sábado 29/1/22

Y los cofrades ganarán la batalla

La indiferencia religiosa también pretende afectar a las Hermandades

No soplan vientos favorables para la cristiandad en este mundo tan globalizado de intereses subrepticios. Vanitas vanitatis. Baste reflejarnos en el espejo deformador del cuento de Blancanieves: ¡Dime, espejito, espejito…! Nos importa un bledo la aquiescencia de la fraternidad. Aquí todo quisque aspira a la adoración del novísimo becerro de oro: los minutos de gloria a toda costa, la mediocridad imperante y la devastación de la excelencia personal como correa transmisora de pingues beneficios materiales.

Respiramos a la contra. Suscritos a la estentórea murmuración. Es la clave de sol de la humanidad de nuestras crujientes disculpas. El efecto rodillo del laicismo nos arrolla incluso a los cristianos a nativitate. ¡Qué bello e infrecuente nombre, Natividad, para las hijas de los que nos consideramos cofrades!

Nos denominamos hermanos de una cofradía pero a veces –acobardados, acogotados, acollonados- renegamos de nuestra Fe. Acallamos –extramuros la Semana Santa- la condición que nos avala. Cristianos dispuestos a derramar hasta la última gota de nuestra sangre. ¿Dispuestos? No así cuando la cruella de vil de la situación imperante nos obliga a enmudecer nuestra Fe… vergonzante.

Por temor a la represalia y al social señalamiento. Contritos. Difusos y difuminados. Escurridizos. Ángeles neutros de la tibieza oscilante. Por activa y por pasiva hemos reclamado –lo hacen nunca a regañadientes los más viejos del lugar- el valiente desprendimiento del cristiano que grita su naturaleza innata. No pazguatos cofrades entre dientes. No rezos a ritmo de cuentagotas o goteras timoratas. Sí luchadores de las verdades del barquero del Pescador de hombres…

Hoy los cofrades jerezanos disfrutamos de una oportunidad otra, ocasión cenital, para conquistar de nuevo los palmos de terreno que nos arrebatan quienes no respetan las creencias ajenas. ¿Trabados nosotros por el discurso dominante, por la ideología que nos imponen a tenazón?

¡Ni hablar del peluquín! No sólo sabemos de sobras ganar la batalla de la indiferencia religiosa a través del anónimo antifaz de la túnica nazarena: también bajo la gallardía del guerrero del antifaz en el que nos reconvertimos cuando –quienes quieran que fuesen- pretendan arbitrariamente arrebatarnos los signos de nuestro catolicismo. ¡Con nosotros, los cofrades, no podrán! ¡Te lo juro por Jesús del Prendimiento!

Y los cofrades ganarán la batalla