Jerez y la Merced, fundidos en un rezo de amor
La ciudad jerezana se echó a las calles para honrar a su Patrona
La Virgen de la Merced fue, de nuevo, Jerez en su entera dimensión. Y entiéndase dimensión a la naturaleza que aglutina la devoción mariana y la propia tradición local. Se trata -la del 24 de septiembre- de una fecha intocable.

En su festividad y en su expresividad. Expresividad religiosa y expresividad netamente social. Todo transcurrió según los mejores cánones no escritos. Numeroso público en las aceras y nutridas filas esencialmente de cofrades en el cortejo de la Madre Morena.
La franja matutina contó con renovación del Voto de la ciudad a cargo de la alcaldesa Mamen Sánchez. Seguidamente, a las once, la Solemne Pontifical presidida por el obispo de Asidonia-Jerez monseñor José Mazuelos Pérez.
La jornada no amaneció tan calurosa como otras típicas de antaño. Circunstancia favorecedora para quienes participarían en la procesión vespertina. La Patrona también había sido protagonista la noche anterior, en la conocida como la Misa de la Descensión, al recibir la Medalla de Oro de la Unión de Hermandades.
Ya por la tarde pronto se hizo la multitud alrededor de la Señora. Se hablaba entonces del aniversario del patronato canónico y de la corona presea bautizada como la de Moratalaz. Siempre bellas las sienes de la Señora.
Alfombras como ofrenda juvenil en los primeros tramos del itinerario. La Agrupación Musical San Juan abriendo la comitiva y sucesión de estandartes de las cofradías (especialmente concurrida la representación de la Hermandad de las Viñas).
Presidencia de la Real Academia de San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras integrada por su presidente Joaquín Ortiz Tardío, por los miembros de la Junta de Gobierno Juan Salido Freyre, Juan María Vaca Sánchez del Álamo y Francisco Garrido Arcas y la académica Angelita Gómez. Representación municipal encabezada por la alcaldesa y asimismo la diocesana presidida por el obispo de Asidonia-Jerez.
Los mercedarios, con Felipe Ortuno en su máxima representatividad, en todo momento complacidos y emocionados. La cuadrilla de costaleros, comandados por Martín Gómez Moreno, haciendo un trabajo digno de los mejores encomios. Y la Madre de Dios, engalanada con exquisitez por José Carlos Gutiérrez, perfumada y exornada por cientos y cientos de varas de nardos.

Reseñable altar montado, en la misma puerta de San Marcos, por los cofrades de la Cena con su Amantísimo Titular cubriendo todos los espacios. Jerez y la Virgen de la Merced, un año más, se fundieron en un rezo de amor.
