jueves. 18.08.2022
Isabel Pantoja
Isabel Pantoja en una foto de archivo

Queramos o no, un famoso, un artista, no deja de ser, empresarialmente, una marca. Por ejemplo Isabel Pantoja. Una marca que produce beneficios. Una marca que es imagen. Pero no imagen corporativa, como identidad visual, que también, sino imagen en toda su amplia significación del término. Imagen de la empresa que es imagen física del artista.

En el mundo empresarial la marca está muy asociada a la reputación. Al prestigio. Es cuanto técnicamente viene a denominarse valor de marca. Que incluye el plus creativo, el hecho diferencial, las porciones de excelencia que distinguen al producto. El producto de Isabel Pantoja es/son su voz, su música, sus canciones…

Cuando la marca es personificación

 

Cuando la marca se basa en la personificación propiamente dicha del artista entonces ha de cuidarse muy mucho los pasos que se dan -o no se dan- en el marketing de la entidad. Y, sobre todo, en la Comunicación. A través de la Comunicación se potencia el producto, se expande, pero igualmente se asocia a un mensaje y sobre todo a un tono.

Comunicación que a su vez también es publicidad y, en derechura, relaciones públicas. Las relaciones públicas son esenciales para la buena puesta en el entorno social, en el ámbito nacional e internacional, de un artista. Se trata, a no dudarlo, de profesionalizar el modo de contactar y de gestionar porciones comunicacionales

El catón de las buenas formas

 

Por esta regla de tres, que es el catón de las buenas formas, muchísimos periodistas del género del corazón -léase prensa rosa- se preguntan, y no sin falta de razón, el porqué Isabel Pantoja no tiene contratada una Agencia de Comunicación -que a su vez lo sea de Publicidad, Marketing y Relaciones Públicas- de cara a sí misma, a la empresa que ella es, a la marca que ella representa. Y encarna.

La ciencia avanza que es una barbaridad. También las ciencias de la información. No digamos nada del marketing y su tótum revolútum en la presente y omnipresente Era Digital. Isabel Pantoja no puede llevar su carrera ya de un modo más o menos artesanal, más o menos personal, más o menos al dictado de andar por casa.

El toma y daca con los medios de comunicación

 

No se la conoce a la tonadillera ninguna agencia que lleve su imagen. Que gestione las relaciones, el contacto, el toma y daca con los medios de comunicación. ¿Quizá sí? ¿O es seguro que no? La reputación, sí, se demuestra encima del escenario, de los escenarios, y ahí Isabel es una cantante, una cantaora, a la que nadie puede poner ningún pero. Ninguna cortapisa. Ninguna objeción.

Ahora bien; hay un algo -que es un mucho- en la actual carrera de la Pantoja que hace más aguas que el Titanic en sus instantes de mayor deriva. De menor control. De inminencia del descenso al vacío de una común crítica negativa. De un asomo de desconfianza externa.

Problemas que no se resuelven

 

¿Todos los problemas de Isabel Pantoja no estarían resueltos si de veras se hubiese rodeado de principio por buenos profesionales? Y decir resueltos es ser pesimistas de antemano porque posiblemente no se hubiesen generado y, por ende, ni hubiese sido necesario resolver problemas que jamás germinaron.

Se dice por activa y por pasiva que Isabel Pantoja ha estado mal asesorada por su hermano Agustín -léase estos días tito Agustín-. Se supone y presupone que Agustín asesora lo mejor que puede y alcanza. ¿Pero sabe profesional y técnicamente de todas las disciplinas aquí expuestas? La buena voluntad a veces no garantiza el éxito de los resultados.

¿Debe Isabel Pantoja profesionalizar su propia marca?
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