Hallan un cadáver con la cabeza arrancada del cuerpo
Todo apunta a que su propio perro lo atacó después de fallecer
Un hecho muy amargo. Demasiado desgarrador. Que hiere la sensibilidad. La visual y la emocional. La Policía Nacional investiga la aparición del cadáver de un vecino de Vigo, fallecido en su domicilio aparentemente por causas naturales. Aparentemente, sí. Pero, eso sí, cuyo cuerpo presentaba un aspecto que los agentes que se personaron en el lugar describieron como «muy desagradable».
Y es que el hombre, de 69 años, estaba tumbado en suelo con parte de la cabeza desgajada del tronco, por lo que se cree que su propio perro, de la raza Border Collie, lo atacó tras fallecer devorando las partes blandas. Estas sospechas no son infundadas. Ni infundadas ni tampoco expresadas a la ligera. No se trata de una mera hipótesis. De un mero titular.
Porque, a tenor de las palabras del Comisario de Vigo, Luis Gallego, la inspección ocular realizada por los agentes que acudieron a la vivienda de este hombre, en la parroquia de San Andrés de Comesaña, apunta a que la muerte se produjo por causas naturales hace unos días, y no había indicios de que hubiera sido violenta. Ningún indicio.
No obstante el cuerpo se encontraba parcialmente mordido por el propio perro de la víctima, en una «escena desagradable», según ha apuntado el responsable policial. Así las cosas, ha añadido, la Policía está a la espera del informe de autopsia para confirmar las causas del fallecimiento.
«Ha sido una muerte natural que, por desgracia no es la primera vez ni será última, personas que viven solas y fallecen. Éste llevaba mínimo tres o cuatro días muerto y tenía un perro en casa, por eso la escena era desagradable», ha explicado Luis Gallego. Una muerte no extrañada por nadie. Una ausencia no reclamada. Un fallecimiento que pasaba desapercibido ante la realidad circundante.
Ni los vecinos ni ningún familiar de la víctima detectaron su ausencia hasta que, pasados unos días desde la muerte, los policías acudieron a su vivienda. No se trata, desafortunadamente, de un caso aislado. De un caso al margen de circunstancias que están a la orden del día.
A los datos contrastados nos remitimos. El suceso de Vigo no es primero de estas características que se produce en la Comunidad gallega, donde 121.500 personas mayores de 65 años residen en la más estricta soledad. Triste pero cierto. Hace solo unos días, un vecino de Ferrol vello fue localizado en su casa, en avanzado estado de descomposición, después de que los vecinos alertasen a la Policía de que llevaban cerca de un mes sin verlo.
Es precio un análisis de este tipo de tragedias en solitario. Otro de los casos más traumáticos, más patéticos, tuvo lugar hace un par de años en la localidad coruñesa de Culleredo. Un buzón desbordante y un coche cubierto de polvo dieron la voz de alarma siete años después de que se le hubiese perdido la pista a una vecina de 56 años que vivía sola…
Sí, siete años después, que se dice -se escribe- pronto. Cuando los agentes entraron en su piso se encontraron su cuerpo momificado. En el conjunto del país, más de un millón de mayores viven solos o en compañía, únicamente, de sus animales. Animales queridos que, quizá, después de la muerte no lo sean tanto.
