lunes 2/8/21

Dos pañuelos simultáneos en los toros

Dedicado a Jerónimo Cornejo Barrera

Pañuelo blanco
Pañuelo blanco

Recuerdo una feria taurina de Jerez de la Frontera de hace unos años en la que tuve la suerte de presenciar la corrida en que José Tomás, con una plaza abarrotada, había realizado la según algunos mejor faena de aquella su segunda etapa como matador. 

Después volví a verlo en el mismo coso (y con igual suerte), pero me referiré sólo a la primera ocasión. Ahora bien, no voy a hablar de la faena a su primer toro. Tampoco voy a hablar de la faena a su segundo, en que resultó cogido dos veces, y una de ellas casi fatalmente, sino que me ceñiré, en éste, a un detalle no comentado en círculos especializados. 

“Por Dios, señor presidente,
saque ya usted su pañuelo,
por ver quién es más valiente,
si Lagartijo o Frascuelo.”

(letra flamenca)

La plaza estaba predispuesta, decidida a ver triunfar a José Tomás, y el ambiente era propicio para sentir como grande lo que se veía en el ruedo. Hubo desde luego una gran faena, ya está dicho, y la estocada hizo que el toro cayera a la primera.

Enseguida los tendidos se llenaron de pañuelos blancos pidiendo el premio, entre el entusiasmo general; yo también saqué el mío. En esto, el presidente va y saca con presteza dos pañuelos a la vez y los deja colgando del balcón. 

Dos pañuelos simultáneos

Enseguida me pregunté por qué hacía eso; me contesté a mí mismo que pensaría conceder el rabo a poco que el agitar de pañuelos continuara con una cierta persistencia. Me equivoqué. Continuaba el agitar de pañuelos, ahora en petición de rabo, pero por mi parte guardé el mío.

El presidente se resistía aunque la petición seguía, con gritos de protesta por la tardanza en sacar el tercer pañuelo. Definitivamente no hubo otro pañuelo y mientras las mulillas arrastraban el toro se desató una bronca monumental. 

Uso incorrecto de los pañuelos

Sé que ese hábito de sacar dos pañuelos simultáneos no es insólito entre los presidentes de festejos taurinos. Incluso en alguna plaza de campanillas hay uno que practica tal hábito y presume de él como un supuesto distintivo de sus conocimientos tauromáquicos, acompañados de su fama de cabezón.

Además, como la televisión reparte por todos sitios las cosas buenas y también las malas, tal hábito se extiende entre presidentes que ofician en plazas de toda laya o que intervienen en un solo festejo en su vida, o que son nombrados por un alcalde amigo y van a presidir la primera corrida que han visto nunca. Por ello, me parece que debo extenderme en recordar aquella faena de José Tomás y en el detalle de aquellos dos pañuelos.

Considero que el presidente actuó incorrectamente al sacar los dos pañuelos simultáneos; creo que se debe sacar primero un pañuelo y el siguiente, después, cuando hayan transcurrido unos segundos de renovada petición. Tras la vuelta triunfal del torero el presidente oyó otra bronca y una tercera cuando al final de la corrida las cuadrillas abandonaron el ruedo.

Por la noche, en una tertulia, ese presidente tuvo la gallardía de asistir y le manifesté mi parecer. Le adelanté que mi opinión era contraria al rabo. La baso en que la res no tuvo unas condiciones excepcionales; los pases estuvieron mayoritariamente viciados de alcances, sobremanera en el jaleado quite por gaoneras; en la muleta, cuyo destaquillador estuvo siempre cogido por el extremo, abundaron los pases de uno en uno y, en fin, la estocada, fundamental para determinar la concesión, no fue buena por tendida y ligeramente trasera. 

Mala interpretación del reglamento

Estos motivos no se los explicité en voz alta, de la misma manera que él tampoco me explicitó los suyos (ni a mí ni creo que a nadie). Es posible que hubiera confundido el poder sacar dos pañuelos simultáneos con el sacar un primer pañuelo y no guardarlo cuando se saca el segundo, en caso de conceder las dos orejas.

Sin embargo, empezó diciéndome que estaba bien lo que había hecho porque el reglamento no lo prohíbe. Entonces tuve que justificarle mi parecer. Es incorrecto sacar dos pañuelos simultáneos por dos razones; una es que significa entender mal el reglamento taurino y otra es que muestra desconocimiento de la psicología de masas. 

Como primera razón, ha sido una mala interpretación del reglamento taurino porque, según éste, la segunda oreja quedará a criterio del presidente, que deberá tener en cuenta la petición mayoritaria. Imagínese usted, lector, que al sacar el presidente el primer pañuelo todo el público se hubiera dado por conforme, guardando los suyos tras el otorgamiento de una oreja; nos encontraríamos entonces con que el presidente ha concedido la segunda (con el segundo pañuelo simultáneo) a su exclusivo criterio y sin tener en cuenta la petición mayoritaria.

Puede ser también que una parte del público (entre la que yo por ejemplo me encontraba) guardara su pañuelo y otra no; ahí entraría el cálculo del presidente para ver si era mayoritaria la petición, cálculo que no debe hacerse a la ligera.

Pañuelos del presidentePañuelos del presidente

Se puede pensar que el reglamento no prohíbe sacar los dos pañuelos simultáneos pero a eso se puede contestar que tampoco lo autoriza; simplemente no lo contempla y de una interpretación con sentido común se saca que no es su intención autorizarlo. Ello es sin entrar en una cuestión general de que, si para el ciudadano "lo que no está prohibido está permitido", para el gobernante "lo que no está permitido está prohibido"; y en ese momento cada uno de los componentes del público respetable es ciudadano y el presidente del balcón es gobernante. 

Psicología de masas y ritual

En cuanto a la segunda razón, ha mostrado que no domina la psicología de masas, porque tenía decidido desde el primer momento no conceder el rabo y sin embargo, al sacar rápidamente los dos pañuelos simultáneos, ha estimulado o provocado que los pañuelos, por ser abundantes, tardaran en remitir y fuera más intensa la petición del tercer trofeo de lo que podría haber sido de la otra manera.

Es decir, si se resiste a sacar el segundo, cuando lo haga tendrá ya agotados a muchos espectadores, que acabarán guardando su pañuelo en el bolsillo, tanto por cansancio como por ver que el presidente es duro de pelar. Al no ser así la gente se frustra ante un criterio poco claro. De esta manera, la bronca, sin merecerla, es algo que él mismo se ha buscado. 

Sé que no es éste el único error que un presidente puede cometer al manejar el pañuelo. Más de una vez he visto cómo, ante una petición de trofeo clamorosa, el usía de turno se pone nervioso y saca su pañuelo antes de que el matador se acerque al palco para saludar, estoque en mano, y le informe que ya ha cumplido con su cometido de matar al toro. ¿Cómo puede conceder una oreja antes de saber oficialmente que la faena ha terminado? Se falta el respeto a los tiempos y esto rompe el ritmo de un espectáculo que tiene mucho de ritual. El rito se compone de orden en cada paso y sin rito la corrida de toros se convierte en algo adocenado; pierde su encanto, su misterio, su valor.

Un pañuelo, una orejaUn pañuelo, una oreja

Otro error es el que apunté antes, cuando hablé de sacar un primer pañuelo y no guardarlo cuando se saca después el segundo, en caso de conceder las dos orejas. En efecto, ahí considero que lo adecuado (aunque no está escrito) es que si se termina concediendo las dos orejas conviene mantener a la vista del público el primer pañuelo una vez que se ha sacado el segundo, para que el público vea los dos a la vez.

Esto no tiene nada que ver con sacar dos pañuelos simultáneos. Igualmente, si se acaba concediendo el rabo lo conveniente es que el público pueda contemplar tres pañuelos blancos colgando juntos del balcón presidencial. Viene a cuento porque no son infrecuentes las ocasiones en que un presidente saca un pañuelo para conceder una primera oreja y lo guarda rápidamente, tan rápido como un abrir y cerrar de ojos.

Puede ocurrir que después se vea en la situación de conceder la segunda oreja y saque un segundo pañuelo (o materialmente el mismo por segunda vez) de manera que puede llegar la confusión.

Sentido común y mano izquierda

Sí, porque en esos momentos de alboroto, de voces, de comentarios con el compañero de localidad, es comprensible que más de un espectador no mire al palco y no se percate de ese movimiento rápido, de manera que, al ver el que ese segundo pañuelo, piense que es el primero y pretenda seguir pidiendo involuntariamente un nuevo trofeo. Se viene a la mente el recuerdo de un presidente un tanto estrambótico que se lucía en la Plaza Real.

Si en un toro anterior había concedido una oreja con rapidez nunca vista, en el siguiente, aunque la petición fuera más fuerte se resistía lo indecible pero al final tiraba del pañuelo personal, del bolsillo de su chaqueta, y, tras un ampuloso movimiento de brazo en arco peraltado, lo mostraba al personal para recogerlo en un santiamén. Nunca debiera sobrar el sentido común para regir los comportamientos.

El diestro Jose Tomas vuelve a torear a Las Ventas, tras seis a¿os de ausencia, logrando una hist¿rica faena en la que cort¿ cuatro orejas y salio por la Puerta Grande. Foto: Antonio Heredia Foto: Antonio Heredia

Volviendo a la tarde de José Tomás, sobre la negativa a la provocada petición de rabo, por si fuera poco, se impidió que el toro, durante el arrastre, recibiera una ovación que quizás merecía, y que no recibió porque, en tanto, el público estaba concentrado en obsequiar la bronca al presidente. Por ese lado no debió quedar muy contento el ganadero. O sea, digamos que aquel presidente tuvo poca mano izquierda. Él terminó reconociéndome que "es posible que tengas razón".

Dos pañuelos simultáneos en los toros