miércoles 18/5/22

Decapitado por una roca de 300 kilos

Pompeya sigue deparando sorpresas de última hora

Parece que todo estaba visto ya… en Pompeya. Muchos hemos visitado su grandeza histórica, arqueológica, mágica… de tan deslumbrante sitio.

Pompeya es un punto y aparte en la experiencia personal de quienes pisan su territorio. Su enlace y su entronque con el ahora y el pasado. Una carácter retrospectivo que deslumbra y asombra sobremanera. Una visita que marca y que incluso imprime carácter.

Pues bien: las últimas excavaciones que se están llevando a cabo sobre las ruinas de Pompeya nos han deparado no pocas sorpresas.

Quizá la más llamativa es la que titula esta pieza periodística. Centrada, sí, en un esqueleto. Que perteneció a un hombre que murió procurando escapar -en balde- de la gran furia del volcán y que de hecho tuvo una muerte horrible: fue decapitado por una roca de nada más y nada menos que trescientos kilos de peso.

Una roca que además de arrancarle de cuajo la cabeza… también, de una vez, le aplastó el pecho. Los estudios y análisis han revelado que responde a un hombre de unos treinta años de edad.

A más inri padecía una lesión en una pierna: una discapacidad causada por una infección que posiblemente incluso le impidió escapar del final de sus días.

Otro hallazgo triste: la aparición de los restos de un niño de aproximadamente siete años de edad que, intentando buscar refugio en baños públicos, murió a buen seguro asfixiado por la nube de cenizas.

Recientes trabajos de excavación también han descubiertos -muy bien conservados- los restos de un caballo igualmente muerto por los azotes infernales de la erupción

Decapitado por una roca de trescientos kilos
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