martes 18/1/22

El escaparatismo en tiempos de cofradías

El paisaje de la ciudad se torna anuncio de la Semana Mayor

Cuando la Semana Santa se aproxima -con sus sandalias franciscanas a pie desnudo- los escaparates de no pocos comercios de las localidades de nuestra Baja Andalucía se embellecen con signos y símbolos propios de esta particular y universal celebración religiosa. Porque la Semana Mayor, a fuer de local, es ya universal.

Así lo cantó -años ha- un destacado pregonero sevillano sobre el atril del Domingo de Pasión. La Semana Santa cobra una grandeza plástica sin parangón en tierra andaluza y de ahí la defensa incólume de sus formas y de sus aristas también inmateriales.

El anuncio de la Semana Santa se expande y se cobija y se muestra y se exhibe desde cualquier espacio público de la ciudad. Como una convocatoria expresada de antemano en mil formas diferentes. En plurales rincones. No sólo en el idealismo del cofrade impaciente. Sino igualmente en la segregación de cualquier visibilidad urbi et orbi.

La visión del trazado urbano es un retablo de las variedades cofradieras. Desde carteles pegados en la pared o expuestos tras las puertas de acceso de tiendas céntricas -o no tan céntricas- hasta la misma arquitectura efímera del montaje y permanencia de los palcos y sillas.

Uno de los guiños más bellos y más creativos a este tenor lo encontramos en los escaparates. En los motivos que decoran los escaparates. Es decir: en el noble arte del escaparatismo. Desde los nazarenos de cartulina que en pureza son bomboneras hasta los pasos de miniatura, la gastronomía propia de la Cuaresma o libros de temática cofradiera. Todo depende de si hablamos de una pastelería, una librería, un comercio de tejidos... O así seguido.

El arte del escaparatismo, en las semanas previas a las jornadas de Semana Santa, también genera una rentabilidad de marketing propio. Nada cae en saco roto. La Semana Santa es toda una. Y no sólo desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección. Sino desde bastante antes. Al menos desde cuarenta días antes.

El paisanaje de la ciudad, de todas las ciudades andaluzas, ya es otro. Ya es muy otro. Tras un cristal aparece el mensaje. Tras los escaparates de los comercios amanece la buena nueva. La que anuncia que, otra vez, la Semana Santa es una verdad escrita con letras mayúsculas.

El escaparatismo en tiempos de cofradías