miércoles 21/4/21

En Ubrique David de Miranda muestra su torería

Diego Urdiales y David de Miranda cierran la Gira de la Reconstrucción en la Ciudad de la Piel
David de Miranda
David de Miranda

Plaza de toros de Ubrique (Cádiz), 14 de marzo de 2021. Última corrida de la Gira de la Reconstrucción correspondiente a 2020, auspiciada por la Fundación del Toro de Lidia y organizada por la empresa Puerta Grande Granada 2012. Cielo despejado con algunas marañas. Cuatro quintos del aforo permitido por la Administración para este tipo de espectáculos durante la pandemia. Preside el concejal de Cultura José Manuel Fernández. Ameniza la Banda Municipal de Música “Juan Celdrán”.

Se lidian cuatro toros de Núñez del Cuvillo (hierro que pasta en Vejer), cinqueños y nobles, muy nobles. En el arrastre se le dio la vuelta al cuarto, de nombre Feriante, y se dedicaron palmitas al segundo.

Diego Urdiales: cuatro pinchazos, media y tres golpes de descabello, con un aviso; ovación saludada. Pinchazo, honda y descabello, con un aviso; ovación saludada.

David de Miranda: entera trasera, con aviso; una oreja. Pinchazo, entera y dos golpes de descabello; una oreja.

Incidencias: la corrida es televisada en directo por Canal Toros de Movistar. La plaza luce una guirnalda vegetal sobre el callejón, detalle que se suma a la buena presentación de los alguacilillos. David de Miranda no sale a hombros por las restricciones sanitarias.

Entrega de la llave


 

Esta última corrida de la Gira de la Reconstrucción, celebrada en domingo, no era a priori la más atractiva de las dos que se han programado para Ubrique. En los accesos a la plaza la ebullición de público no alcanza el entusiasmo del día anterior; puede ser que no haya un nombre tan esperanzadoramente renovador como el que había el día anterior pero puede ser también que es domingo y, ya se sabe, la gente quiere irse a la cama pronto porque al día siguiente hay que trabajar. Sin embargo, el nombre de Diego Urdiales es bandera de llamada para los aficionados que saben de las inclinaciones de otros toreros como Curro Romero o de Alejandro Talavante, que se declaran fervorosos seguidores de él.

Diego Urdiales, de tabaco y oro, a su primero, burraco y cómodo de cara que anda abanto de salida, le cuesta recogerlo pero, avanzando a los medios, le arrea dos lances y media recortada. En su corretear por el ruedo es picado en el caballo de puerta y sale de naja coceando, y luego Diego lo lleva muy dominado al caballo adecuado, donde recibe de lo suyo mientras sigue con las coces; hay chicuelinas para quitar e inesperadamente se va otra vez al de puerta pero el quite se logra recomponer. Los subalternos se muestran solventes con las banderillas, que lucen los colores de las banderas nacional, andaluza y riojana.

El brindis va al Cielo y en el inicio de la faena el de Arnedo tiene que fajarse hasta llegar a los medios, donde continúa con tanda a media altura, cuidadosa, que permite a renglón seguido un toreo por bajo, arrimándose y con algún molinete; por el pitón izquierdo el animal empieza a rajarse y hay que ir controlándolo pase a pase, muy toreramente, hasta las tablas. La poca colaboración del cuvillo explica el poco acierto con el estoque. Pese a las palmas, consideramos que la salida a saludar fue por cuenta del torero.

Diego Urdiales

En su segundo, colorado casi jaro, gacho y alto de agujas, hace un saludo un tanto deslucido. En el caballo empuja con la cabeza arriba y no echa sangre. Los pares transcurren sin historia salvo una parada del bicho en el tercero que se supera con aplomo. Tras brindar al público, el inicio a base de ayudados por bajo, elegantes, es aplaudido pero las dos series siguientes, en los medios, se desarrollan sin mucho asiento y el toro embiste a trompicones, entreviéndose algún pase de cartel; con la mano izquierda, ante un toro paradójicamente tardo y pegajoso a la vez, los pases tienen que ser forzosamente de uno en uno; con la derecha, de nuevo, insiste ante la cara del toro pero hay que poco que sacar y se va por el estoque.

El aviso le suena después de caer el toro al suelo. Aquí va una llamada de atención a algunos presidentes: el pañuelo de aviso no debe sacarse a la vez que el matador está moviendo el brazo con el verduguillo de arriba abajo, porque el clarinero necesita un tiempo de reacción para tocar el clarín y puede ser ya tarde (se avisa al torero de que debe entrar a matar cuando el animal ya está abatido), quedando deslucido no el torero avisado sino el presidente avisador. El sentido común es necesario en todo.

David de Miranda, de burdeos y azabache, en su primero, castaño y apretado de cuerna, ejecuta un saludo de trabajo que, lavándole la cara con el capote y tras una semivoltereta, se reduce a una media en el medio. El toro mientras es llevado al caballo da, ahora sí, una voltereta completa y luego es bien cogido pero no le sacan ni una gota; el quite se reduce también a una media.

El pareo resulta aceptable. Brinda al público y devuelve la montera al mozo de espadas (gesto que se está poniendo de moda) antes de iniciar con ayudados por alto, bien compuestos; sigue con tandas de mano baja y en redondo ante un toro que humilla pero va sin convicción; con la izquierda hay dos series, la primera jaleada con “¡bien!” de los amigos y la segunda, ahora sí, de mano baja y aplaudida por los amigos y no amigos; de nuevo a diestra, va faltando colaboración del cornúpeto, por lo que pasa, otra vez con la izquierda, a arrimarse pero con falta de emoción, por un animal que no transmite ninguna sensación de peligro; queda sólo la serie de preparación. Las palmitas en el arrastre son lo que le hace decir al compañero de localidad “¡qué cosas!”.

David de Miranda

A su segundo, mulato hondo que sale con patas, le aplica, para dominarlo, un recibo en tablas con doblones aplaudidos. Al llegar al caballo lo derriba y lo zarandea a placer durante un largo rato; el quite se compone de tres saltilleras y una revolera. A la hora de los rehiletes, no hay gran cosa; bueno, sí, porque en el último par cae una y el público aplaude.

4 Rabeando al toro

Hay un buen inicio de faena por doblones elegantes y uno de pecho bien ligado, seguido de una tanda con la mano prestamente baja; a la otra, cita de lejos para animar y los derechazos salen ligados; por el pitón izquierdo emerge el mejor toreo de la tarde, con más ligazón, mano baja y humillación en dos series que hacen sonar los aplausos a rabiar; una tanda buena también se traza ahora por el pitón derecho y vuelve a la izquierda para arrastrar la muleta por la arena sin dejar de componer la figura (torería para regalar en este ámbito serrano); tras recoger el estoque David sigue entregado y añade de propina otra gran serie y otra, mientras salen gritos de “no lo mates”. Resalta la particular forma de colocar los pies que tiene el de Trigueros a la hora de atacar para clavar el estoque.

David de Miranda

La sombra de la sierra ubriqueña cubre ya los tendidos de la plaza. Como resumen podemos decir que mucha gente ha acudido a la cita para ver a Diego Urdiales y ha salido habiendo visto a David de Miranda.

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