domingo. 22.03.2026

Fallece el torero jerezano Rafael de Paula (85 años): figura histórica de la tauromaquia

El mundo del toro y la ciudad de Jerez lloran la pérdida de Rafael de Paula, símbolo del arte, la pureza y el misterio en la historia de la tauromaquia. Su nombre quedará para siempre ligado a la elegancia y la hondura del toreo más clásico
Fallece el torero jerezano Rafael de Paula
Fallece el torero jerezano Rafael de Paula

El maestro Rafael Soto Moreno, conocido universalmente como Rafael de Paula, ha fallecido a los 85 años de edad, dejando un vacío irreparable en la tauromaquia y en su Jerez de la Frontera natal. Nacido el 11 de febrero de 1940 en el barrio de Santiago, cuna de artistas y flamencos, Paula fue mucho más que un torero: fue un símbolo, un poeta del capote, un hombre que entendió el toreo como una forma de expresión artística, donde cada pase era una confesión íntima.

Su muerte ha provocado un hondo pesar en el mundo taurino, que le reconoce como una de las figuras más singulares y carismáticas del siglo XX. En Jerez, su ciudad, su pérdida se vive como la desaparición de una leyenda que llevó el nombre de la tierra por las más grandes plazas del mundo con una elegancia y un sentimiento imposibles de imitar. El Ayuntamiento de Jerez, quien ha  decretado dos días de luto oficial en la ciudad, se ha puesto a disposición de la familia de Rafael de Paula desde el minuto uno, ofreciéndoles el Cabildo, así como la dirección de la Plaza de Toros ha puesto a su disposición sus instalaciones, sin embargo la familia ha preferido despedirse en intimidad del maestro. Su cuerpo se encuentra en el Tanatorio de Memora, siendo la misa el martes a las 12:00 horas en la Iglesia de Santiago.

Una vida dedicada al arte y a la pureza del toreo

Desde sus inicios, Rafael de Paula mostró una manera distinta de entender el toreo. Debutó en Ronda en mayo de 1957, una plaza que marcaría su destino, y recibió la alternativa tres años más tarde, en 1960, de manos de Julio Aparicio con Antonio Ordóñez como testigo. En ese mismo coso empezó a forjar su leyenda, aquella que no se mediría en trofeos ni estadísticas, sino en emociones.

Su confirmación en Las Ventas tuvo lugar en mayo de 1974, con José Luis Galloso como padrino. Allí dejó una huella profunda. Su forma de torear, lenta, templada, llena de pausas y silencios, convirtió cada pase en un acto de belleza irrepetible. No toreaba para las masas, sino para quienes sabían mirar, para los que entendían que en el arte hay misterio y verdad.

Pepe Osuna con Rafael de Paula
Pepe Osuna con Rafael de Paula

De Paula fue un torero de inspiración, un artista imprevisible que toreaba con el alma. Su muleta parecía flotar, y su capote, cuando acariciaba el aire, provocaba un silencio reverente. No buscaba el aplauso fácil ni el triunfo inmediato: su misión era otra, la de elevar el toreo a la categoría de arte.

Reconocimiento y distinción a una carrera irrepetible

El Ministerio de Cultura reconoció su trayectoria en 2002 con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, un galardón reservado a quienes trascienden los límites de su disciplina para convertirse en patrimonio cultural de un país. Fue también Premio Nacional de Tauromaquia y objeto de múltiples homenajes en vida por parte de peñas, aficionados y artistas que veían en él una figura comparable a los grandes creadores.

Rafael de Paula no solo fue admirado por los taurinos, sino también por figuras de la cultura y el flamenco. Paco de Lucía, Camarón, Antonio Núñez “Chocolate” o José Mercé compartieron con él esa manera de entender la inspiración como algo divino. Era el torero de los artistas, el espejo donde se miraban los que sabían que el duende y el compás también viven en una plaza de toros.

Su personalidad, reservada y a veces enigmática, alimentó la leyenda. Muchos recuerdan su figura erguida, su mirada profunda y su voz pausada. Rafael de Paula representaba la dignidad del torero clásico, la del hombre que vive por y para el arte, aunque ese arte le cueste la vida.

Rafael de Paula
Rafael de Paula

Jerez, tierra de arte y cuna de un mito

Rafael de Paula fue un jerezano universal. En su barrio de Santiago, donde el flamenco se confunde con el aire y el arte se hereda, aprendió que la pureza no se aprende, se siente. De ese rincón de calles estrechas y guitarras viejas salió el niño que soñaba con ser torero y que, con el paso del tiempo, se convertiría en uno de los nombres más respetados de la historia del toreo.

Su muerte ha conmovido a la ciudad, que prepara diversos homenajes para recordar a su hijo más artista. Las redes sociales se han llenado de mensajes de toreros, periodistas y aficionados que han querido despedir al maestro. Todos coinciden en algo: “Rafael de Paula no se ha ido, porque su arte no se puede morir.”

Más allá de la plaza, su legado pertenece a la cultura española. Representó el alma del toreo jerezano: profunda, solemne, de duende y misterio. Su vida fue una búsqueda constante de la belleza, una lucha silenciosa por mantener viva la esencia del arte.

Un legado eterno

Rafael de Paula deja tras de sí una estela de respeto y admiración que traspasa generaciones. Fue un torero que no necesitó números ni campañas publicitarias para ser eterno. Bastaba una verónica suya para detener el tiempo y hacer creer que el arte podía ser eterno.

Rafael de Paula es homenajeado en Italia
Rafael de Paula es homenajeado en Italia

Su figura será recordada junto a los grandes del toreo de todos los tiempos. Con su muerte, se apaga una de las luces más puras de la tauromaquia, pero su nombre seguirá iluminando las plazas, las tertulias y la memoria de todos los que aman este arte.

Porque como él mismo decía en una de sus últimas entrevistas: “Yo no toreaba para ganar, toreaba para sentir.” Y ese sentimiento, profundo y verdadero, es el que hace que hoy España, y muy especialmente Jerez, despida a un genio irrepetible.

Fallece el torero jerezano Rafael de Paula (85 años): figura histórica de la tauromaquia