente de que esta Medalla de Honor de Andalucía condensa todas estas emociones. En ella se materializa cada saludo, cada sonrisa, cada mano tendida, cada recuerdo entrañable que la Familia Real atesora, entre sus mejores vivencias, de nuestra presencia en todas sus provincias.

Por eso, no la recibo como se recibe una condecoración, una insignia o un reconocimiento, sino como se recibe un abrazo, que en esta ocasión tiene el valor inmenso de representar el sentir de los andaluces.

Tomo esta Medalla en prenda de ese cariño. Y con ello me sumo a la llamada de Andalucía a participar en ese futuro de paz y de recuperación, de oportunidades, de entendimiento y de prosperidad por el que todos trabajamos y que todos deseamos para España. Muchas gracias.

El Rey Felipe VI recibe la primera Medalla de Honor de Andalucía