lunes. 23.03.2026

España se mira al espejo: un escenario político polarizado y fragmentado

Líder de PP, Alberto Núñez Feijóo
Líder de PP, Alberto Núñez Feijóo

Hoy le voy a dedicar éste artículo a mi compañero, amigo y secretario de la asociación de politólogos de Andalucía, Javier Gutiérrez, Mayi para los amigos, que diariamente me bombardea con Whatsapp con información política y electoral.

Empezaré por decir que soy de la vieja guardia, que la nueva política no me gusta porque se aleja de la solución y se ha acercado peligrosamente a la mediocridad de un titular rosa que acapare adeptos. Que los programas electorales son papeles que solo sirven para sustituir al higiénico en váter de bares de carreteras con luces rojas.

Y dicho esto, entro de lleno en mi artículo y análisis de las encuestas que mi compañero me hace llegar.

Decir que no tengo la bola de cristal que todo lo ve, pero si ciertos conocimientos que podrían avalar el mismo. La izquierda se diluye suavemente dejando paso a una derecha aún sin consolidar y necesitada de Vox, pero la movilización ciudadana puede mandar al traste la mejor de las encuestas. Muchos elementos pueden influir en los resultados de unas elecciones: El día del plebiscito, (los domingos y si hace buen tiempo suele invitar a menor participación). La desmotivación o motivación del elector, en esto juega mucho los medios de comunicación, y la percepción del votante si las elecciones están perdidas o ganadas. La fuerza de los partidos en movilizar a sus votantes es primordial con una buena campaña que movilice a los mismos.

Ésta entradilla del análisis refleja una visión crítica y bastante lúcida sobre la dinámica política actual, especialmente en el contexto nacional donde las tendencias electorales y la movilización ciudadana son clave.

La mediocridad política y los titulares sensacionalistas en la política actual a menudo prioriza el impacto mediático sobre las soluciones reales. Los partidos tienden a centrarse en narrativas simplistas o "titulares rosa" para captar atención, en lugar de abordar problemas estructurales con profundidad. Esto se ve reflejado en campañas que apuestan por la polarización o el espectáculo, lo que aleja a los votantes más reflexivos y fomenta el desencanto dando paso a una baja participación.

Los programas electorales han pasado de ser un contrato con la ciudadanía a ser "papel higiénico" una metáfora dura pero es la cruda realidad, los programas electorales solían ser documentos extensos, llenos de promesas vagas, otras ilusionantes pero irrealizables que raramente se cumplían o se usaban como herramienta de rendición de cuentas. En muchos casos, sirven más como material de marketing que como un compromiso real, aunque haciendo honor a la verdad, muchas de las promesas terminaban siendo una realidad palpable, sobre todo en el ámbito municipal. Pero generalmente contribuye a la percepción de que la política es un juego de apariencias, lo que desmotiva a los votantes, otro motivo más de desafección y baja participación.

Analizando las encuestas publicadas recientemente en nuestro país, muestran un panorama fragmentado. La izquierda, liderada por el PSOE y Sumar, parece perder terreno frente a una derecha del PP que, aunque crece, no logra consolidarse sin alianzas, como con Vox. Sin embargo, las encuestas no son infalibles, la movilización ciudadana puede cambiar drásticamente los resultados, especialmente en un contexto de alta volatilidad electoral, en los últimos comicios hemos visto mucho voto liquido. Por ejemplo, el voto joven y el voto en áreas urbanas suelen ser determinantes, pero también los más impredecibles.

Hay factores que influyen en la participación, como hemos mencionado antes, sobre el día de la votación: el clima, la festividad o la percepción de los resultados tiene una importante influencia en el elector. Estudios electorales confirman que factores externos, como el buen tiempo junto a la festividad pueden reducir la participación, especialmente entre votantes menos motivados. Además, la narrativa de "elecciones ganadas o perdidas" que proyectan los medios de comunicación influye mucho. Si un electorado percibe que su voto no cambiará nada, la apatía crece y desmotiva la participación. Por otro lado, campañas emotivas o polarizantes pueden disparar la participación, como se vio en elecciones recientes.

La capacidad de los partidos para movilizar a su base es crucial con un buen diseño de hoja de ruta en campaña electoral. Una buena campaña no solo informa, sino que conecta emocionalmente con el votante. En España, el PP ha mejorado su maquinaria electoral, mientras que Vox apuesta por mensajes directos y polarizantes que movilizan a su núcleo duro. La izquierda, por su parte, parece estar luchando por recuperar la narrativa de "cambio" que le dio fuerza en el pasado. Las redes sociales, especialmente X, juegan un papel cada vez más importante en esta movilización, amplificando mensajes y creando ecosistemas de opinión en comicios nacionales, pero recuperar viejas formas de información directa al vecino, al elector, es crucial sobre todo en elecciones municipales donde aún existe mucha brecha digital.

La política actual está atrapada en una dinámica donde la forma (narrativas, redes, titulares) supera al fondo (soluciones reales). La movilización ciudadana sigue siendo el factor decisivo, pero requiere que los partidos ofrezcan algo más que promesas vacías, enfrentamientos verbales y duras acusaciones infundadas, la mentira gana batallas pero no la guerra.

La desafección política es un riesgo real, y la capacidad de los partidos para inspirar confianza y participación será clave en el próximo ciclo electoral.

Con los datos actuales de las encuestas, podemos realizar un análisis más profundo de hipotéticos resultados electorales en nuestro país para 2027, si no se convocan antes elecciones. Basándose en las tendencias actuales de las encuestas publicadas, la dinámica política, los factores de movilización ciudadana y los elementos contextuales que influyen en el panorama electoral, incluyendo el clima, la percepción mediática y la fragmentación de los bloques políticos y apoyándome en los datos más recientes disponibles y en la información proporcionada, complementada con un enfoque crítico sobre el contexto político.

Podría decir que las encuestas más recientes, hasta junio de este mismo año muestran un escenario político polarizado y fragmentado, con una clara ventaja para el bloque de derechas (PP y Vox) sobre el bloque de izquierdas (PSOE, Sumar y Podemos).

Las mismas sitúan al PP como primera fuerza con una estimación de voto que oscila entre el 30,5% y el 37,4% , proyectando entre 131 y 149 escaños (un aumento significativo respecto a los 137 escaños de las elecciones generales de 2023). El PP se beneficia de un electorado relativamente fiel (conserva al 77-80% de sus votantes de 2023) y de un trasvase de votos desde el PSOE y, en menor medida, desde Vox. Sin embargo, su crecimiento parece estancado en algunos sondeos, y su dependencia de Vox para formar gobierno sigue siendo un factor limitante.

La extrema derecha está en auge, con estimaciones de voto entre el 14% y el 16,9% , lo que les daría entre 39 y 61 escaños (frente a los 33 de 2023). Vox es el partido con mayor fidelidad de voto (retendría al 81-83% de sus votantes) y ha ganado terreno de voto especialmente entre los jóvenes (18-24 años, su discurso ha calado en el voto joven), donde alcanza hasta un 24% de intención. Su ascenso se ve impulsado por la polarización política, el descontento social y eventos como la tragedia de la DANA en Valencia y los casos de corrupción del PSOE que han reforzado su narrativa antisistema.

Los socialistas resisten como segunda fuerza con un 27-29,3% de intención de voto , proyectando entre 111 y 128 escaños (frente a los 121 de 2023). Aunque han mostrado una leve recuperación desde finales de 2023, el desgaste del gobierno de Pedro Sánchez, los escándalos judiciales (casos como el de Koldo, Begoña o Ábalos) y la percepción de inestabilidad han mermado su apoyo. Su electorado es menos fiel (72% de retención) y sufre fugas hacia el PP y la abstención. Sin embargo, el PSOE se beneficia de un trasvase de votos desde Sumar. La fragmentación de la izquierda alternativa es uno de los factores clave del panorama actual. Sumar, liderado por Yolanda Díaz, está en caída libre, con una estimación de voto del 4,5-7,5% y entre 8 y 14 escaños (frente a los 31 de 2023, cuando incluía a Podemos). La crisis interna, marcada por el escándalo de Íñigo Errejón y la renuncia de Díaz a coordinar el espacio, ha debilitado su posición. Podemos, por su parte, se consolida con un 3,4-4,7% y unos 4 escaños , recuperando terreno pero sin alcanzar los niveles de antaño. La división entre ambas formaciones penaliza severamente sus posibilidades electorales debido a la Ley D'hondt, que castiga la fragmentación en circunscripciones pequeñas.

Los partidos nacionalistas e independentistas (Junts, ERC, EH Bildu, PNV, BNG, CC) mantienen una intención de voto conjunto de alrededor del 6-7% , similar a 2023, pero con variaciones. Por ejemplo, Junts y ERC están en empate técnico en Cataluña (1,7% cada uno), aunque Junts podría obtener un escaño más. La marca ultra ( Dios coja confesado a sus votantes) se Acabó la Fiesta (SALF) de Alvise Pérez irrumpe con un 1,9-2,7% , lo que podría traducirse en escaños en el Congreso, especialmente en circunscripciones urbanas.

El bloque PP-Vox alcanzaría una mayoría absoluta con 188-193 escaños , según los sondeos de Ipsos, 40dB, Sigma Dos y GAD3. Esto les permitiría gobernar sin necesidad de apoyos externos, un escenario que contrasta con la dependencia del PSOE de partidos nacionalistas para mantener el gobierno en 2023. La izquierda (PSOE, Sumar, Podemos y aliados) se quedaría lejos de los 176 escaños necesarios, con estimaciones de 130-150 escaños en el mejor de los casos.

Pero ojo, la participación electoral es un factor crítico y clave que puede entrar en liza y cambiar resultados, así como la llamada al voto útil.

La polarización afectiva en España ha crecido un 30,6% desde 2021 , según el CEMOP, con un aumento del 7,22% en el último año. Los votantes de derecha y extrema derecha (PP y Vox) muestran mayor rechazo hacia el PSOE, mientras que los votantes de izquierda rechazan con fuerza a Vox. Esta dinámica favorece a los partidos que capitalizan el descontento, como Vox, y dificulta los pactos entre bloques. La narrativa de los medios, que amplifican escándalos y enfrentamientos, refuerza esta polarización, afectando especialmente al PSOE, que enfrenta críticas tanto por su gestión como por sus pactos con partidos independentista, pero una buena campaña es crucial para movilizar ha votar. Las campañas de Vox, con mensajes directos y emocionales, han demostrado ser efectivas entre los jóvenes y los desencantados. El PP ha mejorado su estrategia comunicativa, mientras que el PSOE y Sumar luchan por recuperar el mensaje ilusionante que les dio éxito en el pasado. Si es verdad que ante el desgaste de Sánchez la izquierda necesita un liderazgo fuerte y un mensaje unificado para contrarrestar la fragmentación, pero las escasas tensiones internas y la fuerza del liderazgo de nuestro presidente lo hacen improbable a corto plazo.

Eventos como la DANA en Valencia han tenido un impacto notable, fortaleciendo a Vox al capitalizar el descontento con la gestión de la crisis. Además, el contexto internacional, como la victoria de Trump en EE.UU., ha impulsado la narrativa ultraderechista de Vox. El clima político también está influenciado por los debates sobre la amnistía, la inmigración y la identidad de género, que polarizan aún más al electorado.

La derecha consolida su ventaja con un 48-50% de intención de voto , frente al 33-38% de la izquierda. Su fortaleza radica en la fidelidad de su electorado y su capacidad para movilizarse en regiones clave como Andalucía (61 escaños), donde el PP lidera con un 37,4% y Vox crece hasta el 16,9%. En Madrid y Valencia, Vox también registra datos sólidos (17,2% y 13,8%, respectivamente.

Junts y ERC mantienen un empate técnico en Cataluña, pero su influencia en el Congreso depende de la capacidad del PSOE para negociar coaliciones. EH Bildu y PNV tienen un peso limitado pero estable en País Vasco, mientras que el BNG y CC conservan su relevancia en Galicia y Canarias.

Si las tendencias actuales se mantienen, el PP y Vox podrían formar un gobierno con mayoría absoluta, especialmente si la participación sigue baja. La clave estará en la capacidad del PP para moderar su discurso y atraer a votantes centristas sin alienar a Vox. Sin embargo, una coalición con Vox podría generar rechazo entre los moderados del PP, especialmente en temas como inmigración y género.

Para que el PSOE recupere terreno necesitaría de una participación más alta, un mensaje unificado y un liderazgo renovado, solo así podría intentar capitalizar medidas sociales (como la exención del IRPF para el salario mínimo) para movilizar a su base, pero los escándalos judiciales limitan su autoridad.

La irrupción de SALF y la posible entrada de nuevos partidos o coaliciones como los Municipalistas podrían alterar el reparto de escaños, especialmente en circunscripciones urbanas. Además, eventos imprevistos como crisis económica, ( no hay que subestimar a Trump) nuevos escándalos o desastres naturales podrían cambiar las dinámicas de voto.

Un hipotético panorama electoral que refleja un país profundamente polarizado, con un Partido Popular subiendo en intención de voto y un PSOE que se diluye y que debe de buscar la movilización de su electorado y el uso del voto útil si no quiere sufrir la más grave de sus derrotas.

España se mira al espejo: un escenario político polarizado y fragmentado