miércoles. 06.07.2022

Neopelagianismo cofradiero

"Se denomina neo-pelagianismo porque se encuentra introducida de nuevo en nuestra vida diaria de fe"

Por Eusebio Castañeda

El pasado 1 de marzo, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicaba la carta “Placuit Deo”, dirigida a aclarar algunos conceptos sobre la salvación cristiana.

Entre otras cuestiones, en ella se desaprueba uno de los errores más extendidos actualmente en la Iglesia Católica: el neopelagianismo.

El pelagianismo es una herejía condenada por la Iglesia desde el Concilio de Éfeso (431) hace siglos. Pero no se trata de un anacronismo. De hecho, el Papa Francisco en su pontificado nos ha alertado varias veces de sus riesgos. Se denomina neo-pelagianismo porque se encuentra introducida de nuevo, de manera velada, en nuestra vida diaria de fe.

Esta práctica herética actual, basada en la doctrina de Pelagio (354-427) consiste en afirmar que la salvación del hombre sólo depende de su esfuerzo personal, sin ser necesaria para ello la gracia divina.

Volviendo a la citada carta, en ella se advierte que según el neopelagianismo, “el individuo, radicalmente autónomo, pretende salvarse a sí mismo, sin reconocer que depende, en lo más profundo de su ser, de Dios y de los demás. La salvación es entonces confiada a las fuerzas del individuo, o las estructuras puramente humanas, incapaces de acoger la novedad del Espíritu de Dios.”

Lamentablemente, las hermandades y cofradías no se encuentran al margen de este “neopelagianismo”. Ni los cofrades exentos de sus prácticas y efectos. Y ello queda patente en muchas de nuestras prácticas habituales.

El neopelagianismo está presente en las hermandades, cuando reducimos el Evangelio a un mero eticismo voluntarista o moralismo: nos limitamos a proponer valores morales enseñados por Cristo (verdad, libertad, justicia, unidad, paz, etc.) y no afirmamos que Cristo mismo es la Verdad, que Él nos ha hecho libres…

Cuando la Iglesia, la Eucaristía, los sacramentos, el culto litúrgico… dejan de ser la clave de la vida diaria de nuestras corporaciones, y centramos nuestros esfuerzos principalmente en otros medios puestos al servicio de la evangelización: conferencias, carteles, libros, conciertos…

Los cofrades nos convertimos en neopelagianos, cuando no aspiramos a la santidad, porque la consideramos imposible, y aceptamos sin reparos una mediocridad espiritual a la que nos creemos con derecho, consistente muchas veces en simples devociones, o en un sentimentalismo con tintes religiosos. Cuando nuestra misma fe o la presencia y la acción divina, quedan despreciados en nuestra actividad diaria, como elementos accesorios no necesarios para nuestra salvación.

Probablemente, esta neopelagiana devaluación de la gracia de Cristo Salvador, esta afirmación del hombre por sí mismo… es la raíz de todos los males que hoy sufrimos en nuestras hermandades, y que sufre en definitiva la Iglesia. Se trata, finalmente, de la apostasía de nuestra fe cristiana.

Por eso, invito a que esta Semana Santa pueda ser una ocasión para meditar y superar estas prácticas, en el mismo sentido que San Pablo advertía a la Comunidad de Éfeso: «Porque por la gracia habéis sido salvados, mediante la fe. Y esto no viene de vosotros: es don de Dios. Tampoco viene de las obras, para que nadie pueda presumir». (Ef. 2, 8-9).

Neopelagianismo cofradiero
Comentarios