martes. 28.06.2022

Juan José Padilla y David Galván abren la puerta grande de La Línea

Crónica de la corrida de la Velada y Fiestas de 2017

Plaza de La Línea de la Concepción (Cádiz), sábado, 22 de julio de 2017. Corrida de la Velada y Fiestas, organizada por Curro Escarcena. Cielo despejado con algo de brisa. Media entrada. Ameniza la Banda Municipal “Ciudad de La Línea” dirigida por Diego de la Flor.

Se lidiaron dos toros de la ganadería de Carlos Núñez y cuatro de Salvador Domecq (que pastan en Tarifa y en Vejer de la Frontera), desiguales en presentación y juego. En el arrastre, el primero recibió palmas y el tercero, palmitas.

Juan José Padilla, media estocada y descabello; silencio.  Dos pinchazos y gran estocada; dos orejas.

Manuel Jesús El Cid, media que basta; una oreja. Pinchazo sin soltar, pinchazo hondo y descabello; ovación saludada desde el tercio.

David Galván: estocada honda delantera y estocada honda en su sitio; oreja. Estocada honda traserilla que basta; dos orejas y rabo.

Incidencias: al final de la corrida Padilla y Galván salieron a hombros por la puerta grande.

En una plaza donde se pensaba que podía darse el caso de que no hubiera toros este año para celebra un nuevo aniversario de la fundación del municipio, la tarea de organizar deprisa y corriendo una corrida que estuviera a la altura no era apta para cualquiera.

Las cosas de la política nos obligan a ver lo que no es normal, con tanto paso adelante y paso atrás, pero al menos hubo cita taurina, y que no falte, como no faltaron las bellezas linenses en el palco de debajo de la presidencia. Algo de público sí faltó en la zona de sol y será cosa de pensar en otra ocasión si se puede retrasar la hora de inicio, para combatir la calor en estas fechas.

Juan José Padilla, que vestía de sangre de toro y oro, a su primero, montado y acapachado que se refrena, no quiso verlo y lo saludó desganado; con la puya fue bien cogido pero Alventus fue pitado; el maestro renunció a salir en banderillas y el público protestó pero Duarte estuvo bien en sus dos pares; la faena se redujo a un macheteo por la cara y nada más, entre pitos de disgusto; en la estocada el torero ejecutó saliéndose ampliamente de la suerte.

En su segundo, chorreado, enmorrillado y con patas, hubo, ahora sí, un gran recibo con cuatro largas cambiadas de rodillas seguidas de verónicas asentadas y una revolera que levantaron una ovación a éste que sí era el Padilla habitual; también fueron aplaudidas las chicuelinas al paso que llevaron el toro al caballo, donde hubo puya fuerte tapando con pitos para Jaén; el quite variado, por faroles, navarras y serpentina, también fue muy aplaudido; los palos Juan los puso al cuarteo, de dentro afuera y al violín. La faena empezó con cinco pases de rodillas en tablas y continuó con dos tandas en redondos rematadas en desplante; por la izquierda, con ayudados, el animal se va quedando y con la derecha vamos a las cercanías, a los rodillazos y desplantes ciclónicos, sin muleta y de rodillas; el público estaba ganado y le animó cuando usaba los aceros.

El Cid, que vestía de azul pavo y oro, a su primero, anovillado, lo lanceó sin convencimiento y en el caballo le picaron algo caído, con protestas; Sánchez Araújo, que sustituyó a Pirri, puso un buen par. La faena inició con tanda de doblones y siguió con dos tandas a derechas, las tres aplaudidas; un molinete inició una serie en redondo terminada con el teléfono (pero teléfono de los antiguos); por la izquierda, aunque el toro no va franco, remata con lucimiento; por la derecha, de nuevo, se va quedando y termina con rodillazo y abaniqueo. En la vuelta triunfal se dedica, él, ya un veterano, a firmar autógrafos, costumbre moderna en la que no se dan cuentan los toreros que renuncian al protagonismo bien ganado y se lo regalan tontamente al coleccionista maniático.

En su segundo, veleto y escobillado de salida, hay verónicas avanzando, antes de que en el caballo veamos por única vez dos puyazos, pero uno es barrenando y el otro es recargando; los palitroques se ejecutan bien, luciéndose Lipi. La faena se brindó al público pero se quedó sólo en un trasteo por abajo y dos tandas a un mirón que pegaba tornillazos, acabando con una de aliño que incluía el “jeringazo”.

David Galván, que vestía de salmón y oro, a su primero, con brocha en el pitón derecho de salida, lo lanceó sin terminar de cuajar; la puya se ejecutó al relance y tapando la salida pero se aplaudió, aquí no pasa nada; el quite vino por chicuelinas con una revolera deshilachada; los tres pares estuvieron bien, luciéndose Núñez. La faena, brindada al público, comenzó por doblones y siguió con una tanda a derechas en la que David fue cogido sin consecuencias; tras rehacerse viene otra tanda buena y en la siguiente el toro hace por cogerlo de nuevo; hay otra tanda y al rematar se vuelve a colar poniendo en apuros; vemos otra esforzándose y bien rematada de pecho; el animal se pone muy pegajoso al prepararlo para matar; en la vuelta triunfal volvemos a ver firma de autógrafos, cuando algunos queremos ver la dignidad que saludando lucían Bienvenida o el Viti.

En su segundo, burraco, engatillado y que sale con patas, el saludo fue con lances a pies juntos y larga natural, aplaudidos; la pica, duradera, se puso en los medios y tapando, de lo que el bicho sale doblando las manos y con el pitón izquierdo destrozado; las banderillas estuvieron sólo regular. En el inicio vimos una gran serie para seguir con dos series bajando la mano y, aunque le respondían protestando con tornillazos, el torero obligaba; con la izquierda vino una sucesión de tres tandas de dominio, con pases largos sin colaboración del animal, arrimándose lo indecible, mirando al tendido y el otro acabó aceptando; por la derecha finalmente salieron los circulares, indefectibles, aplaudidos y el toreo por alto con algún molinillo, que sobraba.

Sobró más de un trofeo pero los dos toreros de la provincia salieron por la puerta grande y luego se recrearon saludando a los muchos aficionados que se arremolinaban en torno a los coches de cuadrillas. Ése sí es el momento de firmar autógrafos. También éste es el momento para nosotros de firmar (la crónica) y terminar.

Juan José Padilla y David Galván abren la puerta grande de La Línea