martes. 05.07.2022

Puerta Grande en Jerez para Fermín, Pablo y Guillermo

Crónica de la Primera de la Feria del Caballo 2018

Jerez de la Frontera (Cádiz). Jueves, 10 de mayo de 2018. Primera corrida (de rejones) de la Feria del Caballo 2018. Día soleado, sin nubes, con algo de viento poniente. Entrada de cuatro quintos del aforo. Ameniza la banda “Acordes de Jerez” dirigida por Domingo Díaz. Preside José Luis Carrero. En el paseíllo se lucieron los caballos llamados Lío, Alquimista e Impaciente.

Cuatro toros y dos novillos de Fermín Bohórquez, los primeros con pesos entre 445 y 475 kilos y los segundos con 450 y 440 kilos; bien presentados, incluso los novillos parecían toros.

Fermín Bohórquez: rejón entero; una oreja. Rejonazo que descuerda y rejón en lo alto; una oreja.

Pablo Hermoso de Mendoza: rejonazo en dos tiempos contrario y algo caído que basta; dos orejas. Rejonazo en lo alto de efecto rápido aunque con algo de vómito; dos orejas.

Guillermo Hermoso de Mendoza: rejonazo al segundo intento y tres intentos de descabello pie a tierra; ovación saludada. Rejonazo al segundo intento con efecto rápido.

Incidencias: tras la muerte del último burel un subalterno de Guillermo se chocó con el caballo Pirata que galopaba suelto hacia la salida, no pasando la cosa a mayores. En el cuarto toro la intervención de dos cantaores espontáneos en el tendido demoró innecesariamente la ejecución de la suerte suprema, alterando los ritmos del espectáculo con esta moda innecesaria que va a más. Los tres rejoneadores salieron a hombros por la puerta grande.

Se pudo recuperar la corrida del bello arte del rejoneo para la Feria del Caballo y esperamos que lo del año pasado sea una excepción que no se vuelve a repetir. La novedad la aportaba la presentación en esta plaza de Guillermo, el hijo de Hermoso de Mendoza, que, tras actuaciones en plazas de tercera (Estella y Mejanes), una vez placeado en Méjico con veinticinco actuaciones este invierno, se dispone a pisar las plazas de categoría mayor, de momento lidiando con novillos, pero, eso sí, utilizando las estrellas de la cuadra de su padre. Tal evento se ha subrayado con la vuelta especial, en su plaza, de Fermín Bohórquez, oficialmente retirado. Pablo, por demás, no hay que explicar que es un atractivo en sí, con su historial jerezano, veintiuna actuaciones y diecinueve puertas grandes en la calle Circo.

Bohórquez, a su primero, que salió con patas, lo recibió sobre Kenia y le puso sólo un rejón, como sería la tónica de la tarde, un rejón de castigo por animal; bajo las notas de su propio pasodoble, banderilleó sobre Lío, dejando dos banderillas en lo alto y dejando caer la tercera, e Irak, con el que administró un par a dos manos, trabajado y aplaudido, y luego otro mejor situado, por más delanterito; reservó a Nuno para el último tercio con tres cortas, tres que son muchas, y un rejón de muerte efectivo.

En su segundo, al principio corretón pero luego remiso y parado, utilizó para la salida a Gallo, hijo del caballo de mismo nombre, ya retirado, que pertenece a Pablo Hermoso, y luego con Bohemio calentó al público con las corvetas para citar y puso cuatro banderillas aunque la última cayó; con Melero puso un par a dos manos y luego otro pero el toro ya estaba parado; volvió a sacar a Irak, esta vez para el último tercio, y con ejercicios de piafé colocó dos cortas aunque la segunda cayó al momento, siendo entonces cuando empezó una fandango espontáneo y luego le siguió otro, que hizo parecer aquello un concurso de cantes, con el caballo mirando al tendido y el toro, también (se ve que la música de la banda de Domingo no es suficiente); en el primer rejonazo el cornúpeta se descordó, lo que no fue obstáculo para la concesión del trofeo ya dicho.

Pablo, en su primero, cuellicorto, berreón y abanto, montó al morcillo Alquimista para parar; usó en banderillas a Extraño, con el que formó alboroto al salir templando de la primera y al salir de la segunda toreando con la grupa, y Gudari, para dos nuevas banderillas muy aplaudidas; en la última fase sacó a Hiato, sobre el que puso tres cortas que hicieron que el toro se entablara y aunque lo sacaron al tercio estaba ya muy aplomado.

En su segundo, que salió suelto, utilizó de salida a uno de los nuevos caballos llamado Sherpa, que se empleó en encelar aunque el toro se rajó ya ahí, quedando el rejón trasero; para levantar al público otra vez tenía a Berlín, primer westfaliano dedicado al rejoneo (por tanto, es un caballo experimental) y con él templó a dos pistas y toreó con la grupa tras la primera banderilla, siguiendo una segunda que preludió a unas hermosinas muy jaleadas, mientras sonaba el pasodoble “Roldán”; con el cruzado Dalí se movió en los medios citando con posadas antes de clavar, lo que gustó mucho al respetable; para finalizar Bacano fue el colaborador a la hora de las cortas, tres, a un emplazado y dio lugar a un alarde de doma.

Guillermo, en su primero, corretón pero suelto, paró con Napoleón, tras brindar a un subalterno, recortando entre aplausos antes de un buen rejón y volviendo a avanzar de frente y a recortar; con Disparate, la estrella, mostró las carencias lógicas de joven jinete y se dejó alcanzar alguna vez sin llegar a extraer todas las posibilidades de tan capaz caballo, dejando dos banderillas algo caídas y sin practicar la hermosina que su padre creó con este animal; sobre Donatelli citó con corvetas para dos banderillas a un toro ya aplomado, del que salía con piruetas; para el remate, otro de los nuevos, Jabugo, que ayudó en las tres cortas y los adornos con teléfono.

En su segundo, también suelto de salida como sus hermanos, principió con Churumay, sobre el que brindó al público, encelando al toro con parsimonia antes de un rejón en lo alto pero un subalterno provocó una vuelta de campana al toro; con Brindis hay quiebro en la primera pero al siguiente cite el burel cae a todo lo largo y se niega a colaborar; el bayo Ícaro pone su habitual valor citando con sus pechos y el toro vuelve a caer, aunque dejan dos arriba; el azteca Pirata, veterano y capaz de enseñar a un jinete sirvió para dos cortas, luego un par a dos manos y otro par a dos manos, jugando al teléfono con un adversario que ya no se movía.

El público se lo pasó en grande. El número de orejas fue, tal vez, excesivo, quizás correspondiente a la prodigalidad del que se encuentra en feria. No sé si eso ayuda a la fiesta, pero ¿quién se opone a la alegría desbordada? Que se oponga el presidente.

Puerta Grande en Jerez para Fermín, Pablo y Guillermo