viernes 27/5/22

Y llegó el gran día: ¡Es Domingo de Ramos!

Jornada en la que recuperamos al niño que llevamos dentro

Hoy, al fin, llegó el día. El Domingo de Ramos es la transustanciación de las generaciones familiares. El hábitat donde se hospeda el niño que siempre acunamos en nuestros adentros. Es el edénico pasaje nunca ancestral donde también moran los bebés del aquí y ahora. Los críos del siglo XXI. Ángeles custodios del presente revolero.

El Domingo de Ramos es el espíritu encendido y la inocencia despierta que reúne en un mismo jardín de infancia -de incienso y alpaca- a hijos y padres: todos entonces niños. Lo dicho: Rilke. Estreno -miniado estreno- de niñez imperante. La nana que sin embargo a todos nos espabila en la narración novísima del milagro otra vez fechado.

El Domingo de Ramos es aquel paraje de la memoria donde todo ocurre para más inri. Porque en su longitud de veinticuatro horas, y entrecomillando el celebérrimo verso de Antonio Machado, "hoy es siempre todavía". Rilke: ab imo pectore. Perturba y conturba el milagro, los albores, la inmediatez. Intuyes cuanto sobreviene a partir de entonces.

Has aguardado con desasosiego, con abdicación de la paciencia, con dejación de la templanza, la llegada del primer nazareno. Y sin embargo te sorprendes –ingenuidad de almas sensibles- cuando acabas de descubrir la confirmación de la gloria. Y te sabes y te reconoces en estado de gracia.

Todo huele a miel de torrijas y a candor de hermanamiento. Un altar itinerante recrecerá en Jerez. Y, como las preliminares del amor, la inquietud nos apresará entre sus dulces brazos de canela. Jerez 2019, Semana Santa, sedimento y vínculo. Cortinas desplegadas, sol de justicia, mantos sueltos, reestrenos de sensaciones. De percepciones. ¿Oyes cómo suena la corneta en los pliegues de tu alma? Cómo suena, sí, ahora y siempre.

Y llegó el gran día: ¡Es Domingo de Ramos!