miércoles 19/1/22

Kylie Jenner de nuevo a la parrilla de salida. Como una atleta de actualidad. Como una gimnasta del mundo del colorín. Una mujer ávida del papel couché. Como una diosa terrenal. Como un jarrón orgánico que nunca fue decorativo, por aquello de la metáfora actualizada en su feminidad.

Kylie Jenner otra vez ocupando el lugar de su destino, la amplitud de su recreo, la coraza de su libertad, la cerradura sin llave de su odisea, la larga por cambiada, el regate corto, el máximo común de su distingo, la cazuela de su elegancia nutricia. El énfasis que se viste de corto. La cosmética que se viste de largo.

En pantalla plana

Kylie Jenner deslumbrando en la pantalla plana de nuestros dispositivos móviles. En el sabor dulce de un desayuno entre diamantes. En el tono lírico del color rosa. La fragancia sin hierro de la compañía sin distancia corta. En el valor inmanente de la sonrisa con pintalabios. En el guiño sabatino – que no sabático- de la urdimbre familiar.

¿Y cómo nos llega ahora? Lo hace con pulsión afrancesada. Pero no porque se haya despedido sin decir nada. No porque se haya quitado de en medio sin avisar. Sino en razón de algo que es inmanente a ella: la estética, el diseño, la creatividad en función del cuerpo y el cuerpo en función de la creatividad. Al fin y al cabo, todo es carne e imagen en el epicentro del siglo XXI.

Hablamos de manicura

¿Pongamos que hablamos de manicura? Pues si, léase así. Sirva de lleno la propuesta. Hace unos días nos quedamos boquiabiertos, nos quedamos a cuadros (y nunca mejor dicho). Con una manicura cuadriculada de la socialité. Era una manicura que los cursis del género definirán como “muy mona”. Entraba por los ojos gracias a su rítmica simetría.

Ahora toca turno al cambio de la empresaria. Al zigzag de una nueva propuesta. Al verso de esta manicura de rima asonante. Siempre asonante y nunca aislante. Ahora toca turno, sí, a la manicura francesa para Kylie Jenner. Que es algo así como apostar a pies juntillas por la modernidad de lo clásico. Por la avanzadilla de aquello que el tiempo supo conservar.

Originalidad es personalidad

De sobras sabemos cómo Kylie Jenner tiende a la originalidad. Y bien que hace. Porque sólo de la originalidad puede partir la personalidad. Y la personalidad -le genuina e enriquecedora- es la única que se bate en duelo con la atonía para lograr por el camino más corto todos los flujos del éxito. Lo original no tiene parangón con ningún otro valor en un artista, en un empresario, en un intelectual, en cualquier profesional de lo suyo.

Y la originalidad lucha contra el espacio en blanco. Por esta razón Kylie Jenner no se conforma con la terminación precisamente en blanco de sus uñas largas, porque tal opción es semejante al folio virgen de un escritor incapaz de escribir su primera línea, sus palabras germinales…

La revolución de lo inédito

¿La originalidad a veces es discordancia? Por supuesto que sí. Y de rebelión. Y de revolución. Que es, en definitiva, evolución. Kylie es la antítesis de la línea blanca en la punta de los dedos. De ahí que la llene de lunares. No cabe fulgor más latino que un lunar. Ya apostó por los lunares el verano pasado.

Su cuenta de Instagram, la que sigue sumando infinidad de seguidores, presente la penúltima – nunca dígase última- manicura de la modelo. Manicura francesa en degrade vertical. De extremo a extremo de la uña. Aliada de lunares. Aliñada de lunares. Un diseño que reclama la llegada cuanto antes del candor primaveral.

¿Qué se ha traído entre manos Kylie Jenner?