jueves. 18.08.2022

En El Puerto Perera deja una faena para el recuerdo

Crónica de la Segunda de la Temporada de Verano 2018 de El Puerto de Santa María

En El Puerto Perera deja una faena para el recuerdo

Crónica de la Segunda de la Temporada de Verano 2018 de El Puerto de Santa María

Plaza de El Puerto de Santa María (Cádiz), domingo,5 de agosto de 2018. Segunda corrida de la Temporada de Verano 2018. Cielo despejado con algo de brisa poniente. Media entrada. Ameniza la banda de música “Maestro Dueñas”, dirigida por Javier Alonso. Preside Olga Pérez.

Se lidiaron seis toros de La Palmosilla (que pasta en Tarifa), con pesos entre 500 y 570 kilos, bien presentados en general y de juego desigual. En el arrastre, el tercero fue ovacionado; el quinto y el sexto, pitados.

David Fandila El Fandi, honda tendida; una oreja. Entera traserilla y aviso; una oreja.

Sebastián Castella, media en lo alto; ovación saludada desde el tercio. Honda caída al hilo de las tablas; ovación desde el tercio.

Miguel Ángel Perera, estoconazo; dos orejas. Puntillazo sin usar el estoque por acostarse el toro a su (falta de) voluntad; silencio.

Incidencias: una pancarta de la Juventud Taurina Jerezana lució toda la tarde en balconcillos. Entre las cuadrillas, fueron aplaudidos los picadores José Doblado, en el quinto, e Ignacio Rodríguez, en el sexto; José Chacón se destacó lidiando en el segundo y pareando en el quinto; Javier Ambel se desmonteró tras parear en el tercero. El Fandi y Miguel Ángel Perera salieron a hombros por la puerta grande.

La segunda tarde veraniega de toros portuense seguía ofreciendo calor a pesar de la hora retrasada del comienzo. Los toreros eran viejos conocidos de la afición pero, en concreto, Perera venía con la vitola de haber indultado la víspera un toro de Torrealta en Huelva. El cartel era solvente aunque el público prefiere los sábados.

El Fandi, de obispo y oro, a su primero saludó de rodillas con larga cambiada pero al lancear echaba las manos por delante y lo dejó en los medios con cambiada de mano baja (pase moderno e inútil); tras un puyazo de barrena y tapando la salida hubo un aplaudido quite por chicuelinas y serpentina y el maestro mismo se lo llevó a punta de capote; después pareó a la moviola, al cuarteo y al violín desde el estribo, jugando con el toro hasta quedarlo parado. Tras brindar al público, inició faena en tablas por alto dejándolo en el tercio, para seguir con tanda en redondo; por la izquierda no había colaboración y puso todo de su parte; de nuevo a la derecha, tras molinete y cite de frente hay punteo, pérdida de manos, paradas, rematando con martinetes toscos; de nuevo a izquierda y otra vez a derecha hay insistencia del torero, con alguna serie apreciable y más recursos de la casa, acabando en abaniqueo. La vulgaridad reventó con el alguacilillo corriendo tras las mulillas, sin prestancia, buscando un trofeo así como con la firma de autógrafos durante la vuelta (Dios mío, qué figuras).

En su segundo, abrochadito, el saludo fue largo, compenetrándose con el toro, y lo llevó por chicuelinas al caballo, donde hubo puya desordenada; el quite fue variado (lopecinas, chicuelinas, tafalleras, revolera invertida…); el maestro, en los palos, hizo molinillo y cuarteos en los medios, con mucho y poderoso juego de recorte. Inició faena en tablas de rodillas y luego por alto para seguir en los medios con serie bajando la mano; la izquierda, citando de frente, fue breve y, de nuevo por la derecha, siguió con sus recursos, mirando al público fuera de cacho, de rodillas, martinetes, abaniqueos, desplantes sin muleta, comunicando con el público, y finalmente las manoletinas rematadas por bajo y con pectorales; o sea, todo.

Sebastián Castella, de fucsia y oro, a su primero, algo acapachado, lo lancea en el tercio aunque no logra que se entregue; la puya y la pelea son malas pero el quite por chicuelinas de mano baja compensó. En el inicio de faena, por doblones, ya perdió el bicho las manos; siguieron tres tandas en corto con toreo vertical y paradas; por la izquierda la tanda fue única pero buena y a diestra se va quedando, por lo que El Gallo renunció a insistir.

En su segundo, justito de trapío, el saludo hacia adelante remató en dos medias y una larga natural; el picador José Doblado fue derribado dos veces con peligro pero se sobrepuso toreramente y el público lo premió con ovación; el quite, por chicuelinas, media y revolera tuvo altura. Tras brindar al público, empezó por estatuarios en los medios y en las dos series siguientes ya vimos parones, punteos a la tela y dobladas de manos; a la izquierda el toreo fue de uno en uno, aguantando la desgana del animal; a diestra vimos dos series más, con mucho peligro sordo en cercanías hasta que se fue a tablas.

A. Perera, de plomo y oro, en su primero, colorado y algo lavadito, hubo un buen recibo bajando las manos, acabando en media y revolera; la puya, mal cogida, no abusó pero el quite por chicuelinas y revolera fue muy aplaudido; Ambel, el rehiletero, puso a todo el público en pie. La faena, brindada al público, empezó en la boca de riego con dos cambiados por la espalda y siguió con dos grandes tandas de cite largo y mano baja, con solemnidad en los pases de pecho; cierto es que el toro colaboraba a lo grande; dos tandas por la izquierda mostraban la mano poderosa que levantó exclamaciones en los tendidos; de nuevo por la derecha, ya el animal se siente vencido y amenazó con rajarse, por lo que había que consentirlo una enormidad para retenerlo; la muerte fue espectacular y la faena, de recuerdo.

A su segundo, enmorrillado que sale suelto, lo lanceó genuflexo mientras avanzaba para cerrar con una revolera despaciosa, al estilo ordoñista, que había practicado el día anterior en Huelva; el quite por Saltillo fue muy aplaudido (hasta ahora el mejor capote visto ha sido el venido de Puebla del Prior). Brindó al futbolista Joaquín e inició en el tercio por bajo, siguiendo con dos tandas correctas a un toro rebrincado; por la izquierda sólo hubo una de uno en uno; por la derecha otra vez se negó la colaboración y el bicho se fue a tablas a acostarse; lo levantaban y vuelta (cinco veces se acostó, la última en toriles) imposibilitando el uso del estoque; no era precisamente un toro de casta.

Terminó bien la tarde. Mientras paseaban a Fandi y Perera a hombros, una nube de jóvenes saltó al ruedo para acompañar a los toreros, una costumbre que lleva ya algunas temporadas en El Puerto. El calor emocional continuó fuera de la plaza, mientras el personal del granadino, y él mismo, desde la furgoneta de cuadrilla, repartían y repartían afiches, selfies y autógrafos. Ahí que firme todos los que quiera.

En El Puerto Perera deja una faena para el recuerdo