A veces me gusta ser utópico, en esta ocasión, pienso en mí, que podría aportar yo con mis conocimientos en mejorar mi entorno por la necesidad de la política actual de contar con ciudadanos en la gestión, vecinos activos con amplia formación académica que devuelvan la credibilidad a la política.
Y es verdad, nuestra política actual necesita de involucrar a ciudadanos y vecinos activos con formación académica en la gestión política actual, la ciudadanía esta cansada, yo diría más, asqueada, de ésta nueva hornada de "políticos" profesionales.
Pido disculpa por generalizar, pero en un contexto global marcado por la desconfianza hacia los políticos, instituciones, la polarización y los retos socioeconómicos, la política actual enfrenta el desafío de reinventarse para recuperar la credibilidad, legitimidad y eficacia. Una de las propuestas más relevantes en este escenario que impulsan desde la corriente Municipalista, es la incorporación activa de ciudadanos, especialmente aquellos con formación académica en política y en los procesos de gestión pública para revitalizar la democracia.
Actualmente pasamos por una importante crisis de confianza en la política tradicional con los diferentes casos de corrupción en el seno del PSOE, pero no solo en este partido, todos los partidos políticos y las élites han perdido credibilidad en nuestro país debido a casos de corrupción, promesas incumplidas y una percepción de desconexión con las necesidades ciudadanas. Si analizamos el Barómetro de Edelman 2024, solo el 43% de los ciudadanos confía en los gobiernos, lo que refleja un deterioro significativo. Involucrar a ciudadanos comunes, vecinos en gestión, con formación sólida, puede cerrar esta brecha al aportar una perspectiva externa y un compromiso genuino con el bien común.
El valor de la formación académica en política es esencial para la gestión pública pues requiere conocimientos especializados en áreas como administración pública, economía, derecho o relaciones internacionales, una amplia formación con la que cuenta el politólogo, disculpar por barrer para casa. Los ciudadanos con formación académica en política o ciencias sociales pueden aportar rigor analítico y una profunda comprensión de los sistemas democráticos. Por ejemplo, un vecino con un grado en Ciencias políticas, podría diseñar soluciones basadas en datos para problemas locales, como la movilidad urbana o la gestión de residuos, la vulnerabilidad social en barrios marginales con mayor eficacia que un político sin preparación técnica.
La democracia no debe limitarse al voto cada cuatro años, la política tradicional suele estar dominada por élites con trayectorias similares. Incluir ciudadanos con formación académica, pero sin vínculos partidistas, diversifica el debate y reduce el riesgo de decisiones tomadas por intereses particulares o partidistas. Además, su arraigo en la comunidad garantiza una mayor sensibilidad hacia las necesidades locales.
A pesar de sus beneficios, esta propuesta enfrenta obstáculos significativos pues los político "profesionales" ven como una amenaza la incorporación de está ciudadanía activa por miedo a perder estatus o incluso sus primeros puestos en unas listas electorales conformadas desde el interés partidista y no ciudadano.
Los ciudadanos a través de diferentes herramientas pueden ser instrumentalizados por partidos para legitimar decisiones ya tomadas, perdiendo su autonomía, es más fácil utilizar que trabajar conjuntamente por un bien común, la mejora social y urbanística de nuestros pueblos y ciudades.
Los políticos tradicionales pueden percibir a los ciudadanos formados como una amenaza a su poder, dificultando su integración, como ya hemos comentado anteriormente, pero la incorporación de ciudadanos y vecinos activos con formación académica en política no es solo deseable, sino imprescindible y necesaria para revitalizar la democracia dignificando el arte de hacer política. La combinación de conocimiento técnico y conexión con la realidad local ( conocimiento de la realidad de las aceras de los barrios) puede generar políticas más efectivas y transparentes, además de reconstruir la confianza ciudadana. Sin embargo, este modelo no funcionaría sin un marco político e institucional claro que garantice autonomía, inclusión y equidad en la participación, no ser solo meras figuras captadoras de votos.
Recuperar la participación ciudadana también es crucial con herramientas como los presupuestos participativos, que los gobiernos municipales inviertan en educación cívica y plataformas participativas, asambleas ciudadanas y aplicaciones digitales que permitan a los vecinos proponer y monitorear políticas. Asimismo, se deben establecer incentivos para que personas de diversos contextos socioeconómicos puedan involucrarse, evitando que la participación sea un privilegio de unos pocos, echo en falta un Consejo Económico y Social que partícipe algo más que en cuatro fotos durante la legislatura.
Un ejemplo inspirador es el de Taiwán, donde la plataforma digital Taiwan ha permitido a ciudadanos con formación técnica colaborar con el gobierno en la elaboración de leyes, como la regulación de Uber. Este modelo demuestra que la participación informada y estructurada puede transformar la gestión pública.
La política actual necesita un cambio profundo, de regenerarse para responder a las demandas de un mundo complejo y cambiante, de una ciudadanía asqueada de políticos corruptos. Involucrar a ciudadanos y vecinos activos con formación académica en política no es una panacea, pero sí un paso hacia una democracia más participativa y efectiva, abrir las listas electorales de los partidos a la inclusión real de ciudadanos independientes con el único interés en poner su profesionalidad al servicio de los demás, del bien común. Para que esta visión se materialice, es fundamental superar las barreras estructurales y culturales que limitan la participación, apostando por una ciudadanía empoderada y preparándose para construir un futuro colectivo, una sociedad más cívica y justa. Solo así la política recuperará su esencia: ser una herramienta al servicio de las personas.
Pero ni la ciudadanía, ni los políticos "profesionales" ni los partidos políticos están preparados para hacer de ésta utopía una realidad, mientras ocurre, sigamos creyendo en Gnomos, hadas y duendes.
Así nos va...
