domingo 22/5/22

Y en San Mateo se estremeció el Martes Santo

Jornada esplendorosa con cofradías de ensueño a pie de calle

Este cronista leyó de pequeño, siendo niño que aún no había tomado la Primera Comunión -pongamos que hablamos de finales de la década de los setenta-, una sección periodística de la entonces única cabecera en papel de la prensa local dedicada a los barrios de Jerez. Una sección muy cuajada de datos históricos pero, sobre todo, de una profunda y profusa carga literaria. Y a su vez basada en el sentimiento que nacía -que brotaba- de los hondones del alma de la ciudad.

Una de aquellas crónicas legendarias, de aquellas descripciones intrahistóricas de aquel periódico de finales de los años setenta, se tituló de la siguiente definitiva manera: “San Mateo se estremece en la noche del Martes Santo". Aún hoy quien suscribe la recuerda con memoria fotográfica. Con pulcritud de grafía. No cupo síntesis más definitoria que la allí expresada.

San Mateo se estremece en la noche del Martes Santo. Todo un imaginario que se torna realidad cuando un palio de pureza ya manda en los espacios de la nostalgia que regresa por el camino más corto de su itinerario. Jerez ha revalidado, ha revivido, el estremecimiento de otro Martes Santo que, aunque ampliado en número de cofradías, no ha perdido un ápice de aquellas memorables jornadas en rojo y negro que nos despertaba a la vida en clave de Evangelio sentado sobre un rocoso pedestal de manos cruzadas, de manos atadas, de retina al cielo, de espalda ensangrentada.

Un Martes Santo que ha propuesto novedades en su conformación. Que incorpora cofradías de las denominada “nuevas”. Con una Cruz que se verticaliza -para alzar la envergadura de la Fe- en la misma medida que se horizontaliza la expansión de su impacto devocional. Hubo momentos de álgida emoción en la dermis de los cofrades de San Rafael. Algo así como el cénit de un sueño colectivo. De una aspiración corporativa.

Salud de San Rafael./ Martes Santo./ Álvaro Richarte

San Rafael refrendó su propia Historia escrita con letras mayúsculas. Pisar oficialmente la Carrera Oficial significa también la cimentación del mérito propio tanto a nivel ético como estético. Una obra en marcha -eso sí- que avanza a pasos agigantados en el convencimiento de aquella línea cofradiera que no desvía ninguno de sus postulados fundacionales.

Como estreno podemos constatar la talla del paso de misterio por Juan Carlos García, los nuevos faldones por Juan Álvaro y la cruz de guía finalizada por el mentado Juan Carlos García. No sólo se estrena la ilusión de cada año. También el sumando de un patrimonio como materialización material de un diseño corporativo.

La Hermandad de la Clemencia de nuevo hizo honor a su espíritu cofradiero. Es una cofradía que imanta voluntades. Que se gana al público en aras de una autenticidad doctrinal que nadie discute. Porque contagia verdades. La comitiva de blancos nazarenos define el aliento cristiano del barrio del Polígono. De entonces y de ahora. Bastantes horas en la calle para dar testimonio de una Fe que no mengua, que no decrece, que no tiembla.

Parece que fue ayer cuando se fundó esta Hermandad. Y ya ha llovido desde aquel memorable año 1993. Tan lejos, tan cerca, tan lejano, tan actual. Encomiable el trabajo realizado por el capataz general de la Hermandad Eduardo Biedma Barea. Profesionalidad y oficio. Conocimiento de causa. Otra vez se subrayó el hermoso momento de la visita a los enfermos en el Centro de Salud del barrio. Otra vez el fundamento de la justificación de toda acción solidaria.

La Hermandad de Humildad y Paciencia invita a la reflexión. De nuevo aportó una concepción clara de su sentido evangélico. Estrena la guirnalda trasera del paso, realizada por David Medina Soto. Excelente la interpretación musical de la Capilla Musical “Vía Sacra" de El Puerto de Santa María (Cádiz). Fue todo un placer disfrutar esta cofradía en el itinerario de vuelta por las calles de San Miguel.

La Hermandad de la Defensión puso a pie de calle la exquisitez del detalle siempre cuidado. Es una Hermandad que cuida al máximo la simbología. Y el canon cofradiero más clásico. El Crucificado de nuevo mantuvo silente a la ciudad. No cabe otra respuesta de la ciudadanía. Ante el madero de la trascendencia sólo nos queda sentirnos pecadores confesos. Y almas ahítas de conversión. La talla de Esteve Bonet nos lo recuerda cada Martes Santo. No hay más infinita Misericordia que la de este Dios hecho hombre.

La Banda de Cornetas y Tambores de la Centuria Romana Macarena, tras el paso del Cristo, es todo un lujo para la Semana Santa de Jerez. Unir Jerez y Sevilla cofradieramente es rubricar un fin común. Y una idéntica conmemoración anual. Los cofrades así lo saben, así lo asumen y así lo aplauden.

Si el Martes Santo tiene un lugar secreto -o ya no tanto- es la calle Gaitán, ya de noche, cuando los nazarenos de la Defensión apenas se visualizan en la oscuridad de la hora indescifrable de la penitencia más serena. Más inamovible en atención a la fidelidad corporativa. Evidencian su maestría al frente de los pasos, un año más, Martín Gómez Moreno y Manuel Jesús Elena Hernández.

Acompañar, desde las aceras, a la Hermandad del Cristo del Amor es regresar, por el camino más corto, a la quintaesencia del Jerez más puro. Esta Hermandad, que ha superado con creces muchas vicisitudes, contempla el fulgor de la devoción por unos Sagrados Titulares que despiertan toda la admiración del Jerez cofrade y no cofrade. El Cristo del Amor, el Cautivo y la Virgen de los Remedios. Epicentros donde se amalgaman las oraciones, las plegarias, los rezos, las peticiones.

Estrena este Hermandad de blancos nazarenos aureolas para las santas mujeres del paso de misterio y nueva peana para la Virgen. Ambas por orfebrería Bernet. Así como se continúa el dorado del paso de Jesús Cautivo. Precisamente la Hermandad se encuentra celebrando el cincuentenario de esta imagen del Señor Cautivo. Cierra la jornada la cofradía que da signo y memoria y mucho futuro al Martes Santo: los Judíos…

Los Judíos de San Mateo: una de las Hermandades grandes de la ciudad, de solera y envergadura. Añeja, de detención del tiempo en la retina de varias generaciones de jerazanos. Con un palio que es edén del cenit cofradiero. Con un altar de insignias que en sí mismo merece el calificativo de pura maravilla. Con la poética de su patrimonio humano que renace siempre en el rojo y el negro de un distintivo de calidad. Jerez, sí, de nuevo, se estremeció en San Mateo la noche del Martes Santo.

Y en San Mateo se estremeció el Martes Santo