viernes 20/5/22

Siempre vuelve un rockero muy cofrade

Cada Semana Santa regresa la memoria de un artista sin parangón

Algún afamado cantor del gozo semanasantero, “al verse rodeado de micrófonos” y solicitar multitudinaria comprensión durante la mañana jubilosa del Domingo de Pasión, allá donde los teatros de la eternidad literaria recibían las llamaradas poéticas de lo sentimentalmente inmaterial, algún celebérrimo pregonero andaluz proclamó a los cuatro vientos que en el maravilloso mundo de nuestras cofradías “lo particular es ya ser universal”.

El sentimiento cofrade que acumulamos en nuestros adentros no varía según qué suelos pisemos. La intensidad emocional, para encanto o desencanto, bulle idéntica acá o allá porque el cofrade nace sin empadronamiento previo. Vivir en cofrade es una filosofía de vida, una actitud ante el mundo, una tipología que imprime carácter. Los cofrades de casta y estirpe llevan marcados en la frente su vocación. Distintos y no distantes y semejantes entre sí.

Por eso hoy destacamos la memoria de un gran cofrade que ha vuelto a estar en la palestra de muchos comentaristas y cronistas del orbe cofradiero. Falleció hace años pero suele regresar en el verbo de admiración de unos y otros. Fue uno de los nuestros, de los cofrades de Andalucía. Tan de nosotros porque amó a la Madre de Dios como a la Madre de Dios hay que quererla: descaradamente.

Y se recuerda su bohemia letal, ese ademán de socrático desgastado, el escaso pelo cano peinado hacia la frente, como un emperador romano sustentado por las Columnas de Hércules. Conoció la fama cuando los años sesenta despuntaban progreso y libertades recuperadas. Voz educada de tanto escuchar discos de Elvis y marchas procesionales.

Adentró el rock en Andalucía y afamó los esplendores marianos de la Santa Madrugada. Se supo sevillano y se quiso defensor a ultranza de la Semana Mayor, de cualquier Semana Mayor. Nunca antes nadie alternó el Senatus de la penitencia secreta con la guitarra eléctrica de su virtud. Sencillamente magistral.

Y cantó a la Esperanza Macarena, no saetas ni plegarias, sino melodías de la posmodernidad. Cuando le tocó definirse nunca cambió la respuesta: un roquero muy cofrade. Siempre vuelve en Semana Santa. Siempre, el gran Silvio.

Siempre vuelve un rockero muy cofrade