miércoles 25/5/22
Lola Flores
Lola Flores

Faraona sólo hubo una. Porque su talento y sus hechuras son irrepetibles. Faraona sólo hubo una. Porque su nervio artístico y su gracia innata son inimitables. Faraona sólo hubo una porque el universo es incapaz de reproducir de nuevo otra mujer tal. Faraona sólo hubo una legitimada para pisar las tablas de los escenarios del mundo. ¿Hablamos de Lola? ¿De Lola Flores?

Faraona sólo hubo una, de la cuna a la sepultura. De la raíz al tronco. De la incertidumbre a la cumbre. De la duda a la certeza. De la precocidad al magisterio. Faraona sólo hubo una, como un ser capaz de zarandear los códigos del arte a la española. Faraona sólo hubo una y difícilmente nazca otro coraje de vivir semejante. ¿Hablamos de Lola? ¿De Lola Flores?

De la provincia a la capital

Faraona sólo hubo una. De Jerez a Madrid (a los madriles), del localismo al centralismo, de la provincia a la capital… Y de la capital al ancho mundo. Con una bata de cola como uniforme de la pureza y con una peineta como colmena del más racial tronío. Faraona sólo hubo una. Y los adjetivos sobran porque Pemán dijo de ella “torbellino de colores/, no hay en el mundo una flor/, que el viento mueva mejor/ que se mueve Lola Flores”.

Ese abanico que anticipa -que pregona y preconiza- la identidad del genio, la genialidad de lo identitario, porque ella es la Lola, señores, la Lola de Jerez de la Frontera. Gracia y salero, la Lola de España y que se mueran los feos, “como yo no hay más que una”. Por si no lo sabían. Faraona sólo hubo una. Cabeza gitana, tacones de lamento, expresión racial.

La copla no se pierde

Faraona sólo hubo una, folclóricas unas pocas e intérpretes de la canción española bastantes más. Hubo una época -el tardofranquismo y la irrupción de la movida madrileña- en la que parecía que la copla tocaba fondo, casi al borde de catalogación peligrosa: la de considerarse por algunos críticos posmodernos en género al borde la de desaparición. Pero Andrés ni por ésas.

Faraona sólo hubo una. Sí en efecto. Y por supuesto que hablamos de Lola, Lola Flores, la Lola de España, la de Jerez de la Frontera. En estos días se cumple una doble efemérides en torno a ella. A su legendaria figura. A su memoria inmortal. A su tributo de años. A su obra sonante como un cairel en mayo. Dos fechas que son muy señaladas, la primera muy sonada y la segunda todo lo contrario: ha pasado de puntillas por su propio número redondo.

Estruendo de dolor

El primero, sí, ha copado titulares de prensa: el 26 aniversario de su muerte. 26 años de aquel estruendo de dolor que conmocionó a un país entero. De aquellas colas ante el féretro. De aquellas cadenas de televisión de toda índole dando cobertura al signo de la muerte. De aquella manifestación de rendidas admiraciones de los españoles. De ciudadanos de todo el ancho mundo. De la expresión doliente de un pueblo.

Lola Flores -

El segundo, un aniversario redondo: 70 años se cumplen del estreno de la mítica película ‘La niña de la venta’. Una comedia musical de 1951 dirigida por Ramón Torrado y protagonizada por Lola Flores, Manolo Caracol y Manuel Requena. A cargo de Enrique Alarcón corrió la dirección de arte del filme. Cosechó un gran éxito. Arrasó en taquilla.

La sinopsis parte de una venta regentada por Rafael y su hija. Éste es el punto de encuentro de los pescadores, pero en realidad se trata de una tapadera de contrabando. Dos desconocidos, Juan Luis y Dimas, se infiltran en esta red con la intención de acabar con ella. Asimismo existe un amor -un amor prohibido en toda regla-  entre la hija y el sobrino de ventas rivales.

Dos efemérides en torno a Lola Flores recuerdan a la faraona de Jerez