viernes. 19.07.2024
El Málaga CF y su afición celebrando el ascenso a Segunda División
El Málaga CF y su afición celebrando el ascenso a Segunda División

El Málaga Club de Fútbol esperaba luchar contra 14.500 gargantas que tratarían de regalarle el ascenso al Nástic de Tarragona y remar, para evitarlo, con los 528 seguidores blanquiazules que acompañarían a los de Sergio Pellicer desde lo más alto de las gradas del Nou Estadi Costa Daurada. Pero nadie sabía que la épica también estaba invitada a esta batalla en la que estaba en juego el sueño de toda una temporada.

A pesar de la distancia que separaba a aficionados y jugadores y que quería intentar frenar esa entregada y desmedida relación que tanto ha hecho posible conseguir durante toda la campaña, La Rosaleda no estaba dispuesta a quedarse callada. 11.000 seguidores del Málaga CF se trasladaron al Auditorio Cortijo de Torres de la capital y en él impusieron su propia 'mini Rosaleda'. El ambiente que allí se vivió será realmente complicado de olvidar. Para muchos, imposible.

Aficionados del Málaga CF en el Auditorio Cortijo de Torres
Aficionados del Málaga CF en el Auditorio Cortijo de Torres

La épica fue la invitada sorpresa del Málaga CF

A esto se sumó el final de partido que tuvo lugar en tierras tarraconenses. Antes de ese desenlace, el auditorio se llenó de lágrimas y un silencio que, irónicamente, no dejaba que se escuchara nada más. En el Nou Estadi estaban viviendo todo un infierno bajo la ensordecedora alegría de la afición del Nástic, pero hasta en esa 'mini Rosaleda' podían sentirse unos cánticos que, a kilómetros de distancia, estaban actuando como auténticos puñales sobre sus jugadores.

Llegó la prórroga y la fe todavía permanecía viva. Sin embargo, el segundo gol de los rivales fue como si, de repente, el cielo de Málaga arrojara un congelado diluvio que dejó sin latido a cualquier corazón que aún creyera en volver a Segunda División.

Aficionados del Málaga CF en el Nou Estadi del Nástic de Tarragona
Aficionados del Málaga CF en el Nou Estadi del Nástic de Tarragona

Con el 2-0 en el marcador y un 3-2 global, ni siquiera el aficionado más optimista de toda la Costa del Sol era capaz de encontrar algo dentro de él que le ayudara a confiar en que existía la más remota posibilidad de marcar dos goles en ese tiempo extra al que nadie quería llegar. Pero como muchas veces hemos dicho, y también vivido, el fútbol hace que todo sea posible y así se lo demostró al Málaga.

El perdón entre el Málaga CF y el fútbol

Han pasado muchos años desde que los blanquiazules tuvieron que sufrir uno de los momentos más dolorosos de la historia de este deporte en nuestro país. Ni siquiera es necesario recordar esa noche de Champions para saber a qué nos referimos. Desde entonces, el fútbol tenía una reconciliación pendiente con esta afición y esa noche de sábado, por fin, les llegó.

Antoñito celebrando el 2-2 del Málaga CF ante el Nástic
Antoñito celebrando el 2-2 del Málaga CF ante el Nástic

Minuto 120 del partido, a tan solo unos segundos de que Tarragona se convirtiera en la tumba el sueño malaguista. El primer gol de Dioni en el 107 sirvió para limpiarse las lágrimas y volverlas a cambiar por cánticos, pero el cronómetro estaba a punto de llegar al final y cada vez se hacía más difícil librarse de ese nudo en la garganta.

Casi en forma de milagro, Antoñito, ese joven de 17 años que ya jamás va a poder olvidar al Málaga, se convirtió en el nuevo héroe de una ciudad que llevaba mucho tiempo mereciéndose vivir algo como esto. En el 122 anotó el segundo gol malaguista, el que les metía de lleno en Segunda División. Y ya nadie se acuerda de lo que pasó después de eso sobre el césped.

Jugadores del Málaga CF manteando a Sergio Pellicer
Jugadores del Málaga CF manteando a Sergio Pellicer

Al Málaga CF le espera una complicada Segunda División

Abrazos entre desconocidos, gritos de desahogo y unas lágrimas que pasaron del un devastador negro al blanco más puro en cuestión de segundos. Málaga volvía a tener un equipo de fútbol profesional y nada más allá de eso existía.

Mirar la camiseta blanquiazul era sinónimo, y ahora, aún con la resaca emocional, sigue siéndolo, de una familia que es capaz de todo. No importa que el horizonte de la Segunda División se visualice como una nueva dura realidad. Allí les esperarán fuertes equipos que prometen ponerles las cosas muy difíciles a los recién llegados.

Cádiz, Almería y Granada como vecinos. Huesca, Zaragoza, Deportivo de la Coruña, Eibar o Levante como esos nombres que recuerdan a Primera División. Ninguno de ellos es suficiente. La fuerza que esa noche les regaló a quienes tanto han sufrido ha convertido al malaguismo en una afición que ya no le teme a nada.

El fútbol tenía una reconciliación pendiente con el Málaga CF